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Miércoles, 27 de julio de 2016

De Nueva York a Singapur: el mercado de arte contemporáneo
Escrito por No disponible

Recientemente llegó a mis manos el folleto publicitario de Art Stage Singapore, una nueva feria de arte contemporáneo que tendrá lugar el próximo año en esta ciudad del Pacífico. El texto promocional de dicho folleto muestra un léxico ambicioso, pero a la vez descriptivo de la actual situación geopolítica del continente asiático. Por ejemplo, se refiere a Singapur como la “Suiza de Europa” y describe a otras ciudades de oriente -Abu Dhabi, Mumbai, Delhi, Yakarta, Kuala Lumpur, Shanghái y Beijing, entre otras- como “metáforas urbanas de los auténticos giros tectónicos en la ampliación del paisaje cultural, económico y político”.

 

No sólo es que los organizadores de Art Stage Singapore nos quieran convencer a toda costa de la existencia de una nueva realidad, sino que en verdad hemos visto en los últimos diez años una expansión del mercado del arte más allá de las fronteras tradicionales de la creación y comercialización de lo contemporáneo. En este fenómeno inciden varios factores, de los cuales voy a mencionar únicamente dos: primero, el auge de las comunicaciones a distancia con el consecuente intercambio de imágenes y experiencias vía el internet y, en segundo lugar, el crecimiento económico exponencial que varias ciudades del medio y lejano oriente han experimentado en ese periodo. Cada región, cada país, cada ciudad que ha logrado establecer su presencia como un ente global activo -ya sea mediante el poder económico o bien, del desarrollo tecnológico- ambiciona alcanzar mercados que anteriormente parecían estar únicamente reservados a las viejas potencias ubicadas en otros puntos geográficos.

 

El mercado del arte no es la excepción a esta tendencia de crecimiento y por qué no, de diversificación económica y creativa. Hoy en día, las ciudades que fueron consideradas “mecas” del arte contemporáneo como Londres, Berlín o Nueva York parecieran haber sido vencidas en su supremacía por la expansión del mercado hacia regiones donde normalmente no hubiéramos esperado que existiera creación, circulación o comercialización de arte contemporáneo como Asia y el Medio Oriente.

 

En efecto, si durante mucho tiempo el epicentro del arte moderno fue París y luego lo fue Nueva York, ahora el arte contemporáneo se irradia desde casi todo el planeta. Para aclarar de manera simple cómo esto se hace evidente en el mercado del arte, va un dato concreto: solamente de finales del 2009 hasta principios del 2011 podemos contabilizar hasta 30 bienales internacionales de arte contemporáneo, las cuales se llevarán a cabo en puntos del planeta tan diversos como Taiwán, Brisbane, Taipéi, Alejandría, Filadelfia, Sao Paulo, Dakar, Bucarest, Liverpool, Beijing, Murcia, Gwangju, Berlín, Abu Dhabi, Nueva Orleáns y La Habana. Por supuesto que a mediados del 2011 tendrá lugar el más antiguo y prestigiado de todos los eventos: la Bienal de Venecia.  Aún así, creo que resulta evidente el incremento y ampliación de los circuitos internacionales del arte a una escala global.

 

El panorama del arte contemporáneo en el siglo XXI se ha expandido más allá de los centros de influencia de épocas pasadas. Sin embargo, el crecimiento económico en otras regiones del planeta y los adelantos tecnológicos en materia de comunicaciones, lejos de democratizar el acceso de la población mundial a los mismos satisfactores, parecen polarizar la experiencia cultural y por ende, las diferencias entre comunidades. Pero ésa es otra cara de la globalización que merece una discusión aparte.

 

En el mercado del arte contemporáneo ocurre al contrario: las fronteras se desdibujan y los creadores ofertan propuestas que tienden a mostrar un lenguaje común, no en el sentido de homogenización, sino en el sentido de habilidad de comunicación. Esta “descentralización” del mercado del arte es posible gracias a que existen coleccionistas, artistas y curadores -¿y público?- que comparten la misma atmósfera cultural, una atmósfera guiada por las teorías artísticas comprensibles para todos. Así se logra una especie de competencia lingüística, un lenguaje común: el lenguaje del arte contemporáneo. Evidentemente, no habría mundo del arte sin aquéllos que hablen y entiendan el mismo idioma, que conocen sus códigos y logran descifrar sus significados.

 

A manera de conclusión, posiblemente este lenguaje común sea el factor clave para comprender la expansión del mercado del arte contemporáneo más allá de sus fronteras tradicionales. La existencia de un acuerdo tácito entre todos los que forman parte de él y aquéllos que quieren ingresar a éste como dé lugar. En este escenario, ¿cuál sería la ventaja competitiva de la creación y comercialización de arte contemporáneo desde México?

 

http://www.artstagesingapore.com/



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