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Miércoles, 27 de julio de 2016

Generación de los 70, un momento de reflexión (primera parte)
Escrito por Araceli Zúñiga Vázquez

Generación de los 70, un momento de reflexión[*]

(… Porque el arte es como la vida (misma)… ¿seráaaaaaaaaaaaaaa?) 

¿Los años setenta? Fueron los años cuando, recién egresadas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, nos estrenábamos –este grupo, el primero de ellos al que pertenecí, porque después vendrían los otros grupos: Los Grupos–, pero éste de inicios de los 70 era de comunicadoras/ divulgadoras culturales en la entonces Dirección General de Divulgación Universitaria, frente al Parque Hundido de la ciudad de México, dependencia que con el tiempo se fusionó con Cupra para dar nacimiento a lo que ahora es TV-UNAM

Y nos recuerdo por las estrechas oficinas, con nuestros escritorios muy juntos, contestando el teléfono… “divulgeshion forniqueshion … ¿quién habla?”[1] para espanto y soponcio de quiénes pretendían fuésemos serias y formales; pero no, no había modo con nosotras, pues nuestra irreverencia y alegría no sólo significaba que fuésemos un grupo de universitarias recién egresadas con ganas de provocar sofocos (y divertirnos).

No, no sólo era eso. Era una de las manifestaciones del otro modo que teníamos de ver el mundo, del otro modo de ver la ciencia, del otro modo de ver el arte, y, en consecuencia, del otro modo de ejercer la comunicación universitaria, de la cual hemos sido parte –y comparte, casi nunca con la mejor parte– durante los últimos treinta años, una historia para mí –por cierto– de amor y desventuras (telenovelita rosa del corazón presentada en dos números de la revista Zurda…“Por mi Raza Hablará… Televisa”).

Compartí con este grupo una época muy interesante para la Universidad y para nuestro país: cambios acerca de la orientación académica y científica, cambios en las formas de gobierno interno (y externo), cambios en nuestra percepción de lo que hacíamos como divulgadoras del arte y de la ciencia; actividad ante la cual siempre mantuvimos una posibilidad de respuesta (espero que) crítica: malmodientas, respondonas, desafiantes y (quién sabe si) transgresoras. Las pasionarias (de la irreverencia) política y cultural universitaria. Eso fuimos. ¿Eso fuimos? Eso quisimos ser.

A mediados de los 70 integramos lo que en ese tiempo llamamos “El TAco de la Perra Brava” TAco: Taller de arte y comunicación, cuya siguiente etapa se desenvolvió principalmente en el entonces Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM (hoy STUNAM), que acababa de salir de su huelga de 1972-73. Desde lo que fue “Periódico Vivo”, una de nuestras aventuras culturales más excitantes y divertidas, proyecto desarrollado –y desmesurado (salido de madre)– en y a partir de la propia UNAM, acompañados siempre de nuestro periódico mural “La Lengua” (en su primera versión de 1974), recientemente reciclada, por cierto, por nuestros alumnos/ cómplices publicistas.

Pero en su edición de 1974 se “publicaba” en las instalaciones universitarias llamadas “del Parque Hundido”, siempre en la búsqueda de un lenguaje visual propio, dentro de la divulgación científica y cultural. Éramos un grupo (una generación) con el año 68 grabado (con marca de fuego, de sal gruesa, de vinagre) en la frente y en el espíritu: entre ellas Conchita Salcedo, por supuesto Guadalupe Zamarrón (presencia bienhechora siempre, investigadora, maestra de varias generaciones), Belinda Bernal, Marina Bayón, Patricia Salas (artista visual, integrante del Grupo SUMA); nuestra querida y nutricia Teresa Blanco, Lourdes González, Teodora Durán y Gloria Valek (¿Cómo Ves?), y otras y otros más, como León Chávez Teixeiro y Jaime Reyes (†), que contribuyeron sacando La Lengua con nosotras. Lengua, por cierto, diseñada por Sergio Valdés: enorme, obscena (just do it!) y, por supuesto, Pola Weiss (†), que en una de mis imágenes/ pensamientos siempre encuentro riendo y bailando, con su bolsa/ ladrillo con la cual recogía aportaciones de toda especie para terminar su casa, entonces en construcción.

Recuerdo esos años intensos, de constante actividad, de reuniones loquísimas en casa de alguien hasta el otro día, acompañadas generalmente por unas garrafas enormes (¡y muy baratas!) de vino tinto que sospechábamos, por las consecuencias posteriores, venían de algún alambique particular: cantando –acompañadas, ocasionalmente, por el negro Ojeda, por Anthar y Margarita, por Ikram Antaki (alguna vez), por Humberto Musacchio, por Jorge Meléndez, por Manuel Blanco, por Miriam Moscona, por Rogelio Hernández, discutiendo los temas que nos apasionaban de la política universitaria, riéndonos obscenamente de los funcionarios –mediocres o no– y sus tretas para aparentar una autoridad que no les dábamos. (Aunque algunas y algunos de ellos sí la merecieran –y esto lo creo, ahora, sinceramente)

Estos son los antecedentes de la actual Bienal Internacional de Poesía Experimental, iniciada en 1985... y contando, actividad que ha sido coordinada siempre por dos cuates un poco locos, un poco tercos y un mucho obsesivos: César Espinosa y yo, y que tienen que ver siempre –siempre– con Alberto Híjar Serrano, y me cito: “La primera vez que `conocí’ a Alberto Hijar fue a través de su voz, en el año de 1974, en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Ya había yo escuchado antes las `otras’ voces, las de la leyenda (negra) que corría –no sólo en la Universidad, sino en toda la sociedad mexicana (entonces –¿entonces?– tan conservadora y parroquial, je-je) sobre la aventura pedagógica representada por el Autogobierno… ¡uuuuy, qué miedo! Así que mi recuerdo más antiguo del maestro Híjar viene de su voz; nosotros, acercándonos a su clase leeentameeente, y él hablando –con su tono peculiar– sobre ¡arte y marxismo!... ¿cómo olvidar aquel momento?); sus alumnos le miraban como, supongo, le miraba yo también: con suma atención y respeto. Para entonces Híjar ya era una leyenda (roja y negra) en la Universidad. (Lo que más me impresionó de este hombre fue su sencillez y generosidad para ayudar, apoyar, estimular, asesorar... sobre todo a los alumnos, a los jóvenes y, por supuesto, a los despistados, como nosotros, en busca de los contactos y el sustento teórico acerca de la poesía visual en México. Por él conocimos al TAI, que nunca, nunca, nuncaaaaaaaa han dejado de estar presentes y trabajar, a favor y en contra corriente, del arte y la cultura de este país.)”[2]

De aquel primer encuentro con Alberto Híjar se desplegaron mil contactos y actividades: ir a buscar a Felipe Ehrenberg a Xico (viaje histórico que culminó cuando lo encontramos junto al río donde se estaba bañando –desnudo, por supuesto- y después la laaaarguísima charla en la acogedora cocina de su casa de pueblo, donde grabamos durante horas con una grabadora… desconectada; al final de la entrevista nos dimos cuenta que la señora que lo asistía en el servicio de la casa –el alma de la casa, pues– había desconectado despectivamente de un papirotazo nuestro aparato pues le estorbaba el cordón del enchufe para pasar. Así que fue mucho lo hablado y poco lo que se grabó. Con este pre/ texto nos quedamos tres días con él. Pero así es la vida, sujeta a estas importantísimas minucias de nuestra vida doméstica y cotidiana, ya desde entonces con el intento de –acercándonos a las vanguardias– ligar al arte con la vida (misma).

Y así fue como promovimos conferencias, música –saludos Anthar y Margarita, cada uno en su espacio ahora–, al Negro Ojeda, a Amparo Ochoa (†), al grupo Víctor Jara –¡saludos Eugenia León!–, a Arturo Cipriano, a Gabino Palomares, al grupo de teatro El Colectivo, coordinado por Ángel Madrigal (¿dónde estás, querido amigo?), y tantos más que no recuerdo en este momento. Pero siempre, atrás de toda esta actividad apasionada, urticante, satisfactoria, estuvieron y están, como ahora con la edición del libro La Perra Brava. Arte, Crisis y Política Cultural en México, artistas y teóricos de muy diversas disciplinas –un abrazo Alberto Híjar– que continúan participando en esta Bienal que es como el salitre.

 


Fuentes, notas y referencias:

[*] Este texto se publica con la autorización (generosa) de Patricia Salas, artista visual y coordinadora, con Conchita Salcedo, de la exposición y mesas redondas: “Generación de los 70, un momento de reflexión”, realizada en la sala de videoconferencias de la antigua Academia de San Carlos, el día 4 de mayo del 2006. En esta mesa participaron la doctora Julieta Fierro, el periodista Andrés Ruiz, la compositora Marcela Rodríguez, el cineasta Alberto Cortez, la dramaturga Jesusa Rodríguez y la poeta visual Araceli Zúñiga. La moderadora fue Patricia Salas. Estas mesas fueron transmitidas vía Internet en: http//:distancia.dgsca.unam.mx y http//:canal.dgsca.unam.mx

[1] Fragmentos del texto: Con la luz del Milenio, Hacia un Mestizaje Visual (Segunda Parte) de las EXTRAPOLACIONES: POLA WEISS, publicado en la revista virtual Escaner Cultural.

[2] Danzón dedicado a… Alberto Híjar Serrano (recordatorio a tres voces y un vaivén)

Fragmentos del texto que fue solicitado para reproducirse en la revista del Centro de Investigación y Documentación en Artes Plásticas (CENIDIAP), del Instituto de Bellas Artes de México, en una edición especial dedicada a Alberto Híjar. Todavía en calidad de texto inédito.



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