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Antropología e Historia
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Alicia Olivera, primera historiadora emérita del INAH



Ser tímida y poco sociable no fueron impedimentos para que la historiadora Alicia Olivera Sedano, escribiera el primer libro académico sobre el conflicto religioso de 1926 a 1929, pese al hermetismo institucional que existía en aquella época en México; recuperó los testimonios orales de los sobrevivientes cristeros y zapatistas del siglo pasado a través de un archivo sonoro; y realizó el primer concurso de testimonios orales y escritos, que entre muchas cosas le valió para que en el año 2000, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) le otorgará el título de Profesora Emérita, entregado por primera vez a una mujer en la disciplina de historia.

La investigadora del INAH desde 1959, pertenece a la generación que promovió la historia y logró se le agregase este denominador al Instituto. En entrevista, platicó sobre su trayectoria en la disciplina que considera la base de todas las ciencias sociales.

Los tabués de la época en torno a la situación política de la iglesia, el hermetismo de sus profesores por profundizar en el tema y la oportunidad de acceder al Archivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR) fueron los componentes que impulsaron a Alicia Olivera a realizar en 1966 el primer libro sobre conflictos religiosos que publicó una institución de gobierno (el INAH), titulado El conflicto religioso de 1826 a 1829.

El texto, basado en los documentos recuperados y entrevistas con los veteranos de la Guerra Cristera, fue reeditado en 1987 en la colección Cien de México , de la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública.

"En ese momento el texto tuvo mucho éxito, yo era una persona tímida y pese a eso, tuve que dar conferencias solicitadas por personas católicas y universidades, pienso que este libro marcó una nueva etapa en la historia contemporánea de las relaciones iglesia-estado", dijo la Profesora Emérita del INAH.

El texto abordó la intervención política de los católicos, que manifestaron, primero un rechazo por la Constitución de 1917 y después cambios en los artículos constitucionales 3°, 5°, 27° y 130°, reforma que lograron en el período presidencial de Carlos Salinas de Gortarí, en 1999.

La tesis principal de Alicia Olivera consistió en demostrar que el movimiento cristero no sólo se había desarrollado en Jalisco y Michoacán, como inicialmente se creía, sino que se extendió por otros estados de la República, explicó.

Su proyecto de investigación, el compromiso e interés que mostró en la organización del Archivo de la LNDLR, le valieron a la historiadora para que Miguel Palomar y Vizcarra, depositario del archivo, permitiera que el acervo se conservará en México y no en el Archivo del Vaticano, donde inicialmente se mandaría. Actualmente el microfilme original se encuentra en la Biblioteca del INAH y el archivo documental en el Centro de Estudios Universitarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Archivo sonoro e historia oral

Su interés por recuperar la historia oral y realizar investigación de campo para "no ser investigadora de biblioteca", la llevó a formar parte del Proyecto del Archivo Sonoro, que rescataba los testimonios orales de los veteranos de la Revolución, coordinado por el profesor Wigberto Jiménez Moreno. Este personaje fue un guía muy importante en el rumbo de la investigación de una de las integrantes de la primera generación de etnohistoria en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).

Posteriormente, entre 1969 y 1972, junto con Eugenia Meyer fundó y coordinó el Programa de Historia Oral, en el que se recuperaron los testimonios no sólo de los hombres revolucionarios destacados, sino de los que no sabían leer y escribir y que nadie tomaba en cuenta: peones de hacienda, soldados rasos, mujeres y niños.

"No hicimos, entonces, una selección de informantes, porque quedaban pocos sobrevivientes. Se conocían los hechos más importantes pero no las formas de supervivencia, alimentación, aprovisionamiento y lo que pensaban de su lucha ", dijo.

De las 189 entrevistas aplicadas, 139 eran de zapatistas, así que Alicia Olivera se enfocó al Programa de Historia Oral del Centro Sur de la República , principalmente en Morelos, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Guerrero y Veracruz, con la colaboración de Salvador Rueda y Laura Espejel.

"Mi predilección por los revolucionarios del sur se debió inicialmente a que mi padre, junto con otros jóvenes, fue un zapatista atípico, estudiante de medicina que, a lado de Gustavo Baz, fue de los pocos encargados de curar a los combatientes heridos", explicó.

En este proyecto, la historiadora elaboró su propia metodología para aplicar las entrevistas, lo cual variaba de acuerdo con la persona y el lugar. Apoyada en un temario básico interrogaba y escuchaba a los personajes en una entrevista de tipo libre, sin inducirlos: "porque los viejos hablamos mucho y de diversos temas y nos es difícil someternos a un cuestionario rígido".

A decir de Olivera, su principal herramienta de trabajo son las entrevistas grabadas en cintas magnetofónicas con los testimonios orales de los protagonistas. A pesar de que en algún momento se creyó que este material no era confiable, que era pura "ciencia ficción" y que estos testimonios no eran válidos para la historia, recordó la investigadora.

Sin embargo, al escuchar las entrevistas se han revelado datos muy importantes +-sobre la historia no oficial del zapatismo, que muchas veces se contrapone con lo que los historiadores han escrito. Además, ha generado diversas líneas de investigación y el interés de especialistas nacionales y extranjeros.

LA HISTORIA...

La historia oral es muy importante, "a veces me preguntó qué hubiera pasado si se hubieran grabado las entrevistas con los soldados de Morelos, o escuchar directamente la voz del cura Hidalgo, creo que la historia de nuestro país hubiera adquirido otra dimensión", dijo Alicia Olivera.

El realizar estas entrevistas y conservarlas en grabaciones representa la posibilidad que se le dio a los auténticos zapatistas de comunicar sus experiencias y sentir sobre la Revolución Mexicana, además de penetrar a una nueva posibilidad de creación de documentos para la historia moderna y contemporánea.

"Percibir la historia, a través de sus protagonistas, así como el trato directo con ellos, es una experiencia fantástica para cualquier investigador. Esos hombres trasmiten una sabiduría ancestral y un tipo de vivencias que no aporta ningún otro tipo de documento".

Con las grabaciones generadas de las entrevistas con los sobrevivientes cristeros y revolucionarios, pretendían crear un archivo sonoro bien organizado, sistematizado, junto las transcripciones editadas y contextualizadas, porque constituyen un legado único que se conserva debido a la labor de la historiadora y su equipo de colaboradores. Actualmente este material está en proceso de digitalización y limpieza de audio a fin de facilitar su consulta.

Otro proyecto importante para la historiadora fue Mi Pueblo durante la Revolución , el primer concurso para recuperar los testimonios orales y escritos con los contemporáneos y protagonistas de la Revolución, en el Museo Nacional de Culturas Populares. Los treinta testimonios ganadores fueron publicados por el INAH en tres tomos, que llevaron el mismo nombre del concurso y que se han reeditado en dos ocasiones.

"Actualmente ya no salgo al campo, tampoco existen ya sobrevivientes de la Revolución, pero tengo mucho material para trabajar sobre zapatismo y diversos temas contenidos en otras entrevistas con personas pertenecientes a distintos campos de nuestra historia política contemporánea", como Emilio Portes Gil, Luis L. León, Efraín González Morfín, Joaquín Sánchez Arriaga, entre otros, dijo Alicia Olivera.

Entre los personajes entrevistados que más trascendieron en la historiadora por su personalidad y lucidez fueron Don Severiano Castillo, un campesino de Santa Cruz Acalpixca, así la de Miguel Palomar y Vizcarra. "La que más lamentó no haber realizado fue la del general Lázaro Cárdenas, porque viajaba mucho y al poco tiempo enfermó".

Y agregó, "el ser profesora emérita, aparte de ser un honor, pienso que es un reconocimiento para todos mis compañeros y para los historiadores que laboramos en el INAH. Soy de las fundadoras de la DIH y fui la primer mujer historiadora emérita", concluyó, Alicia Olivera.
 
Autor/Redactor: Artes e Historia México
Fuente: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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