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Miércoles, 27 de julio de 2016

¿Qué hace posible al museo?
Escrito por No disponible

 
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Escena de la película Ferris Buller's Day Off en el Art Institute of Chicago

 
 
Esta mañana llegó a mis manos la declaración de cierre del encuentro¿Qué hace posible al museo?, organizado del 17 al 19 de septiembre por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El evento fue coordinado por el Instituto de Investigaciones Estéticas, el Museo Nacional de Antropología y el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).
 
El encuentro reunió a 38 expertos, principalmente altos directivos que trabajan en instituciones relacionadas a la gestión pública de la cultura y de los museos en países de América como México, Brasil, Estados Unidos, Perú y Venezuela; además de España, Francia y Holanda. En el ámbito nacional llama poderosamente la atención la presencia de Francisco Labastida y de Rafael Tovar y de Teresa, ambos personajes muy cercanos a la maestra Teresa Uriarte, actual responsable de Difusión Cultural en la UNAM y candidata –en algunas discusiones de café– a presidir el Conaculta en una próxima administración. También fueron invitados como conferencistas Kenia López, presidente de la Comisión de Cultura del Congreso de la Unión, el Dr. José Sarukhán, quien fuera rector de la UNAM, y Nina Serratos, actual titular de Cultura en el Distrito Federal.
 
La asistencia al encuentro –estrictamente por invitación– fue bastante nutrida y me comentan que también muy participativa. Al último día del encuentro se llevaron a cabo mesas de trabajo coordinadas por el Comité Museológico, integrado por Renato González, Diana Magaloni, Graciela de la Torre, Magdalena Zavala, Laurencia Mercado y Jorge Reynoso, donde los asistentes compartieron sus puntos de vista, los cuales en términos generales se recogen en este documento de conclusiones que fue entregado al término.
 
Aunque el documento en cuestión no es una declaratoria como tal, expresa muy sintéticamente –en tan sólo dos cuartillas– las conclusiones generales de los profesionales de museo participantes. Interesante cuestión sobre todo ahora que México se encuentra frente a un posible giro de timón en las políticas culturales debido a la entrada de una nueva administración el próximo mes de diciembre. Y más interesante aún, considerando que muy probablemente la mayor parte de los participantes y organizadores del encuentro estarán en la primera fila durante el cambio.
 
Pero primero, lo primero. El documento define al museo muy en la línea de la nueva museología, como “centro de conocimiento y aprendizaje en los que se preserva y activa la memoria mediante la experiencia”. Continúa afirmando que el museo es un espacio de “consenso simbólico y conceptual”, pero también de debate. En palabras textuales, promueve “la pluralidad, la inclusión, la conciencia crítica y la mejora en la calidad de vida”.
 
Pero tal vez el verdadero meollo de la reunión y al cual se consagra el resto del documento es la llamada “autonomía del museo”, como una política que al ser hipotéticamente adoptada por el Estado –en su sentido amplio y particular– obligaría a “otorgar recursos, crear instrumentos legales o articular herramientas administrativas que permitan a los museos el desarrollo óptimo de sus funciones”. Evidentemente hay algo inoperante en el actual sistema de regulación de los museos nacionales, adscritos o no al Estado, que provoca que los profesionales de los museos deseen nuevas políticas facilitadoras de su labor cotidiana.
 
La declaratoria se cuida mucho de no caer en la controversia de la privatización del sector, al afirmar categóricamente que “en ninguno de los casos analizados durante el encuentro, la autonomía intelectual y de gestión de los museos reduce o matiza la tutela del Estado sobre el patrimonio cultural, el carácter inalienable de las colecciones o, en su caso, el carácter público de la propiedad de los bienes intangibles o tangibles, muebles o inmuebles”. Una afirmación válida en el ámbito de lo público, pero que excluye la legítima propiedad en el caso de las colecciones e instituciones administradas de manera privada, es decir, por iniciativa ciudadana y que en la actualidad no tienen un marco legal al cual acogerse como museos dejándoles el nebuloso estado deAsociaciones Civiles.
 
En resumen, el documento establece que para que los museos de México ganen su mayoría de edad y sean autónomos frente a su propia gobernabilidad, deberían realizarse las siguientes acciones, y aquí cito al Comité Museológico organizador: “a) conformación actual de los museos en México; b) marco jurídico y administrativo; c) fortalecimiento de las competencias profesionales; y d) impacto social, incluyendo a los grupos sociales que no asisten a los museo”.
 
El cuestionamiento sobre el marco operativo, sobre todo legal, de los museos en nuestro país se suma al debate sobre las reformas estructurales en otras materias como la fiscal, la de trabajo, la educativa y la del Estado. Esto no es pequeño asunto si consideramos que la cultura necesariamente es un eje transversal que lo atraviesa todo –economía, educación, turismo, desarrollo social, etcétera–, por lo que el pliego petitorio de los profesionales de la cultura no debería ser pasado por alto o tomado a la ligera en una reforma estructural de fondo.
 
Siempre que leo sobre la necesidad de reformas legales, pienso en México como un país de gran voluntad y tradición legislativa, pero también como un país de escasísimo cumplimiento de la ley. ¿Acaso será posible combatir en el próximo sexenio nuestra centenaria herencia histórica del “hágase pero no se cumpla”?
 
México ante lo legal es una nación de paradojas, o si se quiere, un país neurótico que busca el cambio pero no lo acepta, que propone leyes pero no las acata. Que a la cultura y a los museos no les ocurra lo mismo: el cambio –desde cualquier punto de vista– es inminente. ¿Queremos estar a la saga o a la vanguardia?


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