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Se han modernizado las prácticas chamánicas de curación



Foto: INAH
Con la entrada de la “modernidad” a sus comunidades, las prácticas chamánicas en la región Huasteca se han modificado; así, algunos curanderos amplían su espectro de deidades e incorporan a la Santa Muerte o Buda, y otro tipo de enfermedades a sanar: el “mal de amor”, la diabetes, la hipertensión, e incluso, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA).

Julieta Valle Esquivel, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que, al mismo tiempo, la introducción de la medicina alópata ha complementado y, a veces, sustituido procedimientos tradicionales. En el caso de la pérdida del tonalli o “fuerza vital”, además de combatirse con “barridas”, en ocasiones se hace con antidepresivos.

“No obstante, la gente aún percibe la enfermedad como resultado de ‘malos aires’, espíritus o envidias”, señaló la coordinadora del equipo Huasteca Norte, del Proyecto Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio, iniciativa de la Coordinación Nacional de Antropología del INAH y que incluye la línea de investigación: chamanismo y nahualismo.

Los chamanes son los especialistas que están ligados, por un pacto, con los espíritus que provocan las enfermedades y con los que ayudan a sanarlas. Poseen un “don” que les permite ser intermediarios entre las fuerzas que rigen el universo y el orden sobre la tierra y la humanidad.

En opinión de la antropóloga, los chamanes de la Huasteca se encuentran sujetos a los procesos de cambio que afectan a las comunidades en todos los aspectos de su vida, entre los más significativos se encuentran la migración, el contacto con los medios de comunicación y otros “mundos culturales”, y el acceso a mercancías de constante “renovación”.

“Sin embargo, lo que dota de continuidad a la práctica chamánica es el mantenimiento de una cosmovisión particular y sus expresiones en la concepción del mundo, la teoría del cuerpo y la etiología de la enfermedad. Por lo tanto, la incorporación de nuevos elementos, lejos de minar el sistema y su eficacia, es expresión de su capacidad de resignificación y adaptación histórica”.

De acuerdo con los antropólogos Cinthya Santos Briones y José Antonio Romero Huerta —parte del equipo Huasteca Norte—, el procedimiento curativo tradicional más representativo entre los teenek (huastecos) y nahuas, es la consulta o diagnóstico, mediante la que se conoce el tipo de padecimiento y sus causas.

“Entre los teenek de Veracruz, para ‘restablecer la sombra’ (espíritu, alma) del enfermo o quitarle los sustos o ‘malos aires’, los chamanes dan a sus enfermos algún té o una barrida (limpias con el uso de granos de maíz, huevo, hierbas, tabaco, ceras, alumbre o pollos vivos). Aunque hoy en día algunos prescriben ungüentos, infusiones o pócimas de manufactura moderna.”

“Por ejemplo, para ‘levantar la sombra’ caída a causa de envidia, se recomienda el uso de una loción envasada de forma expresa para el caso. Para mejores resultados, los chamanes recomiendan comprar el perfume compuesto contra envidias y ‘calla chismes’, y para el susto basta con ponerse unas gotas del spray ‘El Dominador’ o ‘Vencedor’”.

Mientras, los nahuas de Ixhuatlán de Madero, Veracruz, en ceremonias como la de la Santa Cruz y de petición de lluvia, han incorporado también elementos novedosos como jabones, perfumes y la loción llamada Siete potencias.

“En la actualidad, muchos indígenas y no indígenas llegan con su ‘receta’ a los lugares en donde venden distintos tipos de fragancias para el amor, la envidia, los ‘chismes’, mejorar la potencia sexual, el dinero, la salud, la buena suerte…; veladoras de distintos colores llevan estampadas imágenes de alguna deidad con su respectiva oración”, explicaron Cinthya Santos y José Antonio Romero.

Otros elementos que se han incorporado a la parafernalia ritual son las figuras de supuesto origen oriental: amuletos de Buda, dragones, pirámides egipcias, gatos, herraduras y, sobre todo, de la Santa Muerte.

Aun cuando esto ocurre, los chamanes de la Huasteca suelen mencionar que ninguna persona les instruyó para ser curanderos y que sus maestros son la Virgen de Guadalupe, algunos santos o la Trinidad de Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo).

En otras ocasiones —refirieron los antropólogos—, se alude a entidades relacionadas con el monte o directamente con la naturaleza, como en el caso de la comunidad de Barbecho II, en Huautla, Hidalgo, en donde una partera “sueña” con enanitos que le indican cómo hacer su trabajo.
 
Autor/Redactor: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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