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Antropología e Historia
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Arqueólogos del INAH localizaron restos de soldados de Batalla de Monterrey de 1846


Arqueólogos del INAH localizaron 10 osamentas pertenecientes a soldados caídos en esa intervención estadunidense
Foto: Araceli Rivera / INAH

Arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) hallaron en el Fortín Tenerías, en Nuevo León, 10 osamentas pertenecientes a soldados caídos en 1846 durante la Batalla de Monterrey, en la que se enfrentaron norteamericanos y mexicanos; estos esqueletos se suman a otros 10 encontrados en excavaciones previas efectuadas en 1995, 2006 y 2008.



El descubrimiento se registró durante las obras efectuadas por una empresa constructora, en tres predios distintos localizados entre las calles Héroes del 47 y George Washington de la capital neoleonesa, donde especialistas del INAH realizaron labores de salvamento arqueológico para la salvaguardia de las osamentas.



La investigadora Araceli Rivera Estrada, responsable del salvamento arqueológico, explicó que a partir del tamaño de los cráneos —relativos a la raza caucásica— y la estatura de las osamentas —que va de 1.75 a 1.80m—, se considera que los esqueletos hallados corresponden a soldados estadunidenses, toda vez que los rasgos físicos no coinciden con los del mexicano promedio de aquella época.



Según fuentes documentales, en la intervención estadunidense —que se verificó del 21 al 23 de septiembre de 1846 y culminó con la toma de la ciudad regiomontana— murieron alrededor de 25 soldados mexicanos y 30 norteamericanos, a estos últimos corresponderían la mayoría de la veintena de esqueletos encontrados en las cuatro excavaciones arqueológicas hechas en los últimos 15 años.



Durante esta última temporada del Proyecto de Salvamento Arqueológico en el Fortín Tenerías, abundó la especialista del INAH, efectuada del 17 de enero al 14 de mayo del año en curso, se desenterraron 10 osamentas localizadas en los sectores oeste y suroeste de dicho predio, de las cuales tres se hallaron completas y corresponden a los enterramientos 2, 4 y 6.



Rivera Estrada comentó que “todos los soldados fallecieron en combate, aunque algunos de las osamentas presentan fracturas, como el caso del esqueleto número 2, que fue hallado con el fémur izquierdo cortado, cuya evidencia hace pensar que le fue amputada la pierna.  



A su vez, dijo, la osamenta número 4 se encontró con huellas de una posible herida en uno de los fémures, que quizá provocó infección, además de que sólo se halló una cuarta parte del cráneo, por lo que se intuye que murió al instante por impactos de bala en la cabeza.



Respecto al enterramiento número 6, la investigadora del Centro INAH-Nuevo León, mencionó que el húmero izquierdo se halló totalmente destrozado también por impactos de bala.



“Estos restos óseos tienen pedazos de madera adheridos, debido a que el cuerpo fue depositado en una fosa rectangular a la cual se le colocó una capa de corteza, seguramente de mezquite, con la que se tapó el entierro y que al paso de los años, por el peso del sedimento superior, se colapsó y los fragmentos de madera cayeron sobre el esqueleto”, explicó la arqueóloga Rivera.



“También se localizaron restos de cerámica, metal, vidrio y concha, así como 16 botonaduras de chaquetín pertenecientes a uniformes de los combatientes, ocho clavos en el entierro número 6 y restos de madera”, agregó.



Durante las investigaciones previas hechas por el INAH en 1995, en el suroeste del predio tres, se hallaron aproximadamente 15 clavos y cinco osamentas fragmentadas, una de ellas llevaba consigo dos monedas de plata de medio dólar.



En 2006 se llevó a cabo una segunda excavación, bajo la responsabilidad del arqueólogo del INAH Moisés Valadez, quien encontró fragmentos de otras cuatro osamentas de soldados que probablemente fueron depositados en una fosa común, ya que los restos óseos —entre ellos tórax, cráneos y mandíbulas— estaban revueltos.



“Lo característico en estos huesos, es que muchos de ellos tenían pigmentación verdosa, propia de los restos que son expuestos al metal, por lo que suponemos que estos soldados fallecieron en combate al recibir impactos de bala, que al paso del tiempo mancharon los restos.



“Además hallamos dos balas —una aún totalmente esférica y la otra un poco aplastada debido a que ya había sido disparada—, así como un botón de hueso e infinidad de material de relleno, como vidrio, cerámica, plástico, cuero, loseta, entre otros”, comentó el arqueólogo Valadez.



En la excavación de 2008 —el predio norte— sólo se descubrieron fragmentos de un esqueleto en muy mal estado de conservación, que también fueron rescatados durante  obras de construcción de una empresa privada.



Una de las hipótesis por la que no se han hallado osamentas de soldados mexicanos, apunta a que sus familiares los sepultaron en diversos panteones de la región, consideró la arqueóloga Araceli Rivera.



Actualmente, todos los restos óseos —excepto los hallados hace cinco años— están resguardados por el INAH en el Museo del Obispado, donde serán estudiados por el antropólogo físico Jesús Velasco González, del Centro INAH-Tamaulipas, para precisar las posibles causas de muerte de los individuos.



Los fragmentos encontrados en 2006 por el arqueólogo Valadez, fueron trasladados a la Dirección de Antropología Física, en la Ciudad de México, donde fueron analizados.



La investigadora Araceli Rivera externó la intención de colocar en el Fortín Tenerías una placa que haga referencia a la Batalla de Monterrey de 1846; además se contempla la posibilidad de abrir un pequeño museo de sitio donde se exhiban los restos y se explique su valor histórico y arqueológico.



Durante 1846 y 1848, cuando se llevó a cabo la intervención estadunidense en México, en Monterrey se levantaron trincheras en las bocacalles, se erigieron más de una decena de baluartes y fortines, distribuidos en las orillas y las entradas de la ciudad, siendo los más importantes el de La Ciudadela y el de Tenerías.



En este último se desató la Batalla de 1846, donde participaron alrededor de 900 soldados nacionales y norteamericanos. La tropa mexicana, conformada por las milicias de Nuevo León y de la Ciudad de México, fue encabezada por el general Pedro de Ampudia, mientras que la estadunidense —integrada por los batallones de Ohio y Kentucky, y de los regimientos de Tennessee y Mississippi— estuvo al mando del general Zachary Taylor.

 
Autor/Redactor: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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