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Miércoles, 27 de julio de 2016

Graciela Iturbide. Un viaje al centro de sí misma
Escrito por No disponible

Esa mañana de domingo tomé el taxi que me llevaría a la casa de la fotógrafa Graciela Iturbide en el barrio del Niño de Jesús, Coyoacán. Entonces me encontraba haciendo la curaduría de la exposición Graciela Iturbide. Un viaje al centro de sí misma, próxima a inaugurarse en el Museo Arocena. Graciela me dijo que al llegar a la dirección encontraría como señal un arco florido dedicado a la Virgen de Guadalupe. En efecto ahí estaba, en la calle y número señalados. Toqué al timbre y al poco tiempo me recibió la más reciente ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes. Ya cómodamente instaladas en su sala, platicamos del museo y la exposición, de sus nuevos proyectos, de las amistades de toda la vida y de los hallazgos e influencias algo inesperados.

 

Empezamos hablando de Manuel Álvarez Bravo. Tal vez lo que guió su mirada al principio de su carrera en los años setenta fue el consejo del maestro: “hay que ver mucha pintura, no fotografía, porque ahí se aprende la composición”. Graciela lo describió como “un maestro maravilloso porque escuchabas música con él, te recomendaba libros, ibas a ver exposiciones con él, y bueno, era un poeta, qué más quieres en la vida.” Hace una pequeña pausa y continúa: “Fui asistente más de la vida que de la foto. Aprendí mucho más con su ejemplo, el arte popular, las piezas prehispánicas que le gustaban, cuando se asombraba con algo que me enseñaba, de pintura o de foto. Fue un maestro muy peculiar como en la Edad Media.” A la pregunta de si ahora ella se considera una maestra para nuevas generaciones, para mi sorpresa contestó algo incrédula que no, porque de técnica no sabe mucho.

La reflexión se dirigió entonces hacia las influencias que ella misma podría reconocer ahora en su obra. Respondió que le encanta la pintura del renacentista italiano Piero de la Francesca y la filmografía de Andrei Tarkovski. En el campo de la fotografía, se inclina por Álvarez Bravo por supuesto, y por Robert Frank. También admira profundamente al ya fallecido Christer Strömholm -“lo adoraba”-, y al checo Josef Koudelka -“íntimo amigo mío”-. De hecho, gracias a la enorme amistad que logró entablar con ambos, Iturbide recibió a cambio varias de sus fotografías, las cuales atesora en los espacios más íntimos de su casa.

“Conocí a Strömholm en Suecia –cuenta Graciela- siempre me había gustado su fotografía. Lo visité varias veces y le dije que si podíamos intercambiar una foto, que si la podía comprar y me llegaron tres: un niño con caracoles, este travesti con la serpiente que lo tomó en París y la señora de Barcelona que es un travesti también.” [1] Después confiesa con cierta emoción, que “no me canso de ver al niño, es una imagen que me hubiera gustado hacer”.   

En el caso de Josef Koudelka, Graciela nos confió que cuando el autor ha visitado México, se ha quedado en su casa, durmiendo en un sleeping, como es su costumbre desde hace años. “Yo nada más tengo dos (fotografías) de Koudelka –prosigue- porque a nadie le da fotos y ya no vende. Le paguen lo que le paguen no las vende. Y mira que Koudelka es íntimo amigo mío. Me regaló el perro y los cohetes y yo decía ¡no puede ser! Cuando le dije quiero la del perro, el me contestó no, no, es muy difícil de imprimir, no te la puedo regalar. Es que Koudelka toma y muchas veces ni se da cuenta técnicamente de lo que hace, es tan artista que no le importa. El que sufre es su laboratorista”, haciendo referencia a una de las obras más célebres del fotógrafo checo titulada Francia de 1987.[2]

Fue a partir de estas imágenes, y en absoluta complicidad con la fotógrafa, que se realizó el proyecto de exposición del Museo Arocena. La intención era llevar a cabo un ejercicio de libre asociación ideas para encontrar -un poco inesperadamente para Graciela- la influencia de Strömholm y de Koudelka en su propio trabajo.  Ella misma afirmó: “Cuando tú me dices que haga una relación de quienes me han influenciado, son muchos (…) pero son influencias que van pasando por ti, se van filtrando (…) pero que poco a poco te van formando y en tu lenguaje van apareciendo. Tienes en la memoria ciertas imágenes, pero también hay que tener cuidado…cuando ves una que se parece demasiado, no puede ser. Pero me encantó la idea, porque a mí nunca jamás se me hubiera ocurrido.”

A través de este proceso de observación y comparación, vemos que Iturbide, Koudelka y Strömholm compartieron algo más que el oficio y la amistad. Son fotógrafos tenaces, disciplinados, con una enorme necesidad de explorar las profundidades de la naturaleza humana, para lo cual han realizado intensas labores de campo que podían durar años: Koudelka con los gitanos, Strömholm en el mundo del teatro y el travestismo, e Iturbide en las comunidades indígenas de Oaxaca y Sonora. La misma Graciela comentó para esta entrevista: “captar a la gente a través de la cámara (es) una manera de establecer complicidad con ellos, una forma de llegar a conocer su cultura, sus leyendas, sus costumbres. Al penetrar en otra cultura a través de la fotografía, comencé también a descubrirme a mí misma.”

Pero, ¿qué hay de los fotógrafos más contemporáneos? ¿Hay alguno que a Graciela Iturbide le interese actualmente? Me dijo que siempre le han intrigado las imágenes del brasileño Miguel Rio Branco –a quien propuso como candidato al premio a la fotografía internacional Hasselblad, que ella acaba de ganar el año pasado- y que le encantan las imágenes de la joven suicida, Francesca Woodman, cuya obra acaba de descubrir recientemente y a quien describe como “su heroína” mientras me muestra un libro con fotografías de esta autora. Igualmente se confesó ser seguidora de la obra del japonés Daido Moriyama, un autor a quien ella estaría muy contenta de conocer en una próxima residencia artística en Japón, “aunque no sé si él quiera conocerme a mí”.

Graciela está llena de nuevos proyectos relacionados a muestras fotográficas y a publicaciones sobre su acervo. Últimamente también se ha dedicado a formar una “pequeña colección de fotografía vernácula” que adquiere en mercados de pulgas como La Lagunilla en el DF, y de la que le gustaría hacer un libro. De estas piezas de fotografía de estudio antiguas o de snapshots de la vida cotidiana nos dice que le gusta “la mirada inocente del fotógrafo que no es profesional y que a veces puede tomar una foto mejor que los profesionales, ya sea por talento o por accidente”. En esta categoría ubica también a las “fotoesculturas” o retratos en tercera dimensión que le gustan tanto y de las que también ha comprado varias. Orgullosa, me presume que ya localizó a un artesano en la Villa de Guadalupe que todavía las hace: “cuando quieras te digo cómo llegar”.  

En su archivo trabaja “todos los días”, no sólo para mantenerlo en orden y bien cuidado sino también porque en ese proceso descubre imágenes que anteriormente había pasado por alto o que simplemente no recuerda haber tomado. Afirma que su gusto ha cambiado con el paso del tiempo y que en ocasiones, fotografías que le interesaban años antes, ahora no le interesan de la misma manera. En ese sentido, aunque no le molesta ser reconocida por sus obras más difundidas como la Mujer ángel o Nuestra señora de las iguanas, aseguró que estaría más contenta si se pusiera la misma atención en su obra más reciente. Por ejemplo, de la retrospectiva en la Fundación Mapfre de Madrid de este año nos cuenta que los organizadores querían usar para la portada del catálogo la imagen El señor de los pájaros y que ella prácticamente tuvo que suplicarles que pusieran una de sus fotografías más nuevas: Cohetes. Chalma del 2008.  Por suerte, se salió con la suya.

Entre risas nos cuenta: “la señora de las iguanas y la mujer ángel me siguen para todos lados. Bueno, ellas caminan para todos lados, yo ya no tengo nada que ver (…) tuve un sueño, que se quemaba mi casa, y yo decía ¡ay mis negativos! De los negativos salían (ellas) caminando ya como personas la mujer ángel con su grabadora y la señora con sus iguanas”. Prueba irrefutable de su autonomía…

Finalmente, a la pregunta ¿qué es lo que te impulsa a tomar una fotografía? Graciela Iturbide responde simplemente y con una sonrisa: “Tomo una foto cuando algo me sorprende, nunca pienso qué quiero hacer exactamente”.

Quiero aprovechar esta entrada para agradecer nuevamente a Graciela Iturbide y a su galerista Ramón López Quiroga por todas las facilidades prestadas para realizar este proyecto. Graciela Iturbide. Un viaje al centro de sí misma se presentará en el Museo Arocena, de septiembre de este año a marzo del próximo, como parte del festival Fotoseptiembre 2009 “Diálogo y memoria”.  

http://delmuseoimaginario.blogspot.com/

http://twitter.com/museoimaginario

[1] Se refiere a las obras de CHRISTER STRÖMHOLM (Suecia,  1918 - 2002): Jura, Suiza, 1949;  París, 1970 y Barcelona, 1959, en ese orden. Las últimas dos forman parte de la exhibición.

[2] Las otra obra de JOSEF KOUDELKA (n. Checoslovaquia, 1938) a la que Graciela hace mención se titula España, 1971, la cual estará en exhibición en esta muestra.


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