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Miércoles, 27 de julio de 2016

10 cronopios de Buenos Aires (segunda y última parte)
Escrito por No disponible

 

 

Como no hay plazo que no se cumpla, en esta nueva entrada del blog doy continuidad y fin a la lista de los 10 cronopios de la ciudad de Buenos Aires. Prosigamos.  
6.       Museo Evita: mi vida, mi misión, mi destino
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El Museo Evita abrió sus puertas en el 2002, al cumplirse el 50 aniversario de la muerte de Eva María Duarte de Perón y está ubicado en una antigua casa de la década de los veinte donde Evita fundó una asistencia infantil a finales de los años cuarenta. El museo tiene la misión de ser “una experiencia vital. Un lugar para sentir, conocer y comprender. Un ámbito que cuenta la vida y obra de una de las mujeres más importantes de la historia argentina con rigor histórico”. Imaginarán la dificultad de mostrar de manera objetiva “y con rigor histórico” la biografía de esta mujer que ha sido querida y odiada casi en la misma proporción. En la primera sala del museo, se establece claramente que alrededor de Evita se tejen tanto un mito negro como un mito blanco y que la exhibición se propone ofrecer los elementos necesarios para que el público se forme su propio juicio alrededor de Evita Perón. Es destacable que los recursos museográficos le dan un aire de  contemporaneidad  a la vida de Evita, por ejemplo, como música ambiental a lo largo de todo el recorrido se escucha “El capitalismo Foráneo” de la agrupación Gotan Project,  ¡bien por eso! Más información en: http://www.museoevita.org/

7.       El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires
El  MALBA es un must de la ciudad de buenos Aires y por sí mismo, merecería una entrada especial al blog. El génesis y gestión del museo son responsabilidad de la Fundación Eduardo F. Constantini,  y su funcionamiento es un paradigma a seguir en materia de acción cultural desde la iniciativa privada. Las obras de la permanente, su moderno edificio, los servicios que ofrece y la transparencia de sus finanzas son asimismo, ejemplares. También su programa de exposiciones temporales es extraordinario. Por ejemplo, a finales de agosto concluyó la muestra retrospectiva sobre el fotógrafo norteamericano Robert Mapplethorpe titulada  “Eros and Order”. La exhibición contaba con actividades complementarias, como  el  evento “Lo que la noche le cuenta al día”,  una lectura en voz alta de poesía que se llevó  a cabo en la misma sala de exhibición.  La velada cerró enorme con “Manifiesto” de Pedro Lemebel, poeta chileno: No soy Pasolini pidiendo explicaciones /No soy Ginsberg expulsado de Cuba / No soy un marica disfrazado de poeta/ No necesito disfraz/ Aquí está mi cara/ Hablo por mi diferencia/ Defiendo lo que soy/ Y no soy tan raro /Me apesta la injusticia/ Y sospecho de esta cueca democrática / Pero no me hable del proletariado/ Porque ser pobre y maricón es peor/ Hay que ser ácido para soportarlo/ Es darle un rodeo a los machitos de la esquinaEs un padre que te odia/ Porque al hijo se le dobla la patita(…). Para saber más de las colecciones y actividades del MALBA les dejo su página web, que también presume de muy buen diseño:   http://www.malba.org.ar/web/home.php  
8.       Artentino: diseños 100% originales
Pero si lo que quieren es ver, tocar y sobre todo ¡comprar! los objetos más hermosos y originales de todo Buenos Aires, no duden en darse una vuelta por Artentino. Con varias sucursales en la capital argentina, Artentino es una tienda que se distingue por exhibir y comercializar lo mejor del diseño argentino independiente. Cada local está ambientado con absoluto esmero, incluso la tienda de Av. De Mayo cuenta con su propia cafetería delicatessen donde puedes tomarte un delicioso capuchino sentado en cómodos sillones a lo Mies van der Rohe. Y bien vale la pena hacer una pausa entre compra y compra, porque hay muchísimo qué ver: objetos decorativos y funcionales para recámaras, baños y cocinas; libretas, bolsos, accesorios; lámparas, esencias, portaCD…todo un mundo. Yo me compré mi mate con decoración retro y unos “imanías” (imanes decorativos) para el refrigerador. El catálogo de productos puede consultarse en: http://www.artentino.com.ar/
9.       El mercado de San Telmo
En este antiguo barrio, el hábil observador podrá encontrar hermosos edificios que milagrosamente todavía guardan vestigios de su uso original, como es el caso de las cafeterías y otros establecimientos mercantiles. Entre todos ellos, se destaca el elegante mercado de San Telmo, el cual data de 1897. Al interior, su esbelta estructura en acero se alza por encima de los puestos que ofrecen las más variadas mercancías. Abundan las antigüedades, libros, revistas  y demás objetos de segunda mano, algunos de ellos francamente sorprendentes. Por ejemplo, en uno de los locales se venden números, sí números, de los que se usan para las casas. Estos refinados objetos, en apariencia insignificantes, están pintados a mano sobre metal esmaltado y son bellísimos. Si a usted se le ofrece alguna letra pues también, con suerte la puede encontrar.  Los compradores buscan y rebuscan entre letras y números como jugando una curiosa especie de lotería. La pregunta es: ¿y por qué no comprarse un número nuevo en la ferretería? En fin, que este mercado es un sitio lleno de tesoros esperando a ser pepenados.
10.   El diez
Claro que lo mejor  de Buenos Aires,  y de toda la Argentina,  son las fascinantes criaturas que la habitan. Personajes excéntricos, sensibles, melancólicos y sobre todo, profundamente inteligentes. Aprovecho este emblemático número diez de la lista –no puedo dejar de pensar en Diego Armando Maradona, cuando digo eso- para recordarlos en toda su brillante magnitud. Hasta la próxima que nos volvamos a ver. Mientras tanto,  sigamos caminando.
A la salida del Luna Park, un cronopio advierte que su reloj se atrasa, que su reloj se atrasa, que su reloj. Tristeza del cronopio frente a una multitud de famas [que remonta Corrientes a las once y veinte y él, objeto verde y húmedo, marcha a las once menos cuarto. Meditación del cronopio: “Es tarde, pero menos tarde para mí que para los famas, para los famas es cinco minutos más tarde, llegarán a sus casas más tarde, se acostarán más tarde. Yo tengo un reloj con menos vida, con menos casa y menos acostarme, yo soy un cronopio desdichado y húmedo”. Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales. (Julio Cortázar,Historias de cronopios y de famas, 1962)


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