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Jueves, 04 de agosto de 2016

De mujeres mariachis y de la música como leal amiga
Escrito por Angélica Abelleyra

<p">Ahora que México presentó ante la UNESCO la candidatura del mariachi para formar parte de su lista de patrimonio inmaterial, traemos un retrato de Xóchitl, el conjunto femenil de mariachi con 29 años de vida, muchos obstáculos en el camino pero que persiste en su gusto por la música mexicana. Las voces son de Ramona Madera, directora del grupo, y de las integrantes que tocan trompeta y violín: Guadalupe y Eugenia Jiménez. Aquí quedan: Han tenido que lidiar con impertinentes en palenques y caciques de pueblo. Convencer a sus maridos, y a veces dejarlos, para ejercer con menos obstáculos su gusto por las rancheras. Y han hecho de tripas corazón cuando sus colegas varones les recomiendan regresar a sus cocinas para hacer las tortillas en lugar de seguir en el escenario como su competencia o lo que ellos califican de un grupo de tachuelas por aquello de ser bajitas y usar sombrero charro. No ha sido fácil, pero el Mariachi Femenil Xóchitl lleva 29 años de tener a la música como su medio de vida y alegría. Ramona Madera (Jalisco, 1959) es la directora del grupo que dio sus primeros pasos en Veracruz allá por 1977, pero se ha afianzado desde 1982, con bases sólidas en una carrera constante y en ascenso. Toca la trompeta, el acordeón, y también compone. Su seriedad aparente se suma a una firmeza que dulcifica con sonrisas cuando habla de uno que otro golpe lanzado para detener borrachos. Guadalupe Jiménez (Guerrero, 1968) se autonombra la payasa del conjunto. Dice que no le da pena hacer el ridículo y desafiar a cualquiera en sus apuestas de que tirará la botella de tequila que hace malabares en su cabeza mientras zapatea, mueve el pañuelo en una mano y sostiene el micrófono con la otra. Nadie le ha ganado. Está a cargo de la guitarra, la vihuela y a veces la trompeta. Eugenia Jiménez (Guerrero, 1980) destaca por su timidez. Habla a cuentagotas y es la más joven del grupo. Antes le gustaba tocar la trompeta pero le dolían los dientes y su naturaleza frágil le impidió seguir con los alientos. Ahora se acompaña del violín. Las tres forman parte del grupo de trece que recorre el país, Estados Unidos, Colombia y España entre fiestas populares, palenques, restaurantes, casas particulares y lobbies de hotel. La idea de un mariachi sólo de mujeres surgió en Nogales, Sonora, donde Ramona vivía con sus padres y tres hermanas, como ella, entusiasmadas con el canto y la guitarra. Cuando conocieron a una persona que las invitó a la ciudad de México para ser parte de un conjunto femenil ya existente, convencieron a su mamá para que las dejara venir al DF apenas quinceañeras. La desilusión fue grande cuando comprobaron que el mariachi era mixto y ellas tenían pocas oportunidades de crecer. Se retiraron pero la semilla del proyecto había germinado y vio sus brotes en Veracruz, con cinco integrantes. Aquél grupo tuvo una corta vida pues Ramona casó a los 18 años, tuvo a su primer hijo y un período de retiro por cuatro años que ocasionó la desintegración. Sin embargo, el Mariachi Xóchitl se conformó en el 82, continúa a la fecha, aunque Ramona se separó del marido porque “no compartía mi gusto por la música”. No se ha vuelto a casar y es “la feminista” del conjunto. Guadalupe dice que tiene una historia de Cenicienta. Su único antecedente musical eran los gallos que sus tíos daban para conquistar muchachas en Acapulco. Pero su gusto por la cantada y la guitarra se materializó cuando conoció a Ramona, fue nana de sus hijos y luego se convirtió en mariachi al cubrir a una integrante faltista durante una gira en Acapulco. “Me lancé llora y llora porque nunca fue mi intención ser mariachi y ahora se me hace padrísimo. Yo lo siento más que mi familia porque estás unida en las alegrías y en las tristezas”, refrenda esta madre de dos hijos y un marido a veces celoso por las flores que alguien le regala. Ramona asegura que un mariachi femenil “es muy codiciado pues mucha gente nos dice que le da más categoría a su fiesta”. Hasta donde sabe, Xóchitl es de los pocos en el DF (existe el Reynas de México) aunque existen similares en Guadalajara (Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán), en Los Ángeles (EU) y Japón. Asegura que han esquivado su presencia en Garibaldi porque lo consideran “un gran mercado de música” pero maleado. Apartadas de él, siente que su equipo es muy afortunado porque “agradamos a la gente y eso lo agradecemos. Le llaman ángel y donde actuamos sentimos la buena vibra”. Con falda corta y coquetas, auxiliadas por micrófono y simpatía, acompañan fiestas con El mariachi loco (que nadie perdona), Cielo Rojo, Amor eterno, Paloma Negra y Serenata Huasteca. A veces piden Osito Polar, composición de Ramona de fines de los 70 que ganó primeros sitios de popularidad cuando la interpretó el grupo tropical Santiago Show y que a Lupita le hace llover regalos de ositos, flores y cumplidos cuando la interpreta junto a sus compañeras del Xóchitl, y todas juntas disfrutan eso que las reúne: la música o “la amiga que nos entiende”.



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