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Miércoles, 27 de julio de 2016

Arte no tóxico: el medio es el mensaje
Escrito por No disponible

Cuando estudiaba el octavo semestre de la licenciatura en restauración tuve mi primer contacto con las técnicas de grabado y de estampación. Entonces tomaba clases con un profesor de disposición pedagógica bastante intensa, quien estaba absolutamente empeñado en lograr que sus alumnos alcanzáramos un grado de expertise completamente impropio después de asistir a una escasa clase por semana. Sin embargo, en ese poco tiempo aprendimos la diferencia entre la talla dulce, la litografía, el aguafuerte, la mezzotinta, la serigrafía, el rotograbado y muchas cosas más; gracias primordialmente a que experimentamos en carne propia (sin eufemismos) varias de esas técnicas. Para pasar el curso era indispensable que grabar y estampar con la esperada suficiencia linóleo, piedras litográficas, planchas al cobre y al zinc, con punta seca, manera negra y aguafuerte. Todavía recuerdo el amasijo de sustancias corrosivas y las tintas apestosas relacionadas a todos estos procesos. Grabar y estampar era un trabajo que además de requerir de gran paciencia y precisión, requería de un espíritu temerario que no hiciera asco a tanto vapor desagradable, polvo irritante y líquido tóxico. Bussiness as usual, dirán los colegas restauradores.

Queda claro que varios de estos procesos y las substancias que necesariamente los acompañaban no eran precisamente benignos ni para la salud ni para la ecología. Confieso que por el exceso de confianza, en ocasiones tendíamos a manejar en el taller algunos reactivos químicos sin contar con la protección adecuada, y a posteriormente desecharlos irresponsablemente a través de la mágica alcantarilla. Un asunto de catastróficas consecuencias para el medio ambiente cuando hablamos de técnicas tan agresivas como el grabado al aguafuerte, el cual se realiza horadando la plancha metálica con una letal mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico (la famosa agua regia que disuelve el oro).

Por esta y varias razones me entusiasma muchísimo que en el Parque Fundidora de Monterrey esté a punto de inaugurarse el próximo 11 de marzo Notóxico, un encuentro internacional de grabado que no daña la salud ni el medio ambiente. De acuerdo a su página web[1] el evento va a constar de tres partes: una exposición de trabajos recibidos a través de selección por concurso, una serie de talleres impartidos por creadores y expertos en la materia; y un congreso con la presencia de especialistas provenientes de varios países. Todo esto bajo la premisa de difundir y buscar alternativas creativas que sean lo más inofensivas posibles para el artista y para el planeta, un ámbito que nos incluye a todos seamos o no creadores.

Creo que este encuentro tiene muchos rasgos que lo hacen relevante. Primero, admiro la vocación de los organizadores por ponerse en sintonía con la conciencia ecológica actual aportando un evento donde pueden compartirse experiencias, opiniones y sobre todo, arte realizado a través de medios inocuos. En un segundo plano, me causa muchísima curiosidad conocer estos medios llamados ecológicos, juzgar si realmente son tan novedosos como prometen y observar de primera mano los resultados expresivos que puedan obtenerse a través de ellos.

Volviendo un poco al pasado, a mí me queda muy claro que cuando realizábamos prácticas de grabado y estampación no era la intención de nuestros profesores el intoxicarnos poco a poco o el acabar gota a gota con el planeta (aunque me queda claro que contribuimos bastante con ambas cosas). El objetivo central era el otorgarnos la experiencia y la práctica necesarias para poder enfrentar a la estampa antigua y diferenciar las técnicas y procesos de la misma a través de las huellas distintivas que se imprimen en el papel por el trazo de la gubia, del buril, del ácido o del lápiz litográfico. Un conocimiento que me parece absolutamente indispensable para la correcta catalogación y datación de la obra gráfica.

Como reflexión final creo que el cuidado del medio ambiente relacionado a la noción de arte “no tóxico” es un síntoma más de nuestros tiempos de por sí tan sensibles y complicados, donde la corrección política ha alcanzado no solamente los contenidos temáticos de la obra sino también su técnica y materiales. En un complaciente giro retórico, el medio con el que se realiza la obra combinado con la idea de conservar el medio ambiente se ha vuelto parte integral del mensaje que puede, y quiere transmitirnos el arte contemporáneo.

 


KUNISADA UTAGAWA (1786–1864)
Escena imaginaria de mujeres realizando estampas
Estampa en Nishike–e
©Museo Británico, Londres
Fuente: Agence photo de la réunion des musées nationaux RMN


[1] http://www.artesvisualesnuevoleon.org/notoxico/index.html



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