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Jueves, 28 de julio de 2016

A distancia, a través de la ventanilla...
Escrito por Felipe Ehrenberg

 

Tras siete meses de ausencia –lo lamento tanto–, regreso a esta casa-e con un texto que encontré en las entrañas de mi compu. Lo escribí un 5 de mayo, hace casi exactamente diez años, en 2002. Hoy lo comparto con dos-tres actualizaciones: procuro a quien me lo quiera rebatir, siempre y cuando quien recoja el guante lo haga no con la entraña, sino con hechos y datos en mano... pa’ que me ayude a curarme del susto.
 
*   *   *
 
Un avión de pasaje transita a una altura de unos 13 km. (o, según ellos, a cuarentaydosmilseiscientoscincuenta pies), bien por encima de las nubes. Las únicas diferencias distinguibles son entre materia y color, entre espacios acuáticos y zonas pardas por la aridez o verduzcas por la humedad. Vista a través del doble vidrio de la ventanilla de la nave, la Tierra luce plana.
 
A veces siento que el Brasil que habito hoy es parecido a un viaje en un Boeing 777, sólo que en lugar ventanilla, observo al mundo a través de mi monitor. Viendo a México en la ciberdistancia cuesta trabajo distinguir las diferencias, discernir entre espacios de intención o de sustancia. A primera vista todo parece plano también, casi despoblado. Negras humaredas se elevan por doquier. A duras penas localizo las zonas de las artes plásticas. Trato de encontrar algo que sobresalga, que le pudiera interesar a algún compañero de viaje...
 
 
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Bajo el primer banco de nubes:
 
Con la sangrienta Revolución de 1910, la primera gran revolución social del siglo XX, México vuelve a impactar a la Historia. Las artes de la época reflejan de manera nítida las pasiones que animan la contienda, tanto así que no solo atraen a distinguidos visitantes (Sergei Eisenstein, Edward Weston, Tina Modotti, Jean Charlot, Wolfgang Paalen, Paul Westheim, et.al.), sino que repercuten allende nuestras fronteras. José Vasconcelos conduce la Secretaría de Educación Pública y acuña la frase “por mi raza hablará el espíritu” (lema que hasta la fecha conserva la Universidad Nacional Autónoma de México). En adelante, los gobiernos asumirán la tarea de cuidar de la cultura y catalizar nuestras artes. En aquellos días, casi todos los talentos migraban del interior del país a la capital en pos de un espacio vital desde donde lanzar sus propuestas. Profundamente preocupados por las desigualdades sociales, propusieron eliminar nuestro eurocentrismo, y al menos por unas cuantas décadas nuestras artes se ocuparon de lo propio, lo mexicano. Son consideradas de res publica, de asunto público.
 
Hasta la fecha, el mundo reconoce la impronta del Movimiento Muralista y de la Escuela Mexicana de Pintura, poderoso binomio animado por creadores como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, que pintaron kilómetros enteros de pared; y Olga Costa, José Chávez Morado, Manuel Rodríguez Lozano, Antonio (El Corsito) Ruiz y, por supuesto, la hoy ubicua Frida Kahlo, quien sólo después de ser redescubierta en el extranjero, alcanzó a ser valorizada en casa.
 
Bajo el segundo banco de nubes:
 
Finalizada la II Guerra Mundial, en 1945, la clase media que se apoderó del país se dedicó a desarrollarlo, emulando más y más al vecino del norte. El Instituto Nacional de Bellas Artes, que nació bajo la égida del enorme compositor Carlos Chávez es testigo de y actor en los cambios que se suceden. Agotados los muros que el Estado le proporcionaba a los muralistas y los artistas, muy en especial los pintores, la grey empiezan a procurarse mercado en el extranjero. El museógrafo Fernando Gamboa, agente especial de la OEA, nos conduce a la colisión entre el nacionalismo y el internacionalismos. Del tenso conflicto de Guerra Fría surgen dos movimientos simultáneos: en esta esquina, Cuevas, Felguérez, Carrillo, García Ponce, etc., embebidos por lo internacional celebran el caballetismo, formalista y con mucho de abstracción, en un impulso que Teresa del Conde bautizó como Ruptura 35 años después); en esta otra esquina, Icaza, Belkin, Muñoz Medina y otros constituyen el movimiento de Nueva Presencia (también conocido como Los Interioristas) insistiendo en la figuración para mantenerse inscrito en la psique nacional.Ambos bandos, embargados por odios jarochos, se enfrascan en interminables debates para defender o denostar la figuración y la abstracción, para ellos, sinónimos de lo nacional y lo internacional, en ese orden. Al margen de esas polémicas, alimentados por los aires de renovación que recorren por Europa, trabajan otros creadores de gran calíbre y visión nacional, como Mathias Goeritz, Remedios Varo, Waldemar Sjolander, Vicente Rojo, Gunter Gerszo, luego Raúl Herrera, Tomás Parra, Rodolfo Nieto, Arnaldo Coen... Hacia finales de los sesentas emerge la presencia de quien comprobará ser una fenomenal excepción a esta bipolaridad, el artista Francisco Toledo. De las profundidades oníricas de sus propuestas surgirá un planteamiento inesperado, el de la existencia de un imaginario que se creía aniquilado, el del México profundo, el México moreno: Toledo es zapoteca de Oaxaca y sin decir palabra, callado, celebra el hecho.
 
Bajo el tercer banco de nubes:
 
Dos fenómenos seminales que fraguan en la segunda mitad de los 70 determinarán el curso de la plástica en adelante, casi hasta el final del siglo. Impulsada por la presencia todo abarcante de Toledo, desde el sur, despega por un lado, la Escuela de Oaxaca, un movimiento heterogéneo que incluye a artistas de la talla de Rodolfo Morales (R.I.P.) y mas recientemente Sergio Hernández. Por el otro lado, en la metrópolis capitalina, el Movimiento Grupal sacude la complacencia en la que había caído la plástica... y la cultura en general. Brotan como hongos asociaciones como Proceso PentágonoTepito Arte AcáSUMAMarço,Peyote & Cia., el No Grupo, y otros. Abandonando la pintura pintada y los ritos de salón, los artistas colectivizados hacen singulares aportes al conceptualismo y revaloran una estética propiamente urbana. Surgen las primeras propuestas del arte de acción (performance), la poesía visual, video arte e instalaciones. Con esto buscan los colectivos alejarse de la ortodoxia para acercarse a públicos no enterados. En ambos casos, sin embargo, el discurso predominante retoma el imaginario de México como punto de partida.
 
Los críticos y los cronistas del momento son en su mayoría incapaces de digerir los cambios. Salvo unas excepciones (Raquel Tibol, Alberto Hijar, Ida Rodríguez Prampolini) la mayoría opta por guardar mutis. Destacan las ponderaciones del peruano Juan Acha y el argentino Néstor García Canclini. Con poca crónica, la efervescencia de aquellos años fue amainando hasta desembocar en hermetismo. Siguen activos, ciertamente, algunos de los protagonista de lo grupal y otro puñado de individuos que de cerca trabajaron solos: El polaco Marcos Kurtycz y Helen Escobedo, ya finados, y Gilberto Acévez Navarro. Prosiguen su camino, ya por su cuenta, Maris Bustamante, el colombiano Santiago Rebolledo, Gabriel Macotela, Daniel Manrique, Víctor Muñoz, Manuel Marín, Carla Rippey, Eloy Tarcisio (fundador de Ex-Teresa Arte Actual) y quién sabe y hasta el cibernauta abajo suscrito, quien con frecuentes y deliciosos aterrizajes, procura renovar los tradicionales lazos que habían unido a México con la América latina.
 
Bajo el cuarto banco de nubes:
 
El impacto que tuvo el Movimiento Grupal en las siguientes generaciones fue determinante. Sus herederos son hombres y mujeres como Gabriel Orozco, Laura Anderson, César Martínez, Elvira Santamaría, Minerva Cuevas, Boris Viskin, Manue Rocha, Germán Venegas, Eduardo Abaroa, Abraham Cruzvillegas, Sofía Taboas, Teresa Margolles, los olvidados Germán Venegas y Marcos Limenes, el incomparable Daniel Lezama (y los arraigados Enrique Jezyk, Thomas Glassfor, Melanie Smith, Francis Alÿs... Y ya pisando terrenos transfronterizos con los EUA, los hermanos Einar y Jamez de la Torre, Tania Candiani, Daniel Ruanova, Ruben Ortiz y el poderosísimo performador post chicano, Guillermo Gómez Peña. Y como un planeta escondido, el pintor nahua Nicolás de Jesús. Excluyendo a este último, que no trabaja en la capital, los artistas nombrados le brindan aliento a una crítica de buena altura aunque incapaz de proponer teoría propia: María Guerra (R.I.P.), Edgardo Ganado Kim, y después Issa Benítez, Sol Henaro, casi todos estos críticods/curadores vuelven su mirada a los postulados posmodernistas emanados en Europa y los Estados Unidos. Acaso se salvan el francés Olivier Debroise (R.I.P.), Cuauhtémoc Medina, y Guillermo Santamarina. Sus escritos, ideas traducidas a la gestión, han servido para reunir a ambas generaciones aunque sólo para darle nuevos sentidos a lo que sucede en la capital mexicana, cuyo rol protagónico cede ante la acelerada descentralización del país y se va deslizando a segundos y terceros planos. Del mismo modo en que Nueva York va perdiendo su ascendencia a nivel nacional y en Occidente, la ciudad de México, otrora aparato sintetizador de la cultura nacional a la vez que procesador de las artes, va perdiendo su ascendencia en el panorama cultural del país.
 
Con el pie en el nuevo milenio (y las posaderas firmes en NAFTA), y mientras los derechistas de la clase media se apoderan del país, se da una suerte de explosión demográfica en las artes. Fenómeno ligado directamente a la especulación que practica el nuevo rico, crece y se desarrolla la plástica en ciudades como Monterrey, capital de Nuevo León, Guadalajara, capital de Jalisco, y Puebla, capital del estado del mismo nombre. Destacan dos epicentros: Oaxaca, Oax., hoy día el centro de pintura y artes gráficas más importante del país, con fuerte conciencia de arraigo regional; y por su condición de excepción fronteriza, la zona de Tijuana, en Baja California. Es en esta última urbe (y en la mexicanísima ciudad de Los Ángeles) donde madura la cultura que en sus principios se llamó chicana, misma que le devuelve a México ciertas inquietudes en torno a la mexicanidad, aunque sin la carga ideológica que existió después de la Revolución del ‘10.
 
A imagen y semejanza del National Endowment for the Arts, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes arraiga para apoyar a la iniciativa privada subsidiando ferias internacionales de arte. Entonces, varios museos de la capital son reestructurados mientras que en otros estados se habilitan edificios o se construyen nuevos centros culturales, como el MUAC. El Centro Cultural de Tijuana (CECUT), ciudad vecina de San Diego, California alcanza a situarse entre los más importantes mientras que, en acción conjunta, atraen la mirada del mundo a lo mas actual de la instalación y la performa merced a las promociones de el (ahora extinto) encuentro llamado INsite.
 
En cielo despejado:
 
Embrujados por los quiméricos brillos del mercado de arte norteamericano (Maiami, allá en un lugar llamado Florida) y europeo, donde se vuelve a posturar cosas como que “el arte es inherentemente controvertida, no ortodoxa e inquietante”, oleadas de nuevos artistas capitalinos encaran de alguna manera la competencia desleal de diseñadores gráficos, se procuran la licenciatura y salen de la cuna tratando de agradar un mercado interno filisteo o viajan al exterior en pos de un mercado cuya vertiginosa complejidad los rebasa. En el proceso del cortejo a fundaciones de renombre, coleccionistas legendarios y curadores famosos, olvidan cómo dialogar con su prójimo y desdeñan al Cono Sur. Como consecuencia, su obra se hace aún más hermética y es incapaz de incidir en el devenir actual de su sociedad inmediata. Poco o nada hacen los museos para aclarar confusiones.
 
Estimulados por un mercado de arte autóctono que no alcanza a despegar, los artistas de la Capital se dividen entre diseñadores gráficos y plásticos y visuales. Unos retoman la estampa y la pintura, otros la fotografía y el video, otros más cultivan lo no objetual como si quisieran ser sepultados en Europa. Por su parte, los compradores, presas de un galerismo novato pero en extremo voraz y agresivo, consumen objetos firmados de la manera más conspicua posible. Son en su mayoría cautelosos conservadores que ignoran los avances y mutaciones del arte actual (México aún no cuenta con revistas especializadas de consideración).
 
En el resto del país, los artistas se sueltan el cabello con propuestas localistas cada vez más pertinentes, a la vez que buscan proyectarse hacia el extranjero sin preocuparse por antes pasar por el D.F., como había sido la costumbre (es aplicable el término recientemente acuñado: glocal = local + global.) En sus ciudades, algunos creadores buscan, ciertamente, estimular el galerismo y presionar a sus instituciones culturales. Sus esfuerzos caen en tierra estéril no porque produzcan obra de bajo calibre –todo lo contrario, su talento es indiscutible– sino por falta de conocimientos para administrar debidamente su producción.
 
Desde donde estamos, de nuevo:
 
Las vicisitudes que vivió la llamada Generación X de las clases medias del mundo entero, hasta las de México, incluyen la irrupción del SIDA y la vuelta a una sexualidad aberrantemente inhibida; la desvalorización de ideologías; la toma de poder de fundamentalismos religiosos surgidos de la ignorancia; la afirmación del capital neo-feudal que polariza la relación social en todo el mundo; el vertiginoso desarrollo del ciberuniverso que nos lanzó de la Época del Conocimiento a la Época de la Información y de manera coincidente, la Era de la Imagen. Enterrada la modernidad en un caudal de erudiciones esdrújulas, la Generación X se ufana de no tener compromiso con nada ni nadie. Su cinismo ha quedado marcado en el arte, al menos en las obras producidas en el seno de países --de culturas-- que siguieron haciendo Historia. Por el momento, no creo que se pueda decir lo mismo del arte de México.
 
Quizá pueda ser el alfabeto que no la razón, lo que nos diga si el futuro actual pertenezca a la Generación Y, generación que, descubriendo la herencia que los ha desfalcado, navega en un mare magnum blanco y negro, maniqueísta, en busca de modelos a seguir sin saber definir su sino. ¿Sabrán estos jóvenes, millones y millones de ellos, que están ante una encrucijada determinante? ¿Querrá la juventud mexicana cerrar filas con el sus hermanos hacia el Sur? Más importante, ¿sabrá trocar su cinismo y parálisis por la esperanza y el humor (y por el respeto mutuo)?
 
 
São Paulo, a 5 de mayo de 2002,
(ligeramente) actualizado el 1º de febrero, 2012
 


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