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El Museo de la Muerte en San Juan del Río


"Cualquier visitante que llegue hasta este lugar, puede estar seguro que está recorriendo uno de los museos más bellos del mundo, por su ubicación, arquitectura y contenido", aseguró la maestra Elsa Malvido, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En lo que antiguamente era el barrio de los indios, en San Juan del Río, Querétaro, se encuentra el Museo de la Muerte, fundado como tal en 1997, en el cementerio de la Santa Veracruz, y en cuya curaduría y acondicionamiento participó de manera activa la maestra Malvido, que en esta ocasión hace las veces de guía.


Con un entusiasmo que solamente puede mostrar alguien que ha dedicado una parte importante de su vida a la realización de un proyecto como éste, la también especialista en temas relacionados con la muerte, comenta que las inscripciones en la entrada de la construcción que domina el valle de San Juan del Río, tienen que ver con las Bellas Artes, que están presentes tanto en la vida como en los rituales mortuorios. En la región la cultura dominante era la Chupícuara.

La construcción del Museo de la Muerte (1997), siguió el modelo de los panteones franceses, con tumbas tipo colombario que por su disposición (hacia arriba y hacia abajo), produjeron trastornos a los habitantes de dicho barrio (de los indios), pues al no estar enterrados los cadáveres de forma convencional, los olores eran insoportables cuando los cuerpos entraban en estado de descomposición.


De la manera en la que se dispusieron los entierros, refirió que con la llegada del siglo XIX, que tiene que ver con la separación de Iglesia y Estado, se ocupó como cementerio el espacio exterior de los poblados, y se hicieron las sepulturas hacia arriba y hacia abajo. Actualmente en el de la Santa Veracruz, la mayoría tienen perpetuidad y continúan en posesión de las familias más importantes del municipio.

Luego de señalar que entre los objetivos del museo se encuentra el de mostrar a la muerte como fenómeno cultural con todo su misterio y contenido simbólico, apuntó que se trató además de integrar el recinto a la cultura local y por eso se buscó representar rituales encontrados en la zona y pertenecientes a culturas locales.


En el interior del Museo, el visitante encuentra la reproducción de un entierro-ofrenda hecho al Dios Anciano (Dios del Fuego); es radial y está representado igual en el Museo de Antropología. Las piezas presentadas aquí, son parte de las que se encontraban en el Museo de Arqueología local, algunas de ellas son de cerámica funeraria con representaciones de los dioses de la guerra y algunos de los sistemas de tortura que utilizaban en contra de sus enemigos.

También pueden apreciarse representaciones de deidades, que van a persistir en casi todas las culturas mesoamericanas, vinculadas al ocote y que simbolizan al dios de la guerra (Otontecutli). Esta es otra forma que se encuentra en los códices y se sabe que era la forma más frecuente de tratamiento mortuorio, denominado "empetatar al muerto". Otra manera de entierro, era introducir dentro de vasijas a los muertos, que al descomponerse se iban acomodando en diversas posiciones y está representado aquí en una reproducción museográfica.

En una de las vitrinas pueden apreciarse pequeñas máscaras de cerámica, que representan a seres muertos (con los ojos cerrados) y también es recurrente la aparición de las mariposas de la muerte, además de vasijas con huesos largos y una flauta que era utilizada en rituales mortuorios y pertenecía a un tzompantli.


Foto:
Más adelante, se hace un rápido recorrido de lo prehispánico al mundo de la conquista y por eso se presenta el entierro de Cristo como una forma de representación del entierro judaico, pues se empezó a sepultar a la gente a la llegada de los españoles. En este punto se conjuntan dos elementos importantes:

Uno es la creencia en la resurrección de los muertos y por la cual había que guardar y mantener los huesos, tal y como lo dice la Biblia "de todos los huesos de los fieles tiene Dios cuidado". En las paredes del Museo también pueden verse algunas pinturas naif que representan la resurrección de los muertos.

En otra de las áreas se encuentra el Ritual de las Monjas Coronadas (las monjas muertas). Del las cuales Malvido señala: "¿Qué pasaba cuando una monja moría? Es la esposa de Cristo, es pura, ha muerto sufriendo sacrificio por eso tiene la palma del martirio, las flores blancas y por ello se les corona dos veces, cuando entran y toman el hábito y cuando mueren. Por ello, se les viste elegantemente y se les pone todo su atuendo".
Muchos de los elementos y artículos que forman parte del museo, han sido donados o prestados por las funerarias locales y los habitantes de la región, algunos son libros de vidas de santos, misarios; lo mismo el rosario. También en este espacio se encuentra una foto donada por el beaterio de la Iglesia local que representa la imagen de una monja coronada que falleció hace 12 años.

El Museo de la Muerte, cuenta también con un altar muy particular y de ello la investigadora explica: ¿¿Vemos aquí todos los elementos de un altar, una vela tan elaborada es muy importante, se trata de un cirio pascual y es una artesanía local. Además, la iglesia local nos prestó un libro y otros artículos elementales en la liturgia católica.

¿¿El ara, agregó, es una pieza que está en el centro del altar y su significado es el resto de un santo; sus huesos, o el piso en el que se posó quien sabe cuándo. Lo importante entre iglesia y santuario hasta cierto tiempo, era tener los restos de un santo, por eso es importante. En la edad media se decide que estos santos tenían poderes muy especiales, que curaban determinada enfermedad y se empieza a hacer lo que se conoce como turismo religioso. Los fieles acuden a los santuarios a curarse de alguna enfermedad. Esta práctica continua hasta la fecha.

Lo importante era que la iglesia católica convirtió en un negocio los entierros dentro del piso de las iglesias, en los que mientras más cerca se estuviera de los restos del santo, que se suponía iba a servir como intermediario con Dios, era mucho mejor.

Dijo también que altares laterales de las iglesias, están dedicados a un determinado santo protector, o a una Virgen. Esos son los gremios de los trabajadores de ciertas especialidades. Por ejemplo, los herreros tenían un santo protector, los médicos tenían otro y que tenían relación con sus actividades en vida o que habían sido martirizados. Por ejemplo, a Santa Lucía fue torturada y le sacaron los ojos, por ello es la protectora de los ojos.

Se tenía la idea en esa época que se permitía que los muertos fueran enterrados con el hábito de la Virgen del Carmen, o de San Francisco o de otras órdenes religiosas, ya sea en los onomásticos de esos santos, o en el aniversario de las órdenes religiosas. Ese día bajaban los santos o la Virgen a rescatar del purgatorio a las almas en pena.

El pánico que se tenía al infierno o al purgatorio era verdaderamente algo que nos cuesta mucho trabajo entender, añadió, sin embargo motivaba grandes festividades, rituales, misas, casi diario y a pagar para que alguien de la familia se educara como cura y que todas las oraciones estuvieran dedicadas a la salvación de las almas de sus seres cercanos. Estas se llamaban obras pías.

También dentro del Museo de la Muerte pueden encontrarse iconografías que representan precisamente ese miedo al infierno y al purgatorio. Por eso podemos decir que la muerte más temida, es la más deseada actualmente, la muerte instantánea, pues se moría en pecado y era casi seguro que se fueran al infierno, ya que no habían recibido los santos óleos, no se habían confesado, ni comulgado. Por lo tanto, era importante estar siempre preparado esperando a la muerte por si ésta llegaba intempestivamente.

Además, se muestran al público pinturas y fotografías de "angelitos muertos", jaculatorias que suplican el descanso de los muertos, y el hosario donde cada siete años se realizaba la monda de los huesos. Un aspecto que puede considerarse excesivo en esa época colonial, de miedos al infierno y al purgatorio: "Cuando una persona había sido muy mala en vida, pedía que la sepultaran en un lugar en donde todos lo pisaran, como son los escalones de un panteón. Entonces muchas personas pecadoras solicitaron ser enterradas en esos espacios para que los vivos los pasaran constantemente sobre ellos, como una forma de expiar sus culpas desde la muerte.
 
Autor/Redactor: Artes e Historia México
Fuente: Instituto Nacional de Antropología e Historia
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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