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Coronación



Enormes árboles rodean una antigua casona, generando un ambiente húmedo y gris. Aquí reside Doña Elisa de Ábalos, una adinerada anciana de avanzada demencia senil. La vieja sólo tiene contacto con su hijo Andrés Ábalos, un burgués solterón de heredada fortuna. Preso de emociones que nunca había sentido, don Andrés se avergüenza de la fuerte atracción que Estela, una adolescente campesina que ha llegado para cuidar a Elisa, comienza a producirle. Deja de lado sus libros y comienza a acosar a la muchacha torpemente. Atemorizada, Estela se refugia en brazos de Mario, un humilde soldador que, instigado por su hermano, planea aprovechar el descontrol de la casona para robar lo que se pueda. La joven Estela, enamorada, acepta colaborar en el proyectado delito...

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Coronación es esencialmente una obra de atmósfera. Tanto en el decorado como en lo que sucede en la intimidad de cada personaje. Por ello la puesta en escena profundiza lo enigmático de un pasado que tuvo alguna gloria según los recuerdos y restos que aún persisten y también en el alma de los seres que se mueven en aquellos espacios cerrados. Los signos de estos ámbitos se prolongan hacia otro ambiente secreto que es un comentario sobre la vida como una fuerza que no puede detenerse.

Mariano Silva

Críticas

Todo el que reconozca lo que ve como altamente relacionado con el mundo escrito donosiano, está en lo cierto. Fundamentalmente, porque, a la vez, es el ambiente que, a gusto de Caiozzi es ideal para transformar en imágenes, respetando la pluma del escritor, pero reviviéndolo con maestría y lucidez con la mirada del cineasta.
Coronación es esencialmente una obra de atmósfera. Tanto en el decorado como en lo que sucede en la intimidad de cada personaje. Por ello la puesta en escena profundiza lo enigmático, de un pasado que tuvo alguna gloria según los recuerdos y restos que aún persisten y también en el alma de los seres que se mueven en aquellos espacios cerrados. Los signos de estos ámbitos se prolongan hacia otro ambiente secreto que es un comentario sobre la vida como fuerza que no puede detenerse. Es el terreno del jardín de la casona, que luce marchito y laberíntico, donde hay flores que alguna vez tuvieron aroma y color y árboles y matorrales que sirven ahora de escondijo para espiar con envidia y resentimiento, desde la agonía, la manifestación de aquella vida que, en aquella soledad y abandono es capaz de reclamar su derecho a sentir y expresarse de mil maneras. Ello es evidente cuando el furtivo Andrés se tortura en las sombras al ver que Estela jadea al ser acariciada y besada por su joven galán enamorado.

Mucho más podría decirse de esta notable película. No hay que olvidar que todo filme es el resultado de un equipo organizado y conducido con talento por el director (que también aquí es guionista), equipo en el que hay que destacar a los actores, especialmente a Julio Jung, María Cánepa (Premio Nacional de Arte) y a la joven Adela Secall, la música del compositor Luis Advis que caracteriza a la perfección los ambientes, el carácter doliente y nostálgico de la fotografía de David Bravo y la dirección de arte de Guadalupe Bornand. Con todos estos aciertos creativos, Caiozzi ha logrado una película que merece figurar con honores entre las obras maestras del cine chileno.

Mariano Silva, www.coronacion.cl

José Donoso desde la butaca a la pantalla

Irse de pinta ha sido más que frecuente en nuestro país. En muchas ocasiones un mal alumno enmascara a un espíritu inquieto. Ya Pérez Rosales en Recuerdos del pasado relata las suyas en las riberas del Mapocho, anticipo de lo que sería su aventurera vida.

Mi generación, en cambio, solía irse de pinta al cine a maratónicos programas triples y funciones de rotativos. Recuerdo tardes fascinantes en el Alcázar o en el Marconi con películas a veces indescifrables por su complejidad o simplemente porque estaban cortadas. Convertidas hoy en restaurantes de comida china, templos o gimnasios, estas antiguas salas fueron escenario del descubrimiento de nuevos mundos y sensibilidades. La transgresión escolar sumada al encantamiento de la pantalla daban como resultado algo parecido al paraíso con fruto prohibido y todo. Supongo que buena parte de nuestro imaginario surgió de una sala oscura.

Convencido como Mallarmé de que el mundo existe para llegar a un libro, José Donoso prefirió "sacar la vuelta" con la lectura. A confesión de partes... "yo me iba de pinta a la Biblioteca Nacional y leía con mucha pasión un libro que llamaba Cien autores contemporáneos de Lenka Franulic, donde esta mujer muy talentosa, en el último rincón del mundo, elige cien autores que considera importantes (...). Así conocí a diversos autores y así leí a Virginia Woolf en una extraordinaria traducción de Lenka".

Pero este porfiado compromiso con la literatura no lo salvó de la pasión del cine. Aunque en sus memorias Conjeturas sobre la memoria de mi tribu nada detalla acerca las relaciones de su niñez con el cine, le atribuye a este arte prácticamente su existencia: "Mis padres se habían conocido en una matiné del Teatro Garden, cuando la tía María Salinas le presentó mi madre a mi padre, y se quedaron hablando de Marianela de Pérez Galdós. Al día siguiente mi padre pasó a ver a mi madre y a dejarle un ejemplar de esa novela. Se quedó: se casaron después de cuatro años de pololeo".

Espectador bullicioso

Ya de adolescente, siguiendo quizás esa tradición familiar, Donoso va con frecuencia al cine. Esther Edwards en su libro José Donoso: Voces de la memoria recuerda esas constantes salidas. "El cine francés se veía mucho en esos años, y nos metíamos al teatro con un paquete de caramelos Serrano -unos con forma de racimos de uva- para endulzar las emociones. Vimos La Cartuja de Parma tres veces y Pepe quedó muy conmocionado con una escena entre Edwige Feilleure y Pierre Richard Wilms, '¡qué cosa más erótica!' decía a media voz. La verdad es que no se veía nada por el estilo: sólo a la Sanseverina rígidamente sentada en su silla estilo Imperio y al conde Mosca de pie tras ella sin tocarle un pelo... Cuando le preguntaba qué quería decir, toda la fila de atrás y la de adelante nos hacían '¡chit!' Los comentarios indispensables naufragaban en ese coro de desaprobación y murmullos bastante altos: '¡cállense, incultos!'".

No pudieron hacerlo callar. El cine siguió siendo siempre uno de sus pasatiempos habituales. Solía ir con amigos con los que luego comentaba la película en algún café o restaurante. Era quizás la compensación ante el terrible aislamiento de la escritura: "un oficio odioso, solitario y duro. Tiene una característica que es la soledad..." Por eso iba acompañado. Sus habituales compañeros eran, desde luego su mujer María Pilar y Pilarcita, Carlos Cerda y Mariana Herrera, Agata Gligo y Luis Brahm, Delfina Guzmán, Lucho Izquierdo y Tere del Río... Con estos últimos, escribe en su Diario de escritor, fue a ver al Biógrafo la película Frida Kahlo y luego "buscamos un sitio donde sentarnos a comentarla para que no se nos enfriaran las impresiones". Claro que en ese deambular tras un buen sitio fueron asaltados viviendo su propia película de terror: "el acontecimiento borró completamente de nuestra memoria la película y al poco rato sentí una gran fatiga, una sensación de miedo y de peligro".

A una cuadra del Biógrafo se encontraba en ese tiempo el cine Normandie. Cuando éste dejó de funcionar en su tradicional sala de Alameda, Donoso asiste a la última función, El sacrificio, de Tarkowski, y luego escribe una sentida crónica que entiendo permanece inédita: "era la semana de despedida del Normandie, que siempre ofreció un cine inteligente, un poco desesperadamente, me parece, por la inmensa sala sin calefacción, con poco declive". Toda esta situación lleva a Donoso a preguntarse si acaso este cierre no refleja que "ciertas opciones van teniendo menos y menos lugar entre nosotros. Y ese puñado de jóvenes un poco desarrapados y contestatarios que se interesan por un cine a veces difícil, y no por un cine simpático o fácil, va en paulatinas vías de desaparición, como una especie del reino animal amenazada por los tóxicos de hoy".

Por fortuna, el cine Normandie se instaló en otro sector del centro de Santiago y en su lugar también se construyó un cine arte. Pero ello no significa que las aprensiones sobre la vida cultural que le inquietaban en ese momento hayan dejado de preocupar a muchos.

Con todo, la narrativa de José Donoso sigue despertando interés entre los cineastas. Lo cierto es que hoy muchos jóvenes, haciendo la cimarra o no, podrán acercarse al mundo donosiano gracias a una nueva producción del cine nacional: Coronación.

Cómo leer una película

El cine tampoco dejó de rondarle a José Donoso a la hora de escribir. Incluso algunas de sus novelas nacieron de proyectos cinematográficos que finalmente se transformaron en narraciones. El propio Donoso lo cuenta en una excelente entrevista realizada por Alberto Fuguet, René Naranjo y Gregoria Larraín en 1988 para la revista Enfoque: "Antonioni, a quien yo no conocía personalmente, me llamó una vez por teléfono y me dijo que había leído El obsceno pájaro de la noche en italiano. Empezamos a hablar y me dijo que estaba preparando una película cuyo guión no le gustaba nada. Se interesó en lo que yo hacía, pero creía que El obsceno pájaro... no era lo suyo.

Me pidió, entonces, que le escribiera un guión especialmente para él. Yo me fui a Calaceite y me instalé a escribir, a trabajar sobre varias ideas de guión. Una tarde en que hacía mucho calor, yo estaba con mi familia y la de Vargas Llosa, que veraneaban en mi casa. Sus niños eran muy amigos de mi hija y fregaban mucho. Decidimos encerrarlos en la casa. Lo normal es hacer lo contrario, echarlos a la calle a que jueguen, pero jodían tanto, que los dejamos entrar y los encerramos. Me acuerdo que los oí jugar, reírse, entretenerse con los juegos de la hora de la siesta. Yo estaba abajo, al lado de unas colas de zorro, obsesionado con el golpe militar que acababa de ocurrir en Chile. Entonces se juntaron todos estos estímulos y comencé a escribir un guión para Antonioni con este tema. A las cuatro páginas me di cuenta de que, en realidad, estaba haciendo una novela y no un guión. Así que lo llamé y le dije que no iba a poder cumplir con lo que me había pedido". Para suerte de sus lectores, ese frustrado guión dio vida a una excelente novela: Casa de campo.

Más que colaborador de Antonioni, Donoso tuvo que contentarse con ser un asiduo espectador de sus filmes. "Me interesa mucho su cine. En esa época se había estrenado Zabriskie Point, que me impresionó, en especial como está tratado el espacio. Ese uso, en cierta forma, está trasladado a Casa de campo. Me gustó esa libertad con que Antonioni enfrenta el espacio; y eso fue lo que traté de hacer con mi novela. Después volví a hablar con él cuando estuvo en Barcelona filmando El pasajero. Me preguntó si había hecho algo que él podría usar. Al final, nunca hicimos nada juntos".

Por esos años seguía sintiendo el desafío del cine. Fue así como a fines de los años setenta se embarcó en un quijotesco intento de cuyo resultado no quiere acordarse. Espectador frecuente y buen crítico, Donoso solía decir que le encantaría dirigir una película. "Sería algo apasionante. Creo que el montaje es lo que más me interesa y es la parte más creativa, es lo que le da ritmo, la forma. Es la parte más parecida a la literatura, es lo que permite que uno pueda leer la película".

Y si El obsceno pájaro de la noche, una novela que no parece demasiado cinematográfica, tuvo varios intentos, otras también estuvieron en la mira de destacados cineastas.

"Creo que si alguien me preguntara cuál ha sido la mayor desilusión de mi vida, yo diría sin titubear, que es el que Luis Buñuel no me llevara a la pantalla una de mis novelas, cuyos derechos tuvo comprados durante seis años. Seis años que fueron un calvario de espera y esperanzas destrozadas. Llamaba desde los sitios más insólitos para decirme: "Creo que quiero que Jean-Louis Barrault haga la Manuela. Anda a verlo y me dices". Yo iba a visitar a Barrault que ya estaba advertido por el propio Buñuel de mi visita: me recibía en el teatro, me decía que le gustaba el papel y le gustaba más aún trabajar con Buñuel. Yo me iba feliz. No sabía dónde encontrar a Luis para comunicárselo. Meses después me llamaba por teléfono para decirme que había visto a Barrault pero que lo encontraba muy gordo, y debía esperar hasta hablar con Peter O'Toole. Yo perdía toda esperanza. Hasta que me encontraba por casualidad con su hermano Leonardo Buñuel y con Matilde, su mujer, tomando una copa en los bares callejeros de Alcañiz, que es un pueblo que queda a medio camino entre Calanda y Calaceite, el pueblo donde entonces yo vivía, y me decían que venían llegando de Suiza, donde pasaron una semana con Luis. Éste les había comentado que estaba feliz porque Jeanne Moreau iba a ser la Japonesa Grande en la película de mi libro: de nuevo comenzaba el tiempo de la esperanza. Mi mujer tenía en el salón de nuestra casa un retrato de Buñuel: cuando él comunicaba que estaba a punto de comenzar la película, lo ponía en el centro del salón; cuando perdíamos esperanzas lo castigaba, dándolo vuelta hacia la pared. Hasta que, una noche de Viernes Santo en Calanda cuando se esperaba a Luis, y mi mujer con un sobrino de Buñuel salieron a la calle a tocar los tambores, otro sobrino de Buñuel llegó de Barcelona con la noticia de que el tío Luis había comenzado a hacer una película llamada Los fantasmas de la libertad en París, con guión propio y de Charriére (...) Ya no hay película de Buñuel".

Experiencias dispares

Finalmente El lugar sin límite fue llevada a la pantalla por un discípulo de Buñuel, el mexicano Arturo Ripstein, con guión de Manuel Puig. En 1978, la película obtuvo el premio de la crítica en el Festival de San Sebastián. Cuando le preguntaron su opinión sobre esta adaptación fue entusiasta y crítico a la vez. "La película es muy buena, aunque es algo muy distinto a lo que yo hubiera hecho. Es una adaptación muy fiel, quizás demasiado. Le faltan el espíritu, la compasión. Por ejemplo, es una película muy colorida, un poquito chillona incluso. Mi novela, en cambio, es más gris, otoñal, triste, resfriada. Pero eso no me importa, me gusta que un cineasta transforme lo que yo he hecho. Un director puede hacer una película a partir de una novela mía, pero lo importante es que la haga su novela, su propia interpretación. Que se adueñe de ella y la viole. La violación de la novela por parte del cineasta es básico para realizar una verdadera película y no una mera adaptación que no le interesa a nadie".

Peor que una mera adaptación fue la opinión que le mereció la primera versión de Coronación, que también se hiciera en el país azteca. "La hizo en México un tal Olhovich en 1976. No la he visto. Dicen que es la peor película que se ha hecho en México. Carlos Fuentes me contó que era un mamarracho espantoso. (...) Me dio mucha rabia que hicieran eso con un tema madre en muchos sentidos. No sé por qué nunca se filmó en Chile".

Quince años después, Silvio Caiozzi, con quien Pepe Donoso realizó varios proyectos cinematográficos y soñó otros tantos, ha venido a reparar esta omisión. Desde ahora, el cinéfilo José Donoso puede descansar en paz.

Título:Coronación.

Director:Silvio Caiozzi, año: 1999

Distribuido por:Arthaus

Duración:140 minutos.

Producción: Andrea Films, Guadalupe Bornard, Silvio Caiozzi, Abdullah Ommidvar.

Guión: Silvio Caiozzi, sobre la novela homónima de José Donoso.

Fotografía en color: David Bravo.

Música: Luis Advis.

Edición: Fernando Guarinello.

Con: María Cánepa (Elisa de Ábalos), Julio Jung (Andrés Ábalos), Adela Secall (Estela), Gabriela Medina (Lourdes), Myriam Palacios (Rosario), Luis Dubó (René), María Izquierdo (Dora), Jamie Vadell (Carlos Gross), Jaime Celedón (Aldo), Gloria Münchmeyer (Adriana).

País:Chile
 
Autor/Redactor: Ceclia García Huidobro
Fuente: www.chile-hoy.
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





     
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