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Jueves, 04 de agosto de 2016

Disculpen la molestia
Escrito por Álvaro Rodríguez Luévano

Me gusta mucho cuando las expresiones del imaginario latinoamericano llegan a mí en otro idioma alterno al español y es que esta semana tuve la suerte de recibir por correo un texto de Eduardo Galeano titulado “Disculpen la molestia” traducido al francés pero que puede leerse en español.[1] Como la vieja estrofa de Monólogo que Silvio Rodríguez le dedicó a Teté Vergara y dice:
 
Disculpen la molestia, ya me llevo mi boca.
A mi edad la cabeza
a veces se trastoca.
En la alegría de ustedes
distinguí mis promesas
y todo me parece que empieza.
 
En la vuelta de la Historia y con los años de la vida no se puede más que discrepar del estado del mundo; Silvio Rodríguez como Eduardo Galeano evocan la pauta para regresar al pasado con una frase en las tesis Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin[2] refiriéndose al ángel caído, al ángel de los vencidos, al ángel cuya compasión observó la Europa que caía en pedazos y a ella, la historia le devolvió esa poca humanidad que la Segunda Guerra mundial no pudo arrancar del todo.
 
Dice Galeano en Disculpen la molestia: “A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego”.[3] En esta revancha de los relatos del tiempo, Galeano hace un extraordinario balance de los últimos tiempos de América Latina. Y parece estar pensando nuestra realidad con una extrema sensibilidad que no juzga como el historiador de las grandes escuelas de la palabra, sino como los filósofos y poetas que cuando se ausentan dejan un vacío entre tanto terrible vacío, pero alimentan la furia con la que el relato de lo cierto se hace verso, como los versos de Mario Benedetti y Rafael Escalona quienes partieron en esta semana de un planeta al revés.
 
Según un economista de Harvard llamado Jeffrey Williamson el deterioro conquistador y luego colonizador en América Latina es un mito de 200 años que debe aclararse. En la columna española de El País se lee un artículo que anuncia esta extraña posición del economista y que anunció en el marco de los bicentenarios latinoamericanos, que la idea de pobreza era muy reciente, y que no se había registrado antes una desigualdad como ahora la conocemos.
 
Una mujer llora durante la tormenta que causó 44 muertos y 300.000 desplazados en el deprimido Estado de Piaui,
en el noreste de Brasil, el pasado fin de semana.- REUTERS
 
Y quienes acuden a un revisionismo ahistórico son aquellos académicos que acusan a la historiografía crítica de seguir pensando los procesos sociales sin considerar que “la desigualdad tiene una patente de fabricación propia del siglo XX. Según éstos expertos rigurosos” argumentan: “Habrá discursos revisionistas críticos, los más, y alguno que otro que intente mirar hacia adelante”.[4] Williamson como otros analistas ahistóricos parecen leer libros que no han sido escritos aun, pero que tienen claros fundamentos de dominación simbólica e ideológica:
 
"En comparación con el resto del mundo, la desigualdad no era alta en la América precolombina ni lo fue durante la conquista y la colonización. Ni tan siquiera lo fue durante gran parte del siglo XIX. La desigualdad crónica de América Latina es un mito"[5]
 
El programa de redención que acuña Europa apoyado con voces norteamericanas de Harvard huele mal. No se puede ignorar que la noción de desigualdad le pertenezca a todo un proceso de periodos históricos y mucho menos podemos asumir que a través de un mito fundador fabricado en Harvard, se inscriba el origen de la desigualdad hace treinta años. Tampoco es posible argumentar que desde la conquista hasta los años de bonanza sesentera, América Latina vivió un periodo de paradisiaca igualdad que sostuvo el actual freno de “progreso civilizatorio” y que se debe a un esquema de desequilibrio nunca antes visto en otra época. Eduardo Matos Moctezuma transcribiendo las Cartas de Relación de Hernán Cortés, de los informantes de Fray Bernardino de Sahagún y de Bartolomé de las Casas nos dejan ver que lo dicho anteriormente por Williamson, es falso y además los textos de Cortés dejan ver en su estructura una visión de resignación y derrota cuya intención si fue escrita al antojo conquistador, podemos suponer la versación de la autorepresentación:
 
"Segunda Carta de relación de Hernán Cortés, en “las Cartas de Relación de Conquista de América”:
 
Libro VI, Capítulo XX
 
Del lenguaje y afectos que usaba, el padre, principal, o señor, para amonestar a su hijo a la humildad, y conocimiento de sí mismo, para ser acepto a los dioses y a los hombres, donde pone muchas consideraciones al propósito con maravillosas maneras de hablar y con delicadas metáforas y propísimos vocablos:
 
12.-Otra palabra quiero que oigas de mí, hijo muy amado, y nótala con gran diligencia: Sábete que has nacido en un tiempo muy trabajoso y en tiempo de mucha pobreza, porque yo, tu padre, estoy muy alcanzado, tengo mucha penuria; aunque nuestros antepasados fueron grandes ricos, no heredamos de ellos aquella riqueza y valor, más antes tenemos falta de todas las cosas; la pobreza es la que se enseñorea; y tiene sobre nosotros su principado; somos tus padres ancianos y viejos, y muy necesitados.
 
13.-Hijo mío, si quieres ver esto, sea así, mira el hogar de esta casa, mira donde se hace el fuego y verás que no hay sino pobreza y grande necesidad, que apenas alcanzamos abastanza de comida y bebida, y asimismo padecemos necesidad de vestuario y por todas partes padecemos frío, no tenemos con que nos cubrir; míranos y verás que todos los huesos se nos perecen de flaqueza y necesidad de mantenimientos, y eso por la bondad de nuestro señor y nuestros pecados; mira a tus primos menores y a tus primas, mira si tienen abundancia, mira si están gordos y recios y si tienen las cosas necesarias, y si les sobran los mantenimientos y las vestiduras ¿no los ves en cuáles andan en suma pobreza?
 
14.-Todos están llenos de cumplida miseria (y) en tal estado, en tanta pobreza, no hay oportunidad de levantar la cabeza ni tener brío, porque esto sería cosa de borrachos y de gente vil, tener presunción o altivez en tanta pobreza y miseria como hay dentro de esta casa, y como la tienen los que en ella moran, es ocasión de humildad, y de tristeza, y de traer la cabeza baja, porque en tal tiempo has nacido.[6]
 
Sobre el tema de la transcripción, la interpretación y la adaptación de los cantares nahuas y las crónicas españolas Miguel León Portilla, Tzvetan Todorov y Nathan Wachtel han trabajado en sus respectivos enfoques de análisis textual en códices y otras fuentes coloniales.
 
Pareciera que Harvard continua produciendo pasados asépticos que deliberadamente borran las responsabilidades históricas de las visiones políticas que sustituyen por otras más confortables. La historia de los vencidos se sigue escribiendo, como bien lo muestra Galeano con o sin Harvard, con o sin festejos bicentenarios de las independencias latinoamericanas. Las cosas siguen tan mal y permanecen tan cómodas para los verdaderos saqueadores de la historia de AL, que las voces descolonizadoras y subalternas parece tener cada vez más despiertas sus actuales metas frente a la opresión de la guerra declarada y del daño causado.
 
Los amigos de la nueva aristocracia neoliberal muy ilustradamente han optado por guardar en los anales de su imperio aquellos trofeos de victoria que en otrora conquista espiritual, les había servido ya para mostrarnos a su dios "el verdadero" pero también para enseñarnos, lo que debiera se nuestra propia creencia del pasado ya mejorado y domesticado en los libros para la educación del pueblo, ya en las vitrinas en donde se muestran vencidos los ídolos de nuestros viejos ancestros. Si discurrimos de la versión aséptica del pasado y de la visión de los vencedores, entonces deben aceptar que la historia de los vencidos, los derrotados y los sometidos se ha escrito, se ha narrado y tiene una identidad autónoma desde hace siglos. Será complicado entonces creerle al rey de España, a Francis Fukuyama y a Williamson de que el estado actual de Las venas abiertas de América Latina sea tan sólo una tesis controvertida que deba tomarse simplemente como un perfecto regalo diplomático.
 
No se puede dar “un pistoletazo señor rey de España” y mucho menos celebrar absurdamente la pérdida de la hegemonía colonizadora negando paralelamente la historia de la miseria, el saqueo, los asesinatos, la violación y la explotación de las empresas que emprendieron sus antecesores. No se trata de evitar el embarazoso perdón con el que Juan Pablo II por ejemplo se vio forzado a pactar en la nueva era de la moral post concilio Vaticano II. Menos aun su corte puede conmemorar un proceso social y político que simbólicamente celebra la separación definitiva del yugo histórico al que sometieron a los pueblos latinoamericanos. El estrabismo y la amnesia histórica pueden regodearse en una pulcritud de las cortes reales posmodernas.
 
La historia del avasallamiento de los pueblos originarios en América Latina tiene muchísimas cosas que recordarle a los alérgicos del pasado y que a propósito de estos doscientos años de desplazamiento, engaños y deshonestos maltratos sus adversarios crecen en sus miradas, en la fuerza de sus manos, y en la furia de sus pensamientos intensifican el presente, como un temblor en la tierra, un incendio, un rugido en la selva. La resistencia de este letargo histórico que para su corona son míticos, para nuestra memoria son motivos suficientes para imaginar un relato histórico escrito sin tregua, hecho por nosotros y nunca jamás escrito por las monarquías y menos aun por los economistas oportunistas de Harvard.
 
A todo esto pienso que para una buena celebración del los bicentenarios de las independencias de América tendrán que liberar y devolver de sus archivos y repositorios: códices, piezas arqueológicas y objetos que nos han sido sustraídos desde hace muchísimo tiempo de tierras latinoamericanas. Estos saqueos son tanto más antiguos que los procesos de liberación de la corona Española y que en todo caso si lo reparan nos dará alegría verlas recuperadas como un gesto de reconocimiento cultural de "su reino".
 
 


[1] Eduardo Galeano, Disculpen la molestia, Pagina 12, Argentina, 8 de mayo de 2009. Disponible enhttp://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2009-05-08.html consultado en mayo 09.
[2] Walter Benjamin, Sobre el concepto de historia, México, Trad. Bolívar Echeverría, Ed. Contrahistorias, 2004. Texto disponible en: http://www.bolivare.unam.mx/traducciones/concepto_historia.html
[3] Galeano, op cit.
[4] Fennando Gualdoni, El bicentenario de América Latina, Contra un mito de 200 años, El País, Madrid, 12-05.09. Disponible enhttp://www.elpais.com/articulo/internacional/mito/200/anos/elppgl/20090512elpepiint_6/Tes co
nsultado en mayo 09.
[5] Palabras de Jeffrey Williamson, profesor emérito y ex director del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, en la conferencia sobre desigualdad en la historia económica que organizaron el Instituto Figuerola de la Universidad Carlos III y la Fundación Ramón Areces la primera semana de mayo de 2009 en Madrid. en Gualdoni, op cit.
[6] Eduardo Matos Moctezuma, Vida Pasión y muerte de Tenochtitlán, México, Ed. Fondo de Cultura Económica, 2003, pp. 55-56.


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