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Miércoles, 27 de julio de 2016

Detroit: mi deuda por un Van Gogh
Escrito por No disponible

Vincent Van Gogh, Autorretrato, 1887. Óleo sobre cartón, 34.9 x 26.7 cm.

Photo ©2013, Detroit Institute of Arts 

 

 

Detroit enfrenta serios problemas financieros. Desde 1950, la ciudad ha perdido la mitad de su población, el desempleo ronda el 18%, una tercera parte de las casas habitación están abandonadas y la deuda pública alcanza los $15.6 mil millones de dólares. Detroit está oficialmente en bancarrota. Ante esta situación, el gobernador del estado de Michigan Ryck Snyder nombró en marzo al abogado Kevyn Orr como administrador de emergencia para el manejo de la crisis.

 

Entre las posibles medidas se llegó a considerar la venta de la colección del Detroit Institute of Arts (DIA) —valuada en millones de dólares—, para contribuir al pago de la deuda. A pesar que el DIA es administrado por una asociación privada sin fines de lucro, el inmueble y la mayor parte de sus colecciones son propiedad de la ciudad, por lo tanto, podrían llegar a ser considerados como activos. Incluso, Kevyn Orr contrató los servicios de la casa de subastas Christie’s para que tasara la colección. Al día de hoy, sabemos que el remate de las obras no tendrá lugar debido a que el Fiscal General y el Senado del Estado de Michigan bloquearon la iniciativa de Orr. En el Senado se argumentó la decisión en base al Código de Ética de la Alianza Americana de Museos (AAM), que especifica que las ganancias provenientes de la venta de las colecciones deberán utilizarse únicamente en la adquisición de nuevas obras.

 

La pregunta podría ser: ¿y por qué habría de protegerse una colección que vale millones de dólares y cuya venta potencial remediaría las necesidades más apremiantes de la ciudad de Detroit como son el seguro al desempleo, la atención a los servicios educativos y el funcionamiento de las instituciones de salud? ¿Podría la venta de algún Van Gogh o Caravaggio, de un Rembrandt o de un Matisse, aliviar las finanzas públicas de la ciudad de Detroit de una vez y para siempre?

 

Por más extraño que nos parezca el caso norteamericano, estas cuestiones no nos deberían ser del todo ajenas. Si bien, en los Estados Unidos la economía de corte liberal ha llevado a que la mayor parte de sus museos sean instituciones privadas regidas por organismos y asociaciones sin fines de lucro, tradicionalmente la responsabilidad financiera en la manutención del patrimonio artístico no ha recaído solamente en manos de los patronos, sino que éstos, en conjunto con el Estado, conciertan medios y esquemas de colaboración destinados a garantizar la estabilidad y permanencia de las instituciones culturales bajo la premisa que son un servicio que eleva el estándar de vida de sus comunidades. Sin embargo, parece ser que poco a poco el Detroit Institute of Arts comenzó a depender más de los fondos públicos que de los privados, provocando así un indeseable desbalance en las aportaciones. Era predecible que tarde o temprano su patrimonio artístico se viera en riesgo, considerando que su óptimo funcionamiento dependía del panorama financiero de la ciudad en su totalidad.

 

En el caso mexicano, si bien algunos museos son regidos por fundaciones, asociaciones, fideicomisos y patronatos privados, la inmensa mayoría de ellos son administrados por el Estado. En este escenario, donde el Estado es el principal rector de las actividades culturales y “dueño” de las colecciones en los museos, sería impensable para muchos considerar siquiera el vender los objetos artísticos y culturales que resguardan con el fin de saldar una deuda o pagar la nómina municipal, por ejemplo. Pero no nos confiemos del todo, que en muchas ciudades de México la tentación es mucha, el patrimonio extenso y la deuda ¡enorme!

 

 

 



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