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Jueves, 28 de julio de 2016

Jean-Sebastien Ruyer y la lucha gráfica
Escrito por Dominique Legrand-Hubert

La última vez que me lo encontré, casi se nos cayó encima un luchador, por estar demasiado cerca del ring. Fue en una presentación de lucha libre de recaudación de fondos para ayudar a Casandro el exótico. Pero de lo que voy a hablar aquí no es del incidente, sino de la trayectoria de este artista francés de 34 años, que expone a partir del 20 de septiembre en el Club France de la Colonia Florida, en el D.F. Su fascinación por México, reflejada en todo su trabajo plástico, y su reflexión sobre el arte popular me parecieron muy llamativas. Hasta el 2004, estudió en la famosa escuela de Artes Decorativas de Estrasburgo, que funciona con principios creativos heredados de la Bauhaus, y desde hace cinco años vive en nuestra querida ciudad.

Jean-Sébastien habla primero de sus experiencias recientes en el norte de la República: “Trabajo para Conaculta como capacitador, es decir que doy cursos sobre los estenciles y como usarlos. Las prácticas y los talleres sirven para que los jóvenes desarrollen luego actividades culturales, en una perspectiva general de reapropiación de los espacios públicos. Ya estuve en once ciudades, descubrí la cultura chola, que los antropólogos llaman aridoamericana, y vi cómo la gente vive el conflicto armado, su miedo y al mismo tiempo su facultad de adaptación o mejor dicho su instinto de sobrevivencia que hace que no se van, se quedan en su tierra, luchando y multiplicando las actividades culturales. En cuanto a la música, noté algo extraño: en Sinaloa se escucha mucho el danzón y el mambo, mientras que en Ixhuatan, Oaxaca, donde viven los abuelos de mi hijito Mateo, se escuchan música del norte y narcocorridos”.

  

     

  

Ya bajamos al sur. De plano, vamos a dar el brinco y volver a Estrasburgo. “En mis últimos años de estudios, empecé a interrogarme sobre la desaparición en mi país de la lucha libre, que tanto éxito tuvo hasta los años setenta, mientras que sigue siendo tan viva en América del Norte y en Japón. Escogí la imagen de la lucha como principio de base, con todos los conceptos que presenta: el espectáculo como un exceso, lo verdadero y lo falso, la lucha del bien y del mal, el papel de los medios en su difusión o en su muerte, etc...

  

”Hice un proyecto de micro edición en serigrafía sobre la lucha en general, con libritos de unos cien ejemplares hechos a mano, que logré distribuir y vender en toda Europa. A raíz de una exposición, conocí a una exluchadora francesa de ochenta años, que en su época de gloria se llamaba la Pantera negra. La entrevisté y con ella grabé un video. Montamos con un amigo un festival de Rock and Roll y lucha libre. Para armar un show titulado Catch as catch can, en el que los artistas invitados creaban sus propios personajes de luchador, nos preparamos físicamente durante seis meses, entrenados por mi vecino que era campeón de Francia de lucha greco–romana. Aprendí así a luchar en el ring, tanto que me rompí el talón de Aquiles. Después de seis meses de rehabilitación, en cuanto pude caminar, realicé mi sueño dorado de visitar México.

 

”Me encontré durante el primer viaje con Andrés Mendoza, director de la Clínica Regina del Centro Histórico, un antiguo centro de salud donde hay talleres de grabado y que propone muchas actividades. El me invitó a volver y hasta me alojó en su taller a mi regreso unos meses después”.

 

En el año 2008, presentó en la Clínica una exposición titulada Lucha gráfica. Allí conoció a Orlando Jiménez –no sé si se acuerdan, fieles lectores, él fue quien acompañó a los diez luchadores mexicanos en su hazaña francesa–, que puso su trabajo en exposiciones colectivas sobre lucha libre, con artistas ya muy conocidos como Doctor Lakra y Demián Flores. Con Orlando viajó a Basilea, Suiza, a Paris y otras ciudades para presentar eventos luchoculturales, performances y combates. Con esto pasó del otro lado del espectáculo, al conocer a sus compañeros de gira sin máscara. En aquel entonces, se puede decir que estaba totalmente envuelto en la lucha libre, tanto en su vida como en su práctica artística.

 
Las cosas cambiaron cuando fue invitado a una residencia (durante la cual uno produce obra y da talleres) en el Faro de Oriente, un lugar enorme dedicado a la creación, en Iztapalapa. “Estaba al lado del tianguis de Santa Maria Acatitlan, que resultó ser la verdadera fuente de mis nuevas experiencias. Para mi este lugar era como una instalación artística al aire libre de elementos de un pasado cercano. Me sentí como un arqueólogo, encontrando revistas, chácharas y placas de acrílico generalmente transparentes que son la base de mis grabados actuales. En estas pongo las fotos sacados de las viejas revistas, las reproduzco y las trabajo con grabadora eléctrica, papel de vidrio o lija, cautín para soldar y punta seca. Así fue como poco a poco me libré más o menos del tema de la lucha para aventurarme en otros aspectos del país que me acogió”.

 

Quizá el que sea un extranjero le propició cierta distancia, que hizo que viera con otro ojo lo que se vende en los tianguis, que aquí para mucha gente es la pura banalidad, lo mero habitual y que parece hasta cursi: “Bueno pues, me los apropié, indagando al mismo tiempo sobre como los códigos visuales se manejan aquí de manera diferente de lo que conocí en Europa”. Elegimos tres obras de la exposición que a continuación vamos a comentar.

 

La primera se titula Poderoso. Es un grabado sobre acrílico, realizado con cautín y punta seca. Ilustra relaciones de poderes en particular entre lo masculino y lo femenino. El personaje central es el Fantasma, un héroe de comic. Hay un cerdo con un tercer ojo que puede relacionar con la gripe porcina. Las figuras de arriba y abajo vienen de los polvos mágicos de los mercaditos. Hay elementos sacados de la propaganda comunista china como el niño y la niña de abajo. El artista: “todos los componentes están fuera de su contexto, no deberían encontrarse juntos, los puse aquí en un mondo de prácticas mágicas, en que les dan un cierto deje de ritual."

 

En Cámara es la misma técnica a la que se agrega la lija y la grabadora eléctrica. Se puede hablar de voyeurismo por el que está filmando arriba. Vienen reproducciones de historietas de la calle, con rivalidades entre mujeres, un ambiente de melodrama, la muerte, el crimen, el dinero. También están los animales y el diablillo de los polvos mágicos que tienen que ver con la suerte y lo irracional. Hay algo felino en el traje de baño de la mujer, el gato enfurecidos lo puntitos. Se podría evocar la imagen de la tigresa.

 

El ultimo grabado se llama Aventura. Las chicas vienen de las revistas Doctora corazón, Lagrimas y risas; el pingüino es el de los helados Bon Ice.Estas amas de casa están mezcladas con superhéroes. El pingü̈ino es a la vez símbolo del consumo y de la aventura en los polos. Es de notar que hay muchas texturas diferentes por las técnicas usadas, ya que el artista quemó las placas acrílicas y mezcló en lo posible un montón de intervenciones para multiplicar las matices. Es onírico, se confunden las figuras, hasta que los elementos usados se pierdan algo para transformarse en pura gráfica.

 

Algunas impresiones mías para rematar el texto: De todo lo que halla, Jean-Sébastien Ruyer saca trozos del imaginario popular, los manipula, los tritura y hasta los quema para multiplicar los matices de gris. Los deforma para armar una puesta en escena en la que algunas figuras parecen a veces no tener nada personal. El misterio nace de un cotidiano recreado, ya que lo cursi nos habita y nos transforma a pesar de nuestra cómplice voluntad. En esta obra la tristeza, los conflictos y los amores se vuelven ritmo.

 

En su trabajo se establece una nítida conexión con el Pop Art y el movimiento Fluxus y con el arte popular urbano en general. A este artivista le interesa también mucho el arte conceptual, y no dudo de que pronto veremos instalaciones suyas en México.



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