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Miércoles, 27 de julio de 2016

José Yves Limantour ante el inicio de la Revolución de 1910.
Escrito por Arno Burkholder

A finales de 1910 el Porfiriato empezó a derrumbarse. Ese gobierno que le dio a México estabilidad y progreso, a cambio de mantener en la pobreza a millones y de aplazar la democracia, se enfrentaba a su final. 

Varias razones provocaron su caída: la vejez de Porfirio Díaz, la incapacidad de la élite política para construir una transición que mantuviera vivo al Porfiriato, el enojo de una clase media que no tenía oportunidades políticas ni económicas, la creciente presión de Estados Unidos, y la desesperación de millones de personas en todo el país que no habían gozado de los beneficios que el Porfiriato les prometió y ahora veían en la guerra civil una oportunidad para transformar sus vidas. 

En esta catástrofe jugó un papel importante José Yves Limantour. Ministro de Hacienda de Porfirio Díaz entre 1893 y 1911, Limantour fue uno de los que reconstruyó la economía mexicana, logrando que tuviéramos superavits desde 1894 y hasta 1912. El gobierno mexicano pudo pagar esa deuda externa que traía sobre la espalda desde 1824, recobró la confianza de los inversionistas extranjeros y pudo desarrollar la economía, los ferrocarriles, la infraestructura y el comercio.

Para Limantour era fundamental mantener el equilibrio entre los ingresos y egresos, manejar con cuidado la deuda externa y modernizar la economía nacional. El buen desempeño de Limantour lo convirtió en vicepresidente de facto de este país, pero nunca pudo ser el sucesor de Porfirio Díaz. 

En 1910 Limantour estaba en Europa renegociando la deuda externa y acompañando a su esposa enferma. Allí se enteró de que grupos guerrilleros estaban atacando el estado de Chihuahua, para apoyar a la rebelión de Francisco I. Madero. Limantour ayudó al presidente Díaz comprando armas en Francia para el ejército mexicano, interviniendo las cuentas bancarias de la familia Madero, y después negoció con ellos la caída del general Díaz, algo que sus antiguos aliados jamás le perdonaron. 

El 5 de diciembre de 1910, Limantour le escribió una carta a Díaz en donde reflexiona sobre la situación que estaba viviendo el país y qué hacer para solucionarla. La carta refleja uno de esos momentos de incertidumbre con los que se construye la historia.

JOSÉ IVES LIMANTOUR

Secretario de Hacienda 
Hotel Majestic

París, Diciembre 5 de 1910.

Señor Gral. Don Porfirio Díaz, 
Presidente de la República. 
México.

Muy querido y respetable compadre:

Quedo á Ud. muy reconocido por el vivo interés que manifiesta en su carta del 14 de Noviembre por la salud de Mary, pues al tomar participación en mis penas y en mis inquietudes me da Ud. una nueva prueba de amistad que mucho aprecio, especialmente en las actuales circunstancias.

Con la opinión de los Doctores Terrez, Valenzuela y Baungarten tuve siempre algún temor de que el optimismo de Gutiérrez fuera una ilusión que le diera la fé ciega que tiene en el tratamiento eléctrico, y desgraciadamente al hablar aquí con los diversos médicos que consulté, he visto que ninguno cree en la eficacia de dicho tratamiento, y todos me han recomendado medicamentos y métodos que difieren esencialmente de los de nuestro amigo Gutiérrez.

En las cuatro ó cinco semanas después de haber estado en Suiza, la mejoría, tanto en las funciones circulatorias como en las de la digestión, fué evidente; pero desde entonces ha habido períodos alternativos de avance y retroceso que no sabemos á qué atribuir.

En parte me lo explico por la zozobra en que estuvo Mary al verme resuelto á partir inmediatamente para México.

El caso es que ese estado de salud me preocupa bastante, más que todo por la responsabilidad que tendré que echarme encima dentro de algunas semanas.

Nada quiero decir á Ud. de las condiciones de ánimo en que me han acabado de poner los desórdenes de México, pues al hablarle tanto de mí podría creerse que no he pensado en Ud. cuanto debía en estos tan penosos días, y ha sucedido lo contrario.

Me imagino que ha de haber Ud. hecho reflexiones muy tristes al ver cuánta gente se deja guiar por sus pasiones, por su ignorancia y perdiendo de vista todo lo que el país debe á Ud., así como el inmenso peligro que corren la independencia y la dignidad nacionales con esas tentativas de sedición y anarquía.

Tan manifiesta prueba de ingratitud hacia Ud. y de antipatriotismo no era de esperarse, y bien comprendo todo lo amargo de la decepción que deben haberle causado los acontecimientos de Noviembre, que contrastan de manera tan dolorosa con aquellos en que tomó parte la inmensa mayoría del pueblo mexicano dos meses antes, al solemnizar nuestro Centenario.

El daño causado por ese desbordamiento de locura y de maldad es grande.

Los mexicanos que con orgullo hablábamos de nuestro país en el extranjero, nos hemos ruborizado al leer las noticias que los periódicos americanos y europeos vomitaron durante diez días por millones de ejemplares, y al ver la impresión que dichas noticias causaban hasta en el ánimo de nuestros mejores amigos.

Por más que algunos de nosotros estuviésemos convencidos de la falsedad ó exageración de esas noticias, bastaba el hecho de que hubiese habido una conspiración de importancia y de que centenares de hombres recorrieran algunas partes del territorio de la República en son de revolucionarios, para que nos avergonzásemos de que tales cosas pudieran acontecer precisamente cuando el mundo entero nos acababa de expedir una patente de buena conducta y de admiración que llevaron sus representantes á México, tributándonos simpatía y respeto.

En el terreno de los negocios el perjuicio ha sido también considerable.

Desde luego, la segunda parte de la conversión de la Deuda está muy comprometida, y habrá necesidad de que el éxito corone enteramente los esfuerzos que estamos haciendo con el objeto de desvanecer las inquietudes, para que pueda tener lugar en Enero la emisión de los 280 millones de francos restantes.

Los negocios privados de que tengo conocimiento y que se estaban arreglando en el momento en que llegaron las malas noticias, se han suspendido en su mayor parte ó desbaratado definitivamente; y esto es quizá de mayores consecuencias todavía, porque si se interrumpiera por bastante tiempo la corriente de capitales hacia nuestro país, es casi seguro que sobrevendría una crisis económica de intensidad tanta más grande cuanto que hace muy poco tiempo que cesó la anterior y que la producción agrícola ha dejado mucho que desear en la República.

Es de todo punto necesario, por lo mismo, que nos esforcemos todos en restablecer cuanto antes, á la misma altura en que estaba anteriormente, la confianza de que hemos disfrutado; y á esa tarea estoy consagrándome y me seguiré dedicando con todo empeño durante mi ya corta permanencia en estas tierras.

Ha servido mucho en ese sentido que se viera que no regresaba yo inmediatamente á México: Muchas personas estaban pendientes de mis pasos, y al cerciorarse de que no me movía se tranquilizaron.

A aquéllas que parecían dar poco crédito á las rectificaciones de Mier y á las mías, les recomendé que hablaran con el Ministro de Relaciones de aquí y con todos los grandes Bancos que tienen en México negocios, para cerciorarse por esos conductos enteramente imparciales, de la falsedad de tanta noticia sensacional que publicaban los periódicos.

Debo decir, para satisfacción de Ud., que el Gobierno francés y la alta Banca nos ayudaron mucho en esa ingrata tarea, y que merced á sus explícitas y terminantes declaraciones se evitó una baja fuerte en los valores mexicanos.

El arreglo hecho con la Agencia Havas por conducto de la Legación, y también los que ha efectuado Zamacona en Londres para la publicación de los noventa mil números de bonos del 5% que deben amortizarse, publicación que costará al Gobierno muchos miles de pesos, han permitido refrenar algún tanto á los periódicos que acogían con demasiada benevolencia los telegramas alarmistas de la Agencia Reuter.

Nos hemos también valido Mier, Zamacona y yo de todas nuestras relaciones, para conseguir que se reduzca la importancia de los acontecimientos al mínimum posible.

Desgraciadamente, los hechos que han seguido ocurriendo, en Chihuahua principalmente, no nos permiten ser muy afirmativos al desmentir las noticias que circulan, y como hay evidentemente gentes interesadas en causar alarma con otros fines que el de obtener un provecho pecuniario, el terreno que vamos ganando en la opinión pública no es tan grande como sería de desearse, y siempre queda una sospecha de que algo grave está ocurriendo en nuestro país, si no de resultados inmediatos, sí para el porvenir.

El General Reyes parece estar tranquilo, y lo único que merezca referirse tocante á él es una plática que tuvo con el redactor del "Intransigeant" que se vió en la necesidad de rectificar algunos días después, porque el periodista había puesto en su boca conceptos poco favorables á algunos de los miembros del Gobierno.

Gabriel Madero, hermano del pretendiente, sigue aquí esperando el resultado de una segunda emisión que, fuera de la Bolsa oficial, ha hecho una casa mal acreditada, de bonos del F.C. Mexicano del Centro garantizados por el Estado de Zacatecas, y de los que hablé á Ud. en una de mis primeras cartas.

Sé que este joven Madero se expresa en términos reprobatorios de las tentativas de revolución.

El interés que tienen diversos miembros de esa familia en que pueda llevarse á cabo esta emisión de bonos, me pone perplejo tocante á la participación que se les supone en el movimiento revolucionario.

Por un lado, el apoyo moral que prestaron al pretendiente durante la primera parte de la campaña hace pensar que no se hayan detenido á medio camino, y sin embargo, está fuera de duda que muchos de los grandes negocios de la familia dependen, para su realización, del buen crédito del país en el extranjero.

Me permito indicar a Ud. la conveniencia de indagar si los fondos que ya obtuvieron en Julio para la construcción del F.C. Mexicano del Centro y que no han de haber excedido mucho de dos millones de pesos en efectivo, se han invertido ó no en ese objeto, lo que puede saberse no solamente con la noticia de las rayas de operarios, sino también con la compra de rieles y otros materiales.

Incluso encontrará Ud. un prospecto de esa misión que puesto en manos de Núñez podrá facilitar algunos datos de interés para la averiguación á que me refiero.

Otro individuo cuya presencia por estas tierras me ha llamado la atención, es José Ferrel, que después de haber pasado varias semanas en Londres está aquí llevando una vida al parecer muy regular, pues sale raras veces a la calle y recibe muy pocas gentes.

No me ha sido posible saber cuál es el objeto de su permanencia aquí, á menos que sea para la venta de los terrenos que, según recuerdo, posee en el Estado de Chiapas.

El martes último el Presidente de la República dio un almuerzo de treinta personas en obsequio mío, y el sábado me ofreció otro el Ministro de Relaciones, Sr. Pichon.

Tanto los anfitriones como los comensales manifestaron mucha simpatía hacia México y su digno Presidente, y fueron sumamente cordiales para conmigo.

Antes de concluir esta carta quiero hacer a Ud. presentes mis sentimientos de gratitud por la significación, para mí muy halagadora, del hecho de no haber aceptado mi renuncia, por más que circunstancias de familia, entre otras razones, me hagan desear vivamente volver á la vida privada.

De todos modos, puede Ud. contar, querido compadre, con la sincera devoción que siempre le he profesado, y con que al realizarse o fracasar la última parte de la conversión de la Deuda, regresará a su lado para seguir bregando, con el mismo gusto de siempre, éste su compadre y amigo que tanto lo respeta y estima.

José Ives Limantour



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