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Etnografía en el norte del país: el Muref acoge esculturas “danzantes” del centro del país


Carmen Carrillo de Antúnez: artista de lo insólito en el Museo de la Revolución en la Frontera (Muref)
Foto: INAH

Cinco danzas indígenas, reflejo de la idiosincrasia y usos y costumbres de zapotecos, nahuas, totonacas, tarascos y yaquis, serán mostradas en la exposición Carmen Carrillo de Antúnez: artista de lo insólito, a través de 38 esculturas hechas en cera por la artista guanajuatense, quien en 1930 dio testimonio de esas etnias del país al recuperar sus bailes y trajes originales.


Se trata de las danzas de los Quetzalines (Puebla, Hidalgo y Veracruz), de los Viejitos, de la Pluma, del Venado y los Pascolas, y de los Paragüeros, originarias de los estados de Michoacán, Oaxaca, Sonora y Tlaxcala, respectivamente, que se mostrarán a partir de este jueves 14 de junio, en el Museo de la Revolución en la Frontera (Muref), en Chihuahua, luego de que esta exposición tuvo más de 50 mil visitantes en el Centro Cultural Clavijero, en Michoacán, en 2011.


Al mismo tiempo, la exposición, curada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), es un homenaje a la artista Carmen Carrillo de Antúnez (1900-1981) por su irrepetible e inmejorable trabajo escultórico en cera, plástico y bronce, que utilizó para exaltar y dar a conocer las tradiciones mexicanas, así como rescatar el mundo popular indígena y prehispánico a través de diversas esculturas y dioramas, como los del Mercado de Tlatelolco, Maqueta de la zona de Teotihuacan y Cacería de mamut, que conserva el Museo Nacional de Antropología.


“En esta ocasión, además de las 38 figuras en cera y cinco fotografías de gran formato, pertenecientes a la Fototeca Nacional del INAH, la exposición incluirá la proyección de cuatro videos, préstamo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que explican cada una de las danzas, sus propósitos como bailes rituales y sus vestimentas, a fin de acercar al espectador a este patrimonio cultural”, refirió Liliana Fuentes, directora del Muref.


Esta muestra, dijo, representa la primera exposición temporal y de carácter nacional que llega al Muref, tras su reinauguración en mayo del año pasado, “lo que representa motivo de orgullo y satisfacción, ya que el público del norte del país tendrá la oportunidad de conocer diversas manifestaciones culturales del centro y sur de México, algo que por lo general ve lejano y ajeno”.


La muestra —que permanecerá hasta el 15 de agosto— tiene siete módulos temáticos, cinco de los cuales versan sobre cada una de las cinco danzas que se exhiben, su música, movimientos, ritualidad y su gran variedad de vestimentas: coloridos huipiles bordados, camisas, chaquetillas y pantalones de manta o terciopelo; así como ornamentos, tales como máscaras, sombreros de paja o plumas, y grandes penachos de colores.


Asimismo, las dos secciones restantes hacen referencia a la vida y obra de la escultora Carmen Carrillo, así como a los músicos que con tambores, trompetas, violines, contrabajos, clarinetes, flautas y guitarras dan vida y esencia a cada una de las danzas indígenas.


“Cada pieza es estéticamente hermosa y detallada, no hay dos figuras iguales, todas varían entre sí, no sólo por su vestuario o posiciones de cada individuo representado en las esculturas, sino también en sus gestos, ademanes, facciones y características físicas”, mencionó Liliana Fuentes.


Dichas figuras son producto de una detallada observación, conocimiento de la delicadeza del movimiento y las emociones que genera cada danza; además de revelar la mirada sensible y atenta de Carmen Carrillo hacia las tradiciones indígenas, quien observó cómo el ser humano se personificaba como un animal o flores a través de atuendos brillosos y plumas multicolores.


Dentro de la exposición se podrán observar piezas que hacen referencia al Baile de los Paragüeros, originario de Tlaxcala, en el que los danzantes, dependiendo de la localidad, son acompañados durante el baile por charros, catrines o gallos, a los que golpean con látigos y sacrifican de acuerdo con la tradición.


La danza se realiza durante abril o mayo para hacer la petición de lluvias. El traje consta de una chaquetilla y pantalón de terciopelo negro; un pañuelo bordado que se pone alrededor del cuello; un paño ricamente bordado de colores que cubre la espalda y la cabeza; una máscara de madera y un sombrero que semeja una sombrilla y del cual salen plumas de guajolotes silvestres, de ahí la denominación de paragüeros (de paraguas).


También se exhiben piezas que ejemplifican la Danza de los Quetzales o Quetzalines, que se realiza con el fin de propiciar las buenas cosechas en la Sierra Norte de Puebla, en Hidalgo y en la región nahua-totonaca de Veracruz. El historiador Ángel María Garibay ubica su origen en una festividad realizada por los mexicas llamada Xochipehualiztli, con la que se anunciaba y celebraba la llegada de la primavera.


De acuerdo con el libro El arte de la ceriescultura de Carmen Carrillo de Antúnez, editado por el INAH en 2009, el baile toma su nombre del quetzal, “ave de vistosas plumas que representa la libertad debido a que cuando está en cautiverio irremediablemente muere”, y que en épocas prehispánicas tuvo un gran simbolismo, como artículo preciado y de gran valor.


La exposición del Muref también muestra figuras que representan la Danza de los Viejitos; consta de ocho participantes personificados como ancianos a través de máscaras de pasta de maíz o de madera; visten calzones y camisas de manta, un poncho de lana y un sombrero de palma adornado con listones de colores.


Este baile es ejecutado por tarascos de las regiones lacustres del lago de Pátzcuaro, Michoacán, actualmente se realiza para celebrar el día de la Santa Cruz, la Natividad o en honor a la Virgen de la Salud.


Por su parte, la Danza de los Pascolas y el Venado, realizada por los indígenas yaquis de Sonora en Semana Santa, representa la lucha entre el venado y un coyote, el cual es derrotado por el ciervo; poco después el coyote se convierte en cazador y mata al venado, que herido agoniza hasta finalmente morir.


En tanto, los pascolas son tres hombres que portan máscaras de cabra a un lado de la cara, tapando sus oídos. Éstos acompañan al venado en la danza, el cual para las culturas prehispánicas simbolizaba un animal sagrado.


Finalmente, la danza zapoteca de La Pluma recrea el proceso de la conquista española, donde se narra desde la llegada de los aztecas a Tenochtitlan para fundar su ciudad, hasta el enfrentamiento entre españoles y mexicas en 1519, suceso que concluyó con el triunfo español y la aprehensión de Moctezuma.


La artista Carmen Carrillo nació en 1900, en León, Guanajuato, y desde pequeña se interesó en el arte, la vida indígena y la riqueza cultural de las etnias, por lo que trabajó el modelado de las danzas y tradiciones indígenas y poco después, de las prehispánicas.


Fue jefa del Departamento de Museos Regionales del INAH y tuvo bajo su cuidado 32 museos; además fue titular del equipo artístico de dioramas del Instituto, y miembro de la Comisión Internacional de Museos (ICOM).


El Museo de la Revolución en la Frontera se localiza en avenida Juárez y 16 de septiembre s/n, en el centro de Ciudad Juárez, Chihuahua. Horario: de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas. Entrada gratuita.

 
Autor/Redactor: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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