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Miércoles, 05 de abril de 2017

El año de Francia y Colombia
Escrito por Eduardo García Aguilar

Este año 2017 Francia y Colombia se han dedicado a estrechar sus lazos culturales, académicos y económicos por medio de centenares de actividades celebradas en las ciudades de ambos países, que tuvieron como punto simbólico la visita del presidente François Hollande a Colombia y su viaje a un campamento para apoyar el accidentado proceso de paz. El primer semestre será el turno de los franceses en Colombia y el segundo el de los colombianos en Francia. Conciertos, coloquios, exposiciones, intercambios diversos enriquecerán una amistad que se remonta a lejanos tiempos, cuando los ilustrados de la Nueva Granada se inspiraban en las ideas de la ilustración francesa para tratar de lograr la independencia.

 

En los barcos que cruzaban el Atlántico llegaban libros y gacetas del Viejo continente que eran devorados y traducidos por las élites locales. Antonio Nariño tradujo por ejemplo la Declaración de los derechos humanos. El espíritu de la Enciclopedia llegó a quienes deseaban avanzar hacia un mundo moderno donde la ciencia, el saber y la razón suplantaran los dogmas impuestos a lo largo de los siglos por la clerecía católica que dominaba la educación y tenía amplia injerencia en los gobiernos.

 

Simón Bolívar, rico personaje de la élite neogranadina caraqueña, viajó en su juventud a Europa y durante su periplo se dedicó a leer, estudiar y a establecer relaciones que le servirían luego para su liderazgo libertador. En París vivió en las calles Vivienne y Richelieu, junto a la Biblioteca Nacional de Francia, donde pasaba horas leyendo, y muy cerca de los jardines y edificios del Palacio Real creados por el arquitecto Mansart y sitio donde la juventud de las Luces se dedicaba a los placeres y la alegría de vivir libertina.

 

Mucho tiempo después, en los años 20 y 30 del siglo XX, cuando vivió en París una amplia generación de estudiantes y escritores latinoamericanos como Miguel Ángel Asturias, Alfonso Reyes y César Vallejo, las asociaciones creadas por ellos colocaron placas en los lugares donde vivió Bolívar, como prueba de esa larga amistad entre Francia y la Nueva Granada. Bolívar, que tiene una avenida dedicada en el norte de la ciudad, inspiró a la generación romántica, ya que en cierta forma fue el Che Guevara de la época, un libertador y creador de naciones, ejemplo de la gloria cuya imagen y apariencia suscitaba emoción en los jóvenes revolucionarios europeos de la primera mitad del siglo XIX que luchaban contra las restauraciones. Además de Bolívar, otro de los héroes románticos fue Lord Byron, quien dejó sus comodidades para ir a morir luchando a favor de los griegos amenazados por el imperio otomano.

 

El rival colombiano de Bolívar, Francisco de Paula Santander, también viajó a la capital francesa y a través de su diario, publicado hace medio siglo por el Banco de la República, se pueden conocer sus interesantes impresiones de viaje. Más tarde, hacia fines del siglo XIX, fue el turno de otros viajeros como los hermanos Rufino y Ángel Cuervo, quienes decidieron vender sus negocios en Santa Fe de Bogotá y quedarse para siempre en la urbe para vivir de las rentas. En su diario de viaje, publicado por el Instituto Caro y Cuervo, los seguimos en sus correrías desde su llegada a las costas francesas y la gira por otros países europeos e incluso seguimos día a día su descripción de hoteles y restaurantes y su admiración por ese invento fenomenal que fue el ferrocarril.

 

Ya para ese entonces París era una metrópoli cosmopolita donde había una actividad económica y cultural extraordinaria. Grandes bulevares, teatros, estudios fotográficos, cabarets, restaurantes, editoriales, periódicos, universidades, academias, grandes museos, óperas, casas de citas y de vicio, drogas, vinos y licores, fascinaban a los viajeros colombianos adinerados o aventureros que lograban cruzar el océano y llegaban a la que entonces era la capital del mundo.

 

Entre ellos el joven José Asunción Silva, cuya rica familia era propietaria de la hacienda de Hatogrande, hoy sede campestre de los presidentes colombianos en la sabana de Bogotá, fue enviado a la capital a formarse en administración de negocios. Pero maravillado por la vida disoluta prefirió dedicarse a la literatura en tiempos de Verlaine y Mallarmé y los simbolistas y se gastó sus dineros en la rica vida nocturna y libertina parisina que describe con lujo de detalles en su muy moderna novela De sobremesa, una joya, de las máximas de esas cartas cruzadas entre Colombia y Francia. En ella hay vida sexual desaforada, lesbianismo, experimentación de drogas y alcoholes peligrosos y, por supuesto, intoxicación de ideas políticas y sociales que inspiraron al personaje Fernández cuando regresó al país.

 

Vargas Vila, Germán Arciniegas, Botero, Negret, Puyana, Gabriel García Márquez, Julio Olaciregui y Miguel de Francisco, entre otros muchos autores, artistas, músicos, científicos y estudiantes de todas las disciplinas han preservado esa tradición que hoy se enriquece con miles y miles de jóvenes estudiantes que se doctoran masivamente en las universidades francesas y que al regresar al país siguen manteniendo viva la llama de la amistad franco-colombiana.

 

Pero por supuesto no solo se trata de un intercambio de élites económicas, artísticas y académicas. Desde hace unas décadas y en los tres primeros lustros del siglo XXI la migración popular colombiana ha aumentado de manera vertiginosa, especialmente personas de origen paisa, antioqueños, vallunos, originarios del Eje Cafetero. Muchos colombianos, artesanos, albañiles, pintores de brocha gorda, conductores, plomeros, personas dedicadas al servicio doméstico, que ya se habían nacionalizado españoles, tuvieron que salir de una España golpeada brutalmente por la crisis económica e ingresaron a Francia, donde gozan de tranquilidad y excelentes condiciones de trabajo.

 

También miles y miles de asilados, desplazados y exiliados han llegado en las últimas décadas al calor de acuerdos y convenios bilaterales y después poco a poco han traído a sus familias de acuerdo a las leyes locales del reagrupamiento familiar, que critica la extrema derecha. La presencia, el acento de los colombianos se siente en calles, metro, restaurantes, prósperas tiendas de productos autóctonos y en la multitudinaria presencia suya en los frecuentes conciertos de salsómanos, cumbiamberos, vallenatos, desde los herederos de Joe Arroyo hasta Yuri Buenaventura, sin olvidar a Totó la Momposina. Todo esto es lo que se celebrará en este año dedicado a la amistad entre ambos países. 



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