México, D.F., Viernes 30 de Julio de 2010, 13:2920 °C, Humo 
Recibir novedades
Buscador
BUSCAR:

Antropología e Historia
Compartir TwitThis
Las Fortificaciones de Veracruz


Con el tema Investigación arqueológica sobre las fortificaciones de Veracruz, inició el Primer Coloquio de Ciudades Fortificadas del Caribe que se realiza en la Ciudad de Campeche. La primera conferencia estuvo a cargo de la arqueóloga Judith Hernández Aranda, del Centro INAH-Veracruz, y miembro del Comité de Patrimonio Arqueológico, de ICOMOS-México, quien recordó que el comercio ha impulsado el crecimiento del Puerto y muchos de los rasgos que lo caracterizaron han desaparecido paulatinamente por necesidades de la misma población.

Esta actividad cultural tiene el objetivo de realizar un análisis sobre el estado de conservación, potencialidad y compatibilidad de uso en el que se encuentran los monumentos arquitectónicos militares de las ciudades fortificadas del Caribe, basándose en áreas temáticas específicas, así como en el marco legal en que se hallan estos importantes legados. Además de México, participan países como: Cuba, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, España y Marruecos.


Actualmente, en tiempos de libre comercio con el repunte económico del puerto, se plantea un enigma entre la conciencia de su pasado histórico y la conservación de los monumentos que lo simbolizan; imponiéndose la impostergable investigación de novedosas estrategias que incrementen el tráfico de las mercancías que le han dado vida durante 450 años, procurando al mismo tiempo, un sistema de viabilidad urbana.

Hernández Aranda añade que el complejo portuario Veracruz-San Juan de Ulúa fue centro vital del sistema de defensas hispanoamericanas del Caribe y que al igual que en otros tiempos, compartió con muchos puertos, a los ingenieros que le dieron fisonomía, por lo que dijo, es justo que se le conceda el privilegio de ser considerado como patrimonio mundial al igual que otras fortificaciones que han sido declaradas por el simple hecho de pertenecer a ese sistema defensivo.


Respecto a la investigación documental, precisa que las excavaciones arqueológicas de Las Atarazanas y San Juan de Ulúa, permitieron constatar la complicada trama burocrática y política que rodeó la construcción de las fortificaciones en Veracruz, así como los problemas de abasto de agua, víveres y materiales de construcción en un medio caluroso y hostil.

Como el carácter estratégico del Puerto propició el impulso de una arquitectura de tipo defensivo, dijo, se ha investigado de manera particular en archivos y bibliografía, lo relacionado con las construcciones militares, sus proyectos, registros de obra, así como los aspectos políticos y económicos que favorecieron el auge, deterioro o cambios de uso de los distintos inmuebles.


Sobre San Juan de Ulúa, la especialista se refirió a que las excavaciones arqueológicas y las perforaciones de sondeo al subsuelo han revelado que parte de los problemas de grietas, fallas y problemas estructurales se deben a la configuración fisiográfica del sitio donde se levantó el edificio. Contrariamente a lo que se pensaba, dijo, la mayor parte de fortaleza no se construyó sobre el islote, sino sobre un sustrato de arena y rellenos de acarreo humano, desplantándose el primer flanco de la construcción al ras de la orilla con mayor pendiente del arrecife de La Gallega, del lado protegido de los vientos, para permitir anclar a las embarcaciones.

Así, explicó que la parte de terreno del islote que sobresalía del nivel del mar en el tiempo en que arribaron los españoles, era una pequeña lengüeta en la que probablemente se ubicaba el templo a Tezcatlipoca que menciona Bernal Díaz del Castillo. El estudio de planos indica que actualmente esa parte está ocupada por el campo del arsenal en el área de Batería de San Miguel y la porción nororiental de la Batería Corrida del Glassis.
La investigadora añade que las excavaciones en diversas partes de la ciudad y en San Juan de Ulúa, han permitido conocer algunos aspectos de las actividades cotidianas de los soldados acuartelados en la isla y compararlas con las de los habitantes de tierra. Por ejemplo, dijo, se han podido reconstruir aspectos de la dieta mediante restos óseos de las distintas variedades de animales y moluscos identificados, el tipo de guiso a través de las crónicas y diarios de viajes, así como las porciones asignadas a los soldados y las de las guarniciones adquiridas en el mercado, por medio de las dimensiones y tipo de corte en los restos. Además, se han identificado diversos problemas de salud y de desnutrición por medio del estudio de los restos humanos.

También expuso que las excavaciones arqueológicas han permitido conocer cómo se resolvieron ciertos problemas estructurales, la forma, tamaño, características de los materiales y sistemas constructivos, y elementos funcionales de la arquitectura como cimientos, aljibes y drenajes.

De lo anterior se desprende por ejemplo, que la etapa constructiva de San Juan de Ulúa corresponde a fines del siglo XVII. Fue levantado sobre una cama de pilotes de madera de unos 60 centímetros de largo, hincados sobre coral suelto; sobre ésta descansan piedras de coral de tamaño mediano y encima de ellas, otras de mayor tamaño, de hasta 80 centímetros de diámetro. Para conformar una plancha consolidada que llega a tener hasta tres metros de espesor, por lo que, explicó, no existe un cimiento propiamente, pues la construcción fue levantada por niveles y en grandes bloques.

Hernández Aranda, explicó que en diversos planos del siglo XVIII y principios del XIX, aparece como Atarazanas un conjunto de tres edificios contiguos, integrado por el almacén para las maderas del rey, las bodegas de proveeduría y el arsenal o almacenes de marina. El que hoy se conoce como Atarazanas corresponde a éste último.

Gracias al trabajo arqueológico antes mencionado, se pueden registrar aspectos importantes del sistema constructivo de esa arquitectura militar, como la utilización de piedra múcar, el elemento más importante de la mampostería; el empleo de tres hiladas de ladrillo como cadena y de los techos de madera que pudieron resistir los fuertes vientos. Según se explicó, proyectando las líneas de las marcas encontradas en el mortero, fue posible reconstruir la estructura de la cubierta y restituirla de la manera en la que se encuentra actualmente.

También recordó que de la ciudad amurallada de Veracruz y sus fortificaciones, sólo quedan dos edificios en pie: la fortaleza de San Juan de Ulúa y el Baluarte de Santiago; de los edificios de apoyo estratégico, las Atarazanas y el Hospital Militar de San Carlos y en lo que se refiere a la arquitectura civil, de las mil 106 casas que existían en las 64 manzanas que componían el recinto amurallado, hoy sobreviven apenas 150.
 
Autor/Redactor: Artes e Historia México
Fuente: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
 





     
BLOGS Artes e Historia México

Entradas recientes
TODOS LOS BLOGS

Las transacciones seguras de este sitio se procesan bajo https://www.arts-history.mx, en donde empleamos un certificado thawte para realizar una transmisión privada y encriptada de su información.


Artes e Historia México es una publicación cultural independiente.
© Derechos Reservados 1996-2008, Manuel Zavala Alonso
AVISO LEGAL

DIRECTORIO

Si desea enviar información relacionada a los temas de esta publicación electrónica:
noticias@arts-history.mx