Blogs Artes e Historia México

compartir en facebook  compartir en twitter

 

Jueves, 28 de julio de 2016

Teotihuacán, el mitote, reloaded
Escrito por Gerardo Ochoa Sandy

NOTA:

 

 

En enero de 2005, Héctor de Mauléon, editor del suplemento cultural "Confabulario" del diario El Universal, publicó mi colaboración relativa a la construcción de un Wal Mart en Teotihuacán. Catorce años después, leo la cobertura actual sobre el asunto y me colma el desasosiego.

A finales de 2012, The New York Times publica reportajes sobre sobornos de Wal Mart y, en tal contexto, se detiene en el Wal Mart de Teotihuacán, lanza acusaciones de corrupción. El diario no documenta sus dichos pero no importa: lo dijo The New York Times y, así, buena parte de la cobertura en México no es periodismo cultural sino pereza que impide a los que se ocupan del asunto y a sus editores que revisen siquiera las hemerotecas de sus propios diarios y revistas.

A falta de notas, aire reciclado.

El asunto se personaliza en el entonces y nombrado nuevamente titular del INAH. Un diario de izquierda cita a Jacobo Zabludowsky, quien embelesado con su nueva faceta de paladín de la libertad de expresión, se refiere a "un tal Sergio Raúl Arroyo" y hace su aportación al mitote que persigue sexenio tras sexenio a la Zona Arqueológica de Teotihuacán.

Llega la réplica clara de la autoridad cultural a los dichos de The New York Times. El INAH por su parte anuncia en su sitio Internet la entrega del expediente completo a la Secretaría de la Función Pública y otras instituciones para que emitan, una vez más, sus resoluciones sobre el tema. Tales instituciones conocen el documento desde 2004, ocasión en la cual concluyeron que no hubo ni falta administrativa ni comisión de delito que debiera perseguirse.

The New York Times, hasta donde ha llegado mi revisión a vuelo de pájaro por Internet, no difunde la réplica de las autoridades de México.

The New York Times debe una aclaración, por una cuestión de llana ética periodística.

La Secretaría de la Función Pública tiene el expediente de vuelta.

La Secretaría de la Función Pública debe darle una revisión expedita y difundir su resolución a la brevedad. 

De las opiniones que compartí en 2005 a través de Confabulario sobre el Wal Mart de Teotihuacán, evidentemente, no se concluye que los trámites de la compañía para la construcción de otras tiendas de autoservicio hayan cumplido o violado la ley.  

Es la investigación de un caso concreto. Nada más.

A continuación, el texto de 2005, con algunas precisiones derivadas de datos investigados en fechas posteriores, la edición de algunos puntos colaterales referidos entonces y ajenos a la discusión actual, y las interminables correcciones de sintaxis y estilo (gos)

Una réplica de la polémica de hace poco más de diez años en torno al proyecto especial de arqueología dirigido por el arqueólogo Eduardo Matos es el mitote del Wal Mart en Teotihuacán, que involucra muchos de los problemas, protagonistas y posturas politicas de aquella ocasión. Y, como la Leyenda de los Cinco Soles, retorna el oportunismo de los defensores de la dignidad prehispánica y su demagogia ofende tanto o más que el Wal Mart a la ciudad de los dioses.

En el contexto de los 12 proyectos especiales de arqueología impulsados durante el sexenio de Carlos Salinas, 1988-1994, Eduardo Matos propuso una solución integral que incluía las tareas de protección y conservación, un museo especializado en la zona, un centro de investigación y alternativas al problema del ambulantaje, entre otros aspectos. Muy pronto el debate se limitó al tema de la construcción de las plazas comerciales destinadas a los vendedores informales. Los ambulantes descubrieron que las plazas se encontraban alejadas de la zona arqueológica, lo cual afectaba sus ventas, y el malestar se desató.  

Eduardo Matos, autoridad en el tema, fue descalificado e insultado, en los medios y en las asambleas en Teotihuacán, que iniciaban con una ceremonia ritual y el suspiro vibrante de una concha de mar, dirigido a los cuatro puntos cardinales. El INAH, en tanto, organizó un encuentro con intelectuales y escritores durante el cual el arqueólogo explicó su propuesta, con la finalidad de que hubiese alguna repercusión mediática que equilibrara el debate, pero no ocurrió así. Lo único que se recuerda, entonces, de aquel proyecto, son las dichosas plazas.  El tema fue comentado en mi texto para La Jornada Semanal, que dirigía Roger Bartra.

En esta ocasión, un Wal Mart ha devuelto el interés por Teotihuacán. El 23 de marzo de 2004, la empresa Arrendadora y Centros Comerciales solicitó al INAH Estado de México que liberara un terreno para que pudiera tramitar, ante las autoridades de la entidad, la construcción de una tienda de autoservicio en el predio de la calle Cruz de la Misión s/n, Fraccionamiento La Parroquia, Municipio de Teotihuacán de Arista. La liberación fue otorgada, dado que el terreno, a dos y medio kilómetros de la Pirámide del Sol y tres kilómetros de la Pirámide de la Luna, se encuentra en el perímetro “C” establecido en la declaratoria de Zona de Monumentos Arqueológicos de 1988, donde se permite la construcción de oficinas, servicios o comercios que cumplan con las disposiciones tanto del municipio como del  INAH. El Wal Mart se incorporaba así a otras edificaciones construidas con anterioridad en tal perímetro: un Bancomer, un Dormimundo, una Ford, un hotel...

En un área urbanizada ya, pues.

Desde los años 70, de acuerdo a los estudios del arqueólogo René Millon, se documentó que en esa delimitación no había presencia de estructuras arquitectónicas prehispánicas. Los rescates arqueológicos del INAH en los años 80 ratificaron esa convicción. Desde 1987, entonces, se abrió la posibilidad de contruir en el área. La entonces delegada del INAH, Maribel Miró, emitió así la liberación. La constructora se comprometió a aceptar la presencia de un arqueólogo adscrito al INAH, la supervición del Departamento Legal y Técnico de la Zona de Teotihuacán, y ajustarse a diversas especificaciones: altura del inmueble, materiales de construcción, áreas verdes con elementos vegetales nativos, perspectivas visuales hacia la zona arqueológica y hacia la torre y la cúpula del templo de San Juan Bautista, arquitectura de paisaje, entre otras.

En julio iniciaron las obras pero pronto fueron suspendidas debido a que no se contaba con la presencia del arquéologo del INAH que supervisase los trabajos. Superada la anomalía, la construcción reinició poco después. El sondeo arqueológico del INAH incluyó 120 pozos estatigráficos, 13 pozos perimetrales, 10 pozos de mecánica de suelos, 3 calas extensivas. En el espacio correspondiente al estacionamiento se localizó una plataforma de 80 centímetros cuadrados y 20 centímetros de altura y fragmentos de pisos prehispánicos, por lo que se canceló la construcción en esa zona. A finales de septiembre se utilizó un georadar de penetración para las tareas adicionales de prospección arqueológica y se escavaron 20 pozos de sondeo más.

A principios de septiembre, luego de una visita de sus expertos, ICOMOS-México, organismo no gubernamental de la UNESCO, ratificó el dictamen del INAH, recomendaciones al calce. También visitaron el predio y evaluaron el estado de cosas la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el personal de Patrimonio Mundial y del Ministerio Público de Texcoco. El INAH se reunió además con el Frente Cívico para la Defensa de Teotihuacán, la Organización de las Naciones Indígenas Unidas A.C. y la fracción del PRD en la Cámara de Diputados. No pocos comerciantes, ciudadanos del municipio y organizaciones locales recibieron con simpatía la construcción del Wal Mart.

Entonces, ¿por qué tanto mitote?

Los afectados, en primer lugar. En los perímetros “A” y “B” de la zona hay alrededor de 500 vendedores, casi 250 tiendas, más de 30 restaurantes, anuncios panorámicos, antenas de radio, un hotel y un balneario. En segundo lugar, el oportunismo de globalifóbicos ante el proyecto de una compañía extranjera y una simplificación panfletaria de los simbolismos nacionalistas. Es así que se ha dicho, sin escrúpulos, que las transnacionales mancillan el pasado prehispánico, un extraño enemigo profana con su planta el suelo teotihuacano, moriremos de hambre si se consuma la ofensa. En tercer lugar, la cobertura periodística cultural que, salvo excepciones, apostó por la pereza, se opuso a la construcción del Wal Mart, minimizó la actuación apegada a la ley por parte del INAH y buscó convertir la obcecación de un grupúsculo de opositores en indignación nacional.

Dos elementos más.

En un desplegado, intelectuales y artistas demandaron una “urgente solución política”, que acaso reclamaba algún desplante expropiatorio.

Y el insólito cuestionamiento de la autoridad del Conaculta a la delegada y al Consejo de Arqueología del INAH, acusándolos de no haber hecho su trabajo, de no haberle informado y de no haber hecho cabildeos que, según la más reciente edición del Diccionario Cantinflas, la expresión alude a la nostalgia por aquellas épocas cuando las cosas se arreglaban con una llamadita.

Si acaso no fuera suficiente, más mitote.

En los mítines contra la trasnacional los inconformes escuchaban rock y reggae, géneros musicales que como todos sabemos son de profunda inspiración teotihuacana. En un foro realizado en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, un profesor afirma que la construcción del Wal Mart era una nueva agresión del capitalismo contra las raíces históricas de la zona. Llevados por la ira, los activistas cierran los accesos y vendedores fijos y ambulantes se un en contra de los radicales.

La oportunidad permitió a unos a llevar agua a su molino, a costa del INAH.

Y, a otros, hacer el ridículo.

En algunas encuestas, algún artículo de opinión y un par de reportajes, sin embargo, se filtró un poco de claridad. El hecho es insólito pues indicaría que algunos han preferido evitar los lugares comunes a los que se reducen los debates en torno al patrimonio cultural en México, que hemos intentado refutar desde tiempo atrás. Ha sido esperanzador haber escuchado, aunque haya sido solamente en una ocasión, que el problema es el ambulantaje,. que el INAH actuó en conformidad con lo que fija ley. Eso debe celebrarse, por lo que pudiera ser el inicio de un lento cambio de actitud de los comentaristas de estos temas y por el trabajo político de las autoridades del Instituto para hacerse entender en medio de una situación difícil: entre el tiroteo desde afuera del INAH y desde la autoridad arriba del INAH.

Según la lógica de la conjura, Wal Mart compró a organizaciones sociales, sobornó a las autoridades y a los arqueólogos, se aprovechó de la ignorancia de los ciudadanos pobres del municipio, agravió con su emblema transnacional la ciudad de los dioses, impuso su voluntad. Según la lógica de la ley, la compañía, en este caso concreto, cumplió con los requisitos del INAH que permiten la liberación del perimetro “C” donde, de acuerdo con los reportes de los especialistas desde los años 70, no hay restos de estructuras arquitectónicas.

Los trámites de Wal Mart con las autoridades estatales para obtener el permiso de construcción no son de la incumbencia del Instituto.

Después del mitote en torno a la apertura del Wal Mart, los problemas de Teotihuacán, además del ambulantaje y las construcciones en los perímetros “A” y B”, siguen ahí. La zona, de 20 hectáreas, tiene sólo 60 custodios, 12 guías oficiales y 40 señalizaciones. Los 40 botes de basura y 2 baños con 24 sanitarios no son suficientes para los 2.2 millones de visitantes anuales. Nada de ello alcanza tampoco para el millón y medio de visitantes que acuden a la zona cada 21 de marzo para cargarse de energía y dejan a cambio 3 toneladas de desperdicios en pago a los dioses como muestra de la naturaleza de su respeto al patrimonio de la humanidad. ¿Los abajofirmantes han suscrito un desplegado sobre estos problemas y solicitado una urgente solución política?  

En los últimos 3 años, las autoridades del estado de México encargadas de los permisos de construcción han aprobado 17 Wal Marts. La compañía, así, además de su cercanía con la autoridad política, conoce los detallles administrativos y legales para impulsar sus proyectos. En el caso de Teotihuacán, fue a lo seguro, y apostó por construir una tienda de autoservicios más en el perímetro “C”, a sabiendas de que, en el peor de los casos, el pleito acabaría en los tribunales y los tribunales, con apego a la ley actual, fallarían a favor de Wal Mart.

No haría falta que contratasen ni a Juan Velázquez ni a Diego Fernández de Cevallos.

En otras ocasiones, en la misma entidad, el INAH ha negado liberaciones de terrenos, que ha acatado la autoridad estatal. El año pasado, por ejemplo, y en el contexto del Plan Parcial de Desarrollo, la autoridad planeaba la construcción de industrias y zonas habitacionales en el perímetro “B”, donde se ha detectado material arquitectónico con cierta densidad, y el INAH lo impidió. En decenas de planes parciales más a lo largo del país el INAH ha dado una batalla legal similar. Es por ello quizá que varios gobiernos estatales y municipales preferirían que el Instituto no se apareciese en la mesa de negociaciones. Eso hace más meritorio, entonces, las 30 declaratorias de zonas arqueológicas e históricas durante el sexenio actual, 5 veces más que las declaratorias del sexenio anterior.

Un Wal Mart en el perímetro “C” de la zona de Teotihuacán es un engendro. En realidad, un Wal Mart es un engendro en cualquier parte. Su política laboral se remite al capitalismo del siglo XIX, sus prácticas revientan a pequeños y medianos comerciantes, sus precios son caros, su servicio y calidad de productos son deficientes. Si se ha apoderado de la mitad del sector en México, se debe a sus prácticas monopólicas, a la violación de las leyes que protegen a los trabajadores, a una apertura sin restricciones y, también, a que no ha habido iniciativas empresariales ni sociales en México que hayan apostado por ese mercado potencial.

El mitote del Wal Mart en Teotihuacán dejó entonces al margen muchos aspectos esenciales, en demérito del patrimonio cultural.

Se perdió una gran oportunidad.

Una más.



Lo último en Coral

 

Estatuas
Send a Friendship Request
¡Guau! ¡guau!
Exilio
Utilidad compartida

 

 

 

Redes sociales