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Jueves, 04 de agosto de 2016

La construcción de un mito, la reproducción de un símbolo (cuarta parte)
Escrito por Álvaro Rodríguez Luévano

4) El mito de la silla presidencial, Júpiter y Napoleón

 

El mueble dorado, la llamada silla presidencial, es en efecto un mueble que formaba parte de inmobiliario del Palacio Nacional desde la época de Juárez. Su dorado permite apreciar el tallado y las figuras que componen la silla: es el aguila republicana la que sobresale a la espalda de Villa, un aguila que asemeja a el águila imperial y que pareciera salir de un resplandor solar que en su cumbre destella un gorro frigeo (símbolo de la libertad de las naciones).

 
Los decorados avanzan por los bordes del mueble en ornamentos decorativos de un estilo barroco. En las patas del mueble ya se pueden ver un aguila por cada pata que sostiene el cojin donde reposa el caudillo. Los muebles donde reposan Emiliano Zapata, Urbina y Montaño son de un color oscuro y luce quizá por su alto respaldo y tallado de madera en cuya base dorada carece de brillo.
 
La pictoración de la foto hace ver la mezcla de personas que se encuantran ahí. Taibo II sostiene que se trata de desconocidos, pero es muy seguro que se trate de personas que acompañaban a los generales desde sus campamentos en los hoteles cercanos al centro de la capital. Parece presenciar la escena un norteamericano en un segundo plano. La descripción de Bernard Oudin de esta imagen es interesante:
 
Le contraste est frappant entre Villa et Zapata, le regard sombre et fiévreux. L´énorme fauteuil doré –presque un trone– sur le quel est assis Villa, est celui du president du Mexique… Un simple geste de derision, le temp de la photograpie, mais qui ilustre le mepris dans laquelle Villa tient les autorités officielles… A droit de Zapata un des chiefs zapatistes, Otilio Montaño. A gauche de Villa, tenant à la main un masque colonial, Tomas Urbina, un de ses premieres compagnons.[23]
 
Bernard Oudin estaba cerca de definir el poder de la imagen de esta fotografia cuando dice “casi un trono”, en realidad prefirió medir su juicio. El razonamiento de Oudin no es exagerado, ni básico, ni arriesgado, es simplemete de una observación que salta al efecto de pictorización, al tamaño del mueble a sus componentes y a la disposición de los elementos que están organizados en la fotografía.
 
Esta imagen muestra con más claridad su mensaje que las otras imágenes de la misma fotografía.
 
Fotografía (B)
 
- Fotografía (B), Villa y Zapata en la silla presidencial.
 
Esta imagen tiene en particular una variación notable. En un segundo plano del lado derecho de la fotografía aparece un personaje de bigote que estaba ausente en la photografía A y A1, y quien al tomar el lugar de otra persona lo obliga a abandonar la escena. En el primer plano, el reportero desaparece de la toma, también el personaje recortado del lado izquierdo en la photografía A1.
 
Emiliano Zapata mira fijamente hacia el frente donde se ubican los fotógrafos de la sala. El norteamericano del lado izquierdo del segundo plano deja de sonreir, algunos niños estan más atentos a la toma. Esta imagen no tiene marca de la Agencia de Casasola lo que indica que pudo haber sido tomada por algun fotografo independiente y posteriormente fue vendida a la agencia de Casasola como lo constataremos en la fotografía B1.
 
Fotografía (B)1
 
- Fotografía (B)1, Villa y Zapata posando para la posteridad, Col. Archivo Casasola, INAH.
Foto para prensa N.6., en: Pancho Villa Life in Corridos.
 
Esta imagen es interesante, seguramente recortada mucho tiempo después, pudo haberse usado en la prensa para ilustrar. La leyenda Villa en la silla presidencial se canoniza con la marca del crayón blanco. Tiene el número 6 que ocuparía en alguna secuencia de imágenes. Y el recorte es interesante porque permite situal a los dos caudillos revolucionarios en el contexto de la silla presidencial. La importancia que se le da al mueble indica que los actores de la imagen se han posesionado del mueble. Montaño se queda fuera de la toma, respetan ligeramente a Tomás Urbina pero es cortado, hay una exigencia de concentrarse en un primer plano con Villa e inmediatamente después con Emiliano Zapata, son dos niños que logran salir a espaldas de los caudillos.
 
Semánticamente la toma del poder por vía de la silla determina el motivo de la imagen. Aunque distraido es finalmente Villa quien queda sentado en la silla presidencial y no Zapata. Pareciera entonces existir una orientación y una fijación al personaje de Villa que produce una conducta de atrevimiento y osadía por parte de los caudillos. Los valores invertidos de revolucionarios y soberanos genera un campo de ambigüedad y osadía que en el imaginario popular ya se le conocía a Villa tras haber invadido el territorio y destruido una ciudad en los Estados Unidos. Zapata se inmortalizaría como aquel general que había cedido su lugar al Centauro del norte Francisco Villa, tras argumentar que la silla no era para él. Este pacto con los años se difundirá a través de la fotografía, será motivo de mitificación y inspiración popular. Arnold Belkin utiliza la fotografía para fijar en un solo momento la toma del poder de los jefes revolucionarios.[24]
 
La imagen de la silla funcionará como una alegoría de la unión de los ejercitos revolucionarios y de un breve momento de estabilidad deseada pero nunca lograda. La imagen de Arnold Belkin fundirá las fotos A y B en una sola imagen la de Villa y Zapata como hombres de carne y hueso pero también de una solidez metálica y una estructura infranqueable.
 
- Arnold Belkin, Llegada de los Generales Emiliano Zapata y Francisco Villa al Palacio Nacional 6 Diciembre 1914, Col. Galería Flirck de Thiskidgotmoxie/ Simon.
 
Sin duda esta imagen es sumamente compleja debido a los dos campos que muestra el autor, el presente: la revoluvión vivida y el pasado; la revolución recordada. Son los cuadillos quien ofrecen su cuerpo en sacrificio para el proyecto revolucionario y que en un sentido alegórico son equilibrados. La silla recobra un brillo y un estatus de trono imperial. Paco Ignacio Taibo II va a sugerir, como muchos otros historiadores y biógrafos revolucionarios, que la silla presidencial es una construcción simbólica a partir del momento en el que Villa y Zapata consagran su encuentro y celebran la unión de los ejércitos libertadores.
 
En realidad el problema surge cuando aislamos la imagen del “mueble real” y lo definimos como objeto y atributo del poder.
 
La imagen de la silla presidencial tuvo a mediados del siglo XX un significado que Elia Kazan reproducirá en un fragmento de la película Viva Zapata.[25]
 
             
- Juan O´Gorman, mural El feudalismo de Porfirio Díaz, Col. Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec (sala 11), Conaculta-INAH.
 
-Silla presidencial de Benito Juárez.
En: Enciclopedia de Historia de México, Kalipedia, Ed. Santillana.
 
Existe un pequeño mural intitulado “El Feudalismo de Porfirio Díaz” del pintor Juan O´Gorman, que se ubica en la sala 11 del Castillo de Chapultepec y que alude a la etapa de desigualdad que sostuvo Porfirio Díaz durante su administración. El simbolismo que le otorga O´Gorman a la silla presidencial se inscribe en uno de los iconos más emblematicos del del poder y más efectivos en el lenguaje de la pintura de historia en México. Vemos como Díaz aparece sentado en una postura sedente, ministerial, resolviendo las peticiones de un pueblo que suplica arrodillado frente al Rey, una alegoría que se utilizó y se explotó en los cuadros que hacían parte de la propaganda napoleónica. La imagen es deficiente, pero si logramos observar con cierto detenimiento en este arco se establece una correspondencia entre la explotación de los indios y del otro costado el cuerpo plenipotenciario del soberano que se muestra indulgente y compasivo.
 
     
- Maximilian's throne, John L. Stoddard, México. 9na parte. Disponible en http://chestofbooks.com/travel/mexico/John-Stoddard-Lectures/Mexico-Part-9.html (consultado el 14 de enero de 2009).
 
- Enrique Delauney, Retrato de Benito Juárez en 1958 (copia del original de Tiburcio Sánchez, efectuado en 1889), representa el salón de gobierno de Juárez.
 
En el museo de la Revolución Mexicana actualmente se conserva el mueble donde Villa inmortalizó la toma de poder junto a Emiliano Zapata. Sin duda debemos establecer que Oudin tenía razón: más que una silla se trata de un solio, y más que un solio se trata de un trono de estilo imperial. Nuevamente Paco Ignacio Taibo II precisa que se trata de una silla de la época de Maximiliano, y en efecto el mueble es cercano a la época de Maximiliano, pero hay que decir que a él no le perteneció.
 
Se creyó por mucho tiempo que esta mueble era propiedad de Maximiliano por estar resguardado en el Castillo de Chapultepec, del cual despues sería mudado al museo de la Revolución.
 
El trono de Maximiliano
 
Cierta disposición de elementos hicieron caer a varios estudiosos del la historia política de México en la confusión de que este mueble le perteneció a Maximiliano. Tal es el caso de John L. Stoodart, quien es su libro México, 1901, incluye una imagen de la silla tomada de una habitación de Juárez en Palacio Nacional. Stoodart comenta:
 
This Prince, in April, 1864, having renounced his rights to the throne of Austria, sailed with his wife, Carlotta, for the land where they aspired to found a new and glorious dynasty. They were both young; he was but thirty-two, and she only twenty-four years old. The prospect was alluring. Napoleon III. had pledged his army and his treasury to keep them on the throne; and they looked forward to the time when Mexico, reclaimed from anarchy, would, under their beneficent sway, assume her place among the nations of the earth,—a close ally and protégé of the Old World.[26]
 
Benito Juárez había sido uno de los detractores más fuertes al Imperio francés, y se dice que la Academia de Artes y Oficios le había hecho un obsequio regalándole un solio.
 
Se sabe que Benito Juárez habitó Palacio Nacional, y con su muerte Porfirio Díaz, en el año de 1887, hizo algunas modificaciones a la vieja habitación del ex mandatario para hacerle un homenaje develando una lápida. Un lienzo de Benito Juárez, 1958 de Enrique Delauney, copia del original de Tiburcio Sánchez realizado en 1889 y muestra los salones donde gobernaba Juárez.
 
Otra imagen donde aparece un solio parecido pero que sin duda pudiera ser la fuente de la confusión, es un retrato de Maximiliano de Hasburgo que se ubica en el museo de Historia del Castillo de Chapultepec. Maximiliano aparece con el traje de colonel, y con los atributos imperiales: el manto imperial, el bastón de mando, la mano de la justicia, condecorado por la legión napoleónica, las pilastras del imperio se muestran en un segundo plano, las cortinas rojas de la corte imperial, el cojín y la corona atributos de la potencia y estabilidad del imperio.
 


- Retrato de Maximiliano, Col. Museo Nacional de Historia Castillo de Chapultepec, Conaculta-INAH.
 
Sin duda la historia de los tronos [27] es vasta y tiene sus origenes en los primeros basamentos de culto ceremonial y sacrificio. Más tarde el trono deviene en la silla de los gobernantes.[28]
 
Un estudio de Andre Barbault sobre este tema me permitió comparar las alegorías de Júpiter y la mezcla entre las águilas y Zeus. Se trata de una interpretación del imaginario astrológico que bien puede relacionarse con la imagen del centauro Villa sentado en la silla presidencial de Palacio Nacional. Podemos interpretarlas como alegorías del centauro jupiteriano:
 
Comment Jupiter, apparenté à l’élément Air, pouvait-il, parmi les espèces de la création, être mieux accouplé emblématiquement qu’avec le roi des oiseaux, le souverain volatile aux ailes déployées, planant majestueusement, son vol sur les cimes embrassant la plus vaste étendue aérienne dans une plénitude d’essor spatial? Le processus jupitérien est essentiellement, dans son élan vital, dilatation, expansion, épanchement, diffusion, épanouissement, essor, plénitude. Dans la dialectique du couple Jupiter-Saturne, le premier symbolise autant l’espace que le second le temps.[29]
 
A partir de las alegorias de Jupiter podríamos interpretar que el significado de las águilas de la silla elevarían al caudillo Villa a la cima de la victoria revolucionaria. La imagen estaría relacionada con un sentido de omnipresencia de quien domina el cielo y que, al fundir el vuelo de las aves con la fuerza de Júpiter, conjunta estos dos elementos.
 
      
   
Imágenes de Júpiter y Zeus:
1. Roger-Jean Ségalat, Encyclopédie de la Divination, Tchou, 1965.
2. Joannes de Monte-Snyders, Chymica Vannus, 1666. Reproduite notamment par Le Jeu d'or de Stanislas Klossowski, Thames et Hudson, 1997.
3 y 4. Documents de la Bibliothèque Nationale de France. Reproduits le premier dans Galilée, le message des dieux,de Jean-Pierre Maury, Découverte Gallimard; et le second dans le Sagittaire du Seuil, dernière édition.
 
Este principio, como mejor lo explica Barbault, a nuestro juicio se encuentra también de la imagen que hizo Goubaud Innocent-Louis (1783-1847), un dibujo de Napoleón, [30] en donde se muestra al soberano sentado en un trono dominando al mundo y cuyo simbolismo expresado en las aves del trono asegurarían la estabilidad de su vuelo y su mandato.
 
 
 
     
- Ingres, Jupiter et Thétis, huile sur toile ; 324 X 260, Col. Musée Granet, Aix-en–Provence, PF 11, signé localisé, daté B. D. Ingres Rome 1811.
 
- Innocent-Louis Goubaud (1783-1847), Dibujo de Napoleón.
 
Las representaciones cristianas y reales de los soberanos son vastas. De manera que tan sólo la propuesta de enumerar esta breve genealogía para aclarar un poco la confusión iconográfica del “solio presidencial” que pone sobre la mesa de estudio: la importancia de la imagen jupitereana de los mandatarios. Ingres es uno de los pintores que materializó una de las imágenes más efectivas del poder. La alegoría de un Júpiter cuya potencia lo inscribió en la lista de los más grandes pintores de Europa occidental y cuyo retrato simbolizará el poder de la Europa napoleónica.[31]
 
De la misma forma, Napoleón 1ero en el trono impérial [32] es consagrado como una de las imágenes más representativas de lo sobrehumano. Todos los atributos serán importantes pero el trono será el elemento que establecerá su victoria en la tierra:
 
- Jean Auguste Dominique Ingres (1780-1867), Napoléon 1er sur le trône impérial en costume de sacreca. 1804, huile sur toile, Paris, Col. Musée de l'Armée.
 
La mano de la justicia, cetro de Carlos V, las esferas de Ivoire del sillón, el respaldo a manera de aureola, el águila inquietante que despliega sus alas en un tramo del tapete que se une desbordando los terciopelos rojos y de los forros heráldicos deslumbrantes.[33]
 
La descripción formal de esta pintura por Jérémie Benoît afirma que:
 
Tenant les regalia, ou mains de justice (sans doute apparues sous Saint Louis), et sceptre de Charlemagne qui dessinent un triangle s’ouvrant vers le ciel, l’Empereur est assis sur un trône dont le dossier circulaire rejoint l’ample collier de la Légion d’honneur et forme comme une auréole autour de sa tête. Ce trône est posé sur un tapis orné de l’aigle impériale aux ailes ouvertes, comme s’il était emporté vers le monde sacré. Ingres n’a en effet retenu de Napoléon que le côté divinisé de l’homme providentiel. C’est cette immatérialité de la figure de l’Empereur, encore accentuée par les plis du lourd manteau de velours rouge brodé d’abeilles, symbole impérial, manteau qui semble nier toute la réalité du corps, qu’a peinte Ingres. Bien que statique, l’œuvre apparaît pourtant élevée au ciel par l’aigle. Proche des représentations médiévales des souverains germaniques de la dynastie ottonienne (mais le critique du Mercure de France parla de Dagobert!), le tableau d’Ingres rompt avec toutes les représentations traditionnelles des souverains, depuis Titien et Van Dyck. L’image qu’il donne de Napoléon est celle d’une sorte de dieu, véritable Christ Pantokrátor byzantin, totalement désincarné.[34]
 
La alegoría del poder pintada por Ingres difiere de la alegoría de la fotografía de la silla presidencial en donde la primera imagen representa un poder absoluto y la segunda un poder compartido.
 
 
(CONTINUARÁ...)


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