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Organizan velada literaria para recordar a Dolores del Río


Una mujer que arrancó pasiones y ensueños inevitables
Foto: Archivo
"Dolores del Río era una diosa que se sabía mujer¿, dijo Carlos Fuentes. Pues bien, esta actriz de la Época de Oro del cine mexicano será motivo de una Velada literaria, por el Centenario de su nacimiento, el miércoles 7 de julio a las 19:00 horas en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

A esta actividad, organizada por el Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, participarán Emilio Carballido, Carlos Monsiváis, David Ramón, Víctor Hugo Rascón Banda y Alicia Reyes, con la moderación de Silvia Molina. La actriz Carmen Montejo hará una lectura en voz alta.

La actriz mexicana nació el 3 de agosto de 1904 en Durango; su padre era banquero y el galán del cine mudo estadunidense Ramón Novarro fue primo segundo suyo. A ella la educaron en un convento, pero se casó cuando tenía 16 años con el escritor Jaime del Río.
Su arribo al cine ocurrió por casualidad de este modo: Mientras tomaba té en una reunión particular conoció al director Edwin Carewe, que quedó tan impresionado por su belleza morena que le ofreció un papel, es decir su debut, en la película Joanna (1925). Posteriormente trabajarían juntos en Resurrección (1927), Ramona (1928) y Evangelina (1929).

En un ambiente no muy favorable, en aquellos años el matrimonio Del Río emigró a Hollywood para incursionar en el negocio del cine: ella como actriz y él como escritor de cine. Luego de la primera película de ella se divorciaron.

Bajo la dirección de Raoul Walsh actuó en El precio de la gloria (1926), Los amores de Carmen (1927) y La bailarina de ópera (1928).

A partir de 1925 protagonizaría películas mudas y, más tarde, sonoras estadunidenses, en las cuales, pese a sus atributos histriónicos, fue encasillada en papeles de indígena, de ahí que su descontento con los papeles que le ofrecían en las producciones de Hollywood la orillaran a volver a México en 1943, luego de haber realizado Ave del paraíso -donde representó a una brasileña en un musical, en el que los protagonistas eran Ginger Rogers y Fred Astaire- y otras películas.

Sin embargo, en México volvió a usar las trenzas y los arquetipos indígenas. Con Emilio Indio Fernández actuó en Flor Silvestre y María Candelaria, ambas datan de 1943, entre otras; con Ismael Rodríguez en La cucaracha, creada en 1958, y con John Ford en El gran combate (1964). Además realizó un thriller de Welles y Foster: Estambul (1942) y actuó en los melodramas La otra (1946), de Roberto Gavaldón, y Doña Perfecta (1950), de Alejandro Galindo. Su última actuación fue en Los hijos de Sánchez.

Pero su asociación con el equipo de Fernández: Gabriel Figueroa, Mauricio Magdaleno y Pedro Armendáriz ¿fue decisiva en la creación de lo que se llamó la Época de Oro del cine mexicano¿; y con los largometrajes María Candelaria, Las abandonadas y Bugambilia, las tres de 1944, Dolores del Río se convirtió en el prototipo de la belleza mexicana en el extranjero.

La actriz de cine, teatro y televisión Dolores del Río, cuyo nombre real era Dolores Martínez Asúnsolo, falleció el 11 de abril de 1983 en New Port Beach.

Sin duda, ella fue la primera estrella mexicana que despertó interés internacional, haciendo, según los cinéfilos, ¿una extraordinaria carrera en Hollywood en los años veinte¿, donde también se casó con Cedric Gibbons, director y productor de los estudios Metro Goldwyn Mayer (MGM), y sostuvo un apasionado romance con el actor y director Orson Welles.

En Mujeres mágicas, Elena Poniatowska afirma: ¿En los años veinte hubo en México varias mujeres mágicas por su talento y su belleza: Tina Modotti, Lupe Marín, Frida Kahlo, María Asúnsolo, su prima Lolita Asúnsolo (Dolores del Río) y Nahui Olín¿.

La revista Clío dedicó un número, hoy agotado, a Dolores del Río, donde se consigna que la actriz ¿provocó en vida, y aún lo hace hoy, una adoración casi mística por parte de sus admiradores y seguidores. Narrado como un cuento de hadas, es la historia de un verdadero mito que con su belleza y finura exaltó el ideal de mujer en México durante las primeras décadas de nuestro siglo. Su triunfo, debido a sus genuinas dotes artísticas, la convierte sin lugar a dudas en un ser excepcional de nuestro cine. Desde la cuna de su formación aristocrática, pasando por su vida amorosa, su cumbre profesional, hasta el fin de sus días, (... es) una mujer que arranca pasiones y ensueños inevitables¿.
 
Autor/Redactor: INAH
Fuente: Artes e Historia México, INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





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