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Jueves, 04 de agosto de 2016

Brian Nissen, expuesto
Escrito por Angélica Abelleyra

Como señala Rubén Gallo en el prólogo de Expuesto, ésta bien puede ser una novela de detectives que nos da pistas para la interpretación de misterios. Y ese misterio tiene muchos rostros en la vida y la obra de Brian Nissen, el artista de 70 años que en este volumen deja revelar su agudo sentido del humor, su pasión no sólo por la historia del arte sino su profundo placer por la poesía y el cine, sus innumerables inquietudes formales y la frescura al abordar una y otra vez un tema que es su motor de vida: el erotismo, es decir, la sexualidad filtrada por la imaginación. 

Expuesto(colección Pértiga en coedición UNAM / CNCA / Equilibrista) se presentó hace unas semanas en el Centro Cultural Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica. Reúne textos del propio  Nissen y de escritores como Carlos Fuentes, Laura Esquivel, Dore Ashton, Alberto Ruy Sánchez y Eliot Weinberger, entre otros, que denotan las complicidades, preguntas, juegos.

Pero quizás lo más rico del volumen es el propio entramado escritural de Nissen, quien escribe sus ensayos primero en inglés y luego los traduce al español, y donde acepta las perplejidades que nuestro idioma le sigue causando en el uso de artículos femeninos y masculinos como en los ilógicos el coño y la verga, por ejemplo.

Así, con desparpajo, el pintor y escultor hace una suculenta crónica de su papel de detective ficticio en la novela de Mario Moya Palencia, El México de Egerton; relata sus visitas a la tienda donde compra pigmentos, papeles y pinceles en Nueva York; desmenuza el asombro que le causó la escultura precolombina cuando muy joven llegó a México por vez primera, y establece redes de pensamientos propios y ajenos para reflexionar sobre la dificultad de verbalizar en torno de los colores.

Es en este tema que ofrece una historia conmovedora: la de un preso de la cárcel La Santé, de París. En sus memorias, el recluso cuenta que lo más desmoralizante del encierro era la grisura de paredes, celda, personas, ropa y hasta el pedacito de cielo que asomaba por la ventana. Lo salvaba un pequeño trozo de papel al interior de un sobre que guardaba como tesoro. El papelito era rojo. El recluso lo sacaba de su escondite y lo contemplaba por horas. “Un color. Lo conectó al mundo”, escribe Nissen y nos transmite una sensación y una emoción que muchas palabras no podrían. Otras reflexiones del artista van de su concepción del mural escultórico El Mar Rojo (en un espacio de Santa Fe, ciudad de México), sus series Mariposa de Obsidiana, Códices y Chinampas así como otros imaginarios convertidos en esculturas en sus talleres ya sea en Nueva York, Barcelona o México.

Irreverente y juguetón es el texto Icoñografía, de Carlos Fuentes (tomado del libro Voluptuario, de 1996) en el que subraya la tarea de Nissen de traer libertad individualista anglosajona a un mundo de oscuras necesidades colectivas. Laura Esquivel también centra su ensayo en la serie erótica del Nissen “alburero del pincel o del pincel alburero, le da alegría al ojo, al ojo interno del ojo”. La historiadora del arte Dore Ashton desgrana las metamorfosis de Mariposa de obsidiana (exposición en torno de un poema de Octavio Paz) y relata el juego de invenciones que el artista hace de códices modernos, como el Itzpapálotl. Alberto Ruy Sánchez nos regala la serie de revelaciones de luz que el muralista ofrece en su pieza Mar Rojo. Al final, el volumen ofrecen conversaciones del artista con Claudio Isaac, Peter Bartlett y Raquel Peguero.

“El arte es el diario íntimo del hombre. La expresión palpable de nuestra humanidad. Como una canción de la sirena que nos llama a través de los tiempos”, escribe en alguna página el creador londinense. Y vale la pena leerlo en este libro donde queda expuesto para beneplácito de quienes andamos en la búsqueda de metáforas, de quimeras, de nuestro canto de sirenas.



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