Blogs Artes e Historia México

compartir en facebook  compartir en twitter

 

Miércoles, 27 de julio de 2016

Luces navideñas a prueba del SME
Escrito por No disponible

Antes de 1900 pocas familias mexicanas podían considerar siquiera la posibilidad de alumbrar sus árboles de navidad con las series de colores intermitentes y monótonas melodías que invaden los hogares en estas fechas. Como están las cosas, podría ser que este alegre y casi inofensivo pasatiempo decorativo se vea amenazado por las diferencias no esclarecidas entre el gobierno federal y el Sindicato Mexicano de Electricistas, altercados que podrían llegar a provocar apagones en distintos sectores de la ciudad de México. A ustedes, los posibles afectados, les doy una opción: iluminar el árbol de navidad al estilo de finales del siglo XIX: con velitas, cómo no. Claro que sostener las velas en las ramas del pino, mantenerlas encendidas y no morir en el intento es una verdadera hazaña, un problema cuya solución podría estar en la sabiduría de los tatarabuelos que, si sus posibilidades económicas se lo permitían, podían tener un arbolito de navidad bien luminoso no matter what.

 

Para mantener las velas en su sitio tenía que hacerse uso de varios ingeniosos y en muchas ocasiones bellos artilugios que tomaban la forma de faroles miniatura y pequeñas linternas las cuales en muchas ocasiones eran fabricados en latón de colores –curiosamente todavía podemos conseguir algunos. Aunque también podía echarse mano de candeleros con motivos alusivos a la navidad, los cuales eran enganchados de las ramas y equilibrados estratégicamente mediante un contrapeso que también podía tomar formas decorativas muy adecuadas a la época como los ángeles, las estrellas y los niñitos dios.

 

Además de las velas, todavía en el siglo XIX se desarrolló otro sistema de iluminación navideña mediante el uso de una especie de bombillas de vidrio en las cuales se vertían casi a partes iguales agua y aceite. Estas bombillas translúcidas eran llamadas en los Estados Unidos “fairy lights”, un sugerente nombre que posiblemente haga referencia a su tenue y algo misterioso efecto lumínico. El uso de las “fairy lights” no era privativo del pino navideño, sino que también se les colocaban como centros de mesa y en los caminos de entrada a los portones de las casas. Hoy en día esta costumbre continúa, ya que es muy común decorar los hogares con distintos tipos de velas, algunas de las cuales se colocan en recipientes con agua donde se les ve flotar, claro hasta que alguien juega con ellas, llega y las hunde.

 

Pero el uso de velas y otras lámparas de llama abierta en la decoración navideña -y en la iluminación en general- no estaba exenta de ciertos peligros, además de representar para sus usuarios un sinfín de incomodidades. Con la finalidad de reducir en lo posible el riesgo de incendio, se preferían seleccionar para la decoración pinos muy verdes; además que para sofocar cualquier conato de fuego se mantenían cerca de los árboles cubetas llenas de arena. También estaba el asunto de la cera que goteaba y de la vela que humeaba, por no mencionar el continuo mantenimiento que significaba tener un arbolito bien iluminado, lo que era un auténtico capricho de millonario.

 

Pero no pasaría mucho tiempo para que los árboles de navidad fueran iluminados con lo último en la tecnología de su momento. Escasos dos años después del registro de la patente de la bombilla incandescente por parte de Thomas Alva Edison (1880), el entonces vicepresidente de su compañía eléctrica y socio comercial Edward H. Johnson, iluminaba por primera vez un árbol de navidad utilizando luces eléctricas. Solo podemos imaginar el gran impacto que debió haber tenido este calculado ardid publicitario en aquellos que llegaron a verlo en la ciudad de Nueva York, donde se llevó a cabo.  

 

No pasaría mucho tiempo para que en 1890, la compañía de Edison editara un folleto promocional donde ponderaba las ventajas de las bombillas eléctricas como mejor alternativa a la iluminación tradicional a base de velas. Casi inmediatamente, en 1892, General Electric adquiría la patente de la bombilla eléctrica a Edison -¿sería inspirado en el arbolito navideño?-,  iniciándose así una nueva era en la iluminación comercial en los Estados Unidos.  

 

General Electric lanzó al público su primer anuncio de luces navideñas eléctricas en 1900 bajo el nombre de “Edison miniature lamps for Christmas trees”. Éstas se introdujeron al mercado como pequeños focos que venían sueltos y empacados en cajas de madera, disponibles ya fuera para la venta o para la renta. Las ventajas de utilizar estas luces parecían ser bastante obvias para los consumidores: se evitarían el molesto humo, los residuos acumulados y los malos olores. Sin embargo, el riesgo de incendio seguía presente, ya que estos primeros focos despedían una gran cantidad de calor.

 

Otro inconveniente era que para nuestra actual extrañeza, los focos no venían montados en serie, es decir, que no estaban ya cableados, además que aún no se inventaban los sockets. Para unir las “series” era indispensable contratar a un técnico que las uniera y conectara a la red eléctrica de la casa. En fin, que para ese entonces resulta evidente que contar con un arbolito iluminado eléctricamente era casi una excentricidad, un auténtico lujo que sólo unos cuantos podían permitirse.

 

Ya para 1903, General Electric crea la primera “serie” armada de fábrica, pero fracasa en su intento de patentarla ya que la comisión encargada de juzgar su registro considera que esto no era propiamente un invento, sino solamente una adaptación a lo que cualquier técnico calificado podía hacer por sí mismo. De esta manera se dejó el camino libre para que cualquier otra compañía fabricara sus propias luces, situación que dio pie al nacimiento de la industria de las luces navideñas. Para 1907, al menos 5 compañías norteamericanas diferentes ya fabricaban las series de foquitos navideños, casi como las conocemos y utilizamos en la actualidad.

 

A manera de conclusión, quiero otorgar todo el crédito de la información contenida en esta entrada a la página web “The Antique Christmas Lights Museum”[1]. Este sitio es una iniciativa del coleccionista privado George Nelson, quien ha reunido casi una infinidad de objetos relacionados a la iluminación navideña, los cuales datan desde finales del siglo XIX hasta la década de los cincuenta.   

 

En esa página ustedes podrán encontrar casi cualquier información relacionada al tema: una línea del tiempo, ilustraciones con ejemplos de focos, conexiones y manuales de uso, además de las transcripciones completas de cómo debían utilizarse las luces. La información está muy detallada y dividida cronológicamente. Se incluyen fotografías nostálgicas con decoraciones navideñas, publicidad antigua, glosarios, patentes y una lista de fabricantes. Este sitio web contiene una buena cantidad de datos concretos, anécdotas y detalles varios sobre un objeto de vida cotidiana tan simple y tan común hoy en día como las series de luces navideñas.

 

Con esta entrada al blog damos por cerradas las actividades del presente año 2009. A los promotores, webmasters, colegas blogueros, seguidores y lectores ocasionales quiero agradecerles su tiempo, su lectura y sus comentarios. Nos vemos el próximo año para seguir dialogando. Que tengan una feliz navidad y un excelente año 2010 por parte del Museo Imaginario.

 


[1] The Antique Christmas Light Museum http://www.oldchristmaslights.com/index.htm



Lo último en No disponible

 

Retratando al escritor: la fotografía de Sara Facio
5 tendencias culturales para el 2013
¿Qué hace posible al museo?
Reflexiones sobre política de recaudación de fondos: el caso del Museo Rufino Tamayo
La cultura y los candidatos

 

 

 

Redes sociales