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Miércoles, 27 de julio de 2016

La dictadura de la taquilla
Escrito por No disponible

Una mujer y su hija observan una pintura de Vincent Van Gogh (Museo Kröller-Müller, Holanda) © Huub Louppen @SmithsonianMag

 

 

¿Para la supervivencia del museo es imprescindible la asistencia numerosa de visitantes? ¿Es lo popular sinónimo de éxito? Muchos críticos afirmarían que sí, que el público es la medida de todas las cosas y que el museo existe porque ellos existen. Nos convencerían de que el visitante tiene una especie de sabiduría natural que lo lleva a elegir lo que quiere y lo que no quiere ver. Nos dirían que la gente común no está interesadas en lo que al experto —entiéndase museólogo, curador o investigador— le interesa. Igualmente, argumentarían que a nadie le gusta invertir en una exposición que no alcanza a un amplio sector y que cuando las exposiciones son sobre temas difíciles, controversiales o demasiado modernos, los posibles patrocinadores se reducen o desaparecen junto con el tan deseado público potencial.

 

La postura contraria opinaría que lo popular no es el único indicador de éxito, que al público le gustan muy pocas cosas y que, al final, si el museo les hace caso, acabaría haciendo siempre lo mismo. Al respecto, la opinión de Jaime Cuadriello, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y curador de numerosas exposiciones: “Otro problema es la dictadura de la taquilla. No hay que dar lo que el público pida. Un curador debe ser ante todo una persona comprometida intelectualmente, con una enorme imaginación para hacer atractiva la exposición; pero no tiene que estar a merced de las demandas del mercado. Detrás de las masas están las presiones del mercado de las obras de arte. Cualquier exposición que revalora a un artista inmediatamente impacta en los precios del mercado. El curador debe tener una ética profesional muy sólida para no colgar o promover aquello que no posea sustento académico. El éxito de público no debe presionar la política de exhibición de los museos.”

 

Desde el punto de vista de la gestión de programas expositivos en los museos, idealmente las exposiciones con más éxito en taquilla “pagarían” las más especializadas, ofreciendo así un modelo económico done ambas fueran viables. En el peor de los casos, los museos sólo producirían aquello que atrae a las masas y doblegarían sus programas curatoriales a la oferta y la demanda. Desde cualquier punto de vista, del público depende el cumplimiento efectivo de una parte importantísima de la misión de los museos. Sin embargo, otras partes de esta misión son generar conocimiento, realizar investigación, fomentar la creatividad y ejercer la conservación.

 

El museo es muchos museos a la vez, donde cada usuario puede construir la visita a su medida. Asimismo, no hay tal cosa como un sólo público homogéneo que deba ser atraído por un “blockbuster”. Al respecto nos dice Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, que habría que estar preparados para recibir a visitantes de procedencias y formaciones diferentes: a un niño y a un adulto, a un aficionado y a un experto. Así que como no hay un sólo público, tampoco hay un solo tipo de éxito para el museo.



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