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Jueves, 04 de agosto de 2016

El crimen visual, conversión y destrucción de la cámara fotográfica
Escrito por Álvaro Rodríguez Luévano

La cámara es el vehículo de la reflexión visual y han consagrado su interés por comprender su sentido tecnológico y artístico, algunos fotógrafos contemporáneos ven en su destrucción material parte de su proceso de transformación. Ante el vertiginoso desarrollo de estos aparatos, siempre se piensa que lo último en producción fotográfica va acompañado de una producción sofisticada de los aparatos fotográficos. Lo cierto es que no sólo en su fabricación la producción fotográfica tiene lugar, también en la destrucción de lo fotográfico, en su contradicción tecnológica, en los defectos de sus prototipos ópticos y mecánicos.

 

De modo secundario algunos fotógrafos han perdido sus cámaras y sus películas al calor de las revueltas juveniles tras las golpizas policíacas, han recuperado sus aparatos del suelo, semi-destruidos y de esta destrucción involuntaria logran revelar los instantes de la violencia desde los despojos materiales. Otros fotógrafos prefieren como parte de su proceso proyectar con ira su cámara contra el muro, al estallar los aparatos en varios fragmentos intentan recuperar de ellos, la película entreabierta, lastimada, convaleciente; después revelan los restos de lo hallado. Unos no menos arriesgados prefieren seguir reflexionando desde la posibilidad de extensión del acto fotográfico.

 

Steven Pippin sin la arbitrariedad de la destrucción técnica nos muestra con Quantum Camera que el  disparo de su objetivo que viaja por un conducto réflex exterior de la cámara para generar un auto disparo que sale, viaja y regresa instantáneamente, de un modo absurdo, al mismo punto de partida del dispositivo, es el acto mismo de lo reflexivo, es el dispositivo infinito del espejo.

 
 
 
Actualmente Pippin presenta su trabajo Non Even (horizon) en el Centro Europeo de Acciones Artísticas Contemporáneas [CEAAC]1 en Strasbourg, Francia, donde prefigura el suicidio técnico del dispositivo réflex pero no el final estético de la imagen. Dicho de otra manera, se observa en su proceso radical un experimento de las variaciones ópticas, la instalación-performática incidental.
 
 
 
 
 
Pippin es un inconsolable amante del estenopo, un observador enamorado del ready made. Establece la morfología de la cámara en otros cuerpos de la modernidad. Aduce el cuerpo del crimen fotográfico en otros cuerpos fotográficos posibles. ¿Quién podría ser el peor de los asesinos de una imagen fotográfica?, ¿quién podría accionar el disparo fotográfico sin fotógrafo? Este inventor de cámaras de la vida cotidiana, las reincorpora en una lógica de producción visual fuera de foco, quebradiza cuya perturbación que exige  otro razonamiento.
 
 
 
 
Lavadoras, refrigeradores y todo lo que pueda transformar este artista es capaz de convertirlo en medios evocadores de la fotografía científica que produjo arduos debates sobre la mirada objetiva, las deformaciones ópticas, los defectos y la inexactitud visual. Otra vez el ojo lo coloca en el centro y en la mira del ojo. Sus aparatos producen un régimen escópico que escapa a la modernidad.
 
 
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1 www.ceaac.org/curator/pippin/index_fr.php


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