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Jueves, 28 de julio de 2016

Estatuas
Escrito por Gerardo Ochoa Sandy

Las estatuas existen para que los escultores esculpan estatuas.

Las estatuas existen para que sean ubicadas en parques, plazas, camellones, avenidas, glorietas, jardines, sedes oficiales de Los Pinos, zonas coralinas, fondos del mar, estratosferas, sistemas solares, hoyos negros y galaxias anexas, sea sobre basamentos o al ras de la superficie, entre el oleaje o en los intersticios de la gravedad.

Las estatuas existen para que sean develadas por políticos que encargan estatuas dedicadas a políticos que les precedieron para que se perpetúe la tradición en las estatuas que les levantarán los políticos de la generación siguiente.

Las estatuas existen para que los Héroes de la Patria sean Héroes de la Patria y los Héroes de la Patria existen para que las estatuas sean estatuas que existen para que recordemos a los Héroes de la Patria de quienes sabemos que son Héroes de la Patria por los dichos de los libros de texto gratuito y la ficha biográfica de las estampitas de la papelería Betty, y así sucesivamente.

Las estatuas existen para gloria del Conquistador no obstante sean removidas después dada la molestia de los descendientes de los descendientes de los descendientes del Conquistador y sean ubicadas en una parque adyacente, aunque Hernán Cortés y Francisco Pizarro no estén para lamentarlo.

Las estatuas existen porque anticipan la inmortalidad de Líderes de la Modernidad, Obreros de Georgia o Sátrapas de Falsas Armas de Destrucción Masiva aunque estudiantes universitarios o gobiernos democráticos o invasores las dinamiten, y Alemán, Stalin y Hussein tampoco estén para contarlo.

Las estatuas existen para que se pronuncien iridiscentes palabras estatuarias en cejijuntas ceremonias florales.

Las estatuas higienizan asesinatos familiares de los herederos que dedican una estatua al fundador del emporio periodístico familiar  levantado desde el diario reparto de diarios en una bicicleta  a lo largo digamos de la ciudad de Morelia, inviten a la sociedad local que sabe del crimen a su inauguración, y el difunto a perpetuidad quede inmortalizado en bronce y sea olvidado, para beneplácito de los descendientes y nuevos propietarios del emporio periodístico familiar.

Las estatuas existen para distraernos de la fealdad del paisaje urbano a cuenta de la fealdad de las estatuas.

Las estatuas existen asimismo para que perpetúen el arte del escultor de estatuas, durante el tiempo que dure la autoridad que la aprobó, el gusto estético que la inspiró y la época en la que vivió el artista, autoridad, gusto estético y época en cuanto tal. 

Las estatuas existen para que las ignoren los peatones, caguen las palomas, orinen los perros y vomiten los borrachos.

Las estatuas existen de la misma manera como ductos que dispersan por su parte alta las pestilencias del drenaje profundo de, digamos, la Ciudad de México, aunque el caballo no sea una estatua sino una escultura, colocada en una avenida repleta de estatuas, asunto que ofendió a María Félix, quien en vida la denominó el Horror Amarillo, y luego descansó en paz, hasta su exhumación.

Las estatuas existen debido a la falta de señalizaciones viales como sucede con la cabeza de Juárez que hierática nos guía al corralón donde encontraremos los restos de nuestro automóvil.

Las estatuas existen para que las damas de la decencia protesten contra la indecencia de las estatuas con pechos nutricios abotonados por pezones revoloteantes y caderas catedralicias afianzadas por cinturas asfixiantes  que respiran por la hendidura donde pubis y pudicia se confunden y a la que una autoridad soldó un taparrabo y otro más se lo arrebató para gloria y gracia de la Diana Cazadora y júbilo de peatones y automovilistas contemplarios.

Las pubertas estatuas aladas existen para venirse abajo desde la cúspide de sus columnas cuando retiembla en sus centros la tierra. 

Las estatuas existen para que quienes aspiran a su estatua ejerciten a diario el oficio de estatua viviente que inspire la estatua correspondiente por los siglos de Lazaro Cárdenas y Fidel Velázquez amén.

Las estatuas existen para que Marcelo Dior reciba 65 millones de pesos y apruebe una estatua dedicada a Heydar Aliyev padre de la patria de Azerbaijan y tirano de fuste pues no hay cosa sin la otra aunque la cifra millonaria fluctúa de acuerdo al declarante y los declarantes no sepan cómo salirse del entuerto.

 



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