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Jueves, 28 de julio de 2016

Kathrin Schmidt
Escrito por Gonzalo Vélez

Kathrin Schmidt


Foto: dpa 

[…Retomo después de unos nemontime o días-muertos-de-fin-de-año que se prolongaron de más y otras historias que no vienen a cuento: digamos, o quiero creer, que a veces la arritmia es signo de un ritmo más elevado. A cambio de tu paciencia te ofrezco ahora este poema extenso y misterioso (valga como entrega doble de 1P&1p)…] 

Para empezar te comento que, en sí, esta entrada a escena de las belladonas es un poema altamente críptico, o sea que está como cifrado, como en clave. No debería, pero te cuento, que en una primera versión hace algunos años este poema me rebasó. Quedé con la idea de que se trataba de una ambigüedad abierta, un poco pop o alucinada, por lo que traducirlo permitía la misma libertad, y lo tomé a la ligera, mmm. 

Ahora, con un poco más de experiencia, reconozco, ¡oh!, mis errores, y su dificultad suma, y he querido enmendar aquello: espero pues haber logrado aquí una versión por lo menos bastante más entendida. 

Breve sobre Kathrin Schmidt: una de las escritoras más reconocidas en Alemania actualmente. Nació y creció en la República Democrática Alemana; estudió psicología y se especializó en niños, ella misma madre de varios. Con la caída del Muro participó con la Izquierda Unida en las mesas para la Reunificación –más adelante comentó su asombro de que las reuniones estuviesen dictadas exclusivamente por las actividades y necesidades masculinas. 

Luego trabajó en el Instituto de Investigaciones Sociales Comparadas, en Berlín, y hasta 1994 fue que decidió convertirse en escritora de tiempo completo ante su creciente éxito literario. 

Comenzando el siglo contrajo una enfermedad neuronal que la tuvo al borde de morir o algo peor; pero afortunadamente logró recuperarse íntegra. De la experiencia surgió la novela Du stirbst nicht [No morirás], que vendió ¡150 mil ejemplares! y en 2009 obtuvo el Deutscher Buchpreis, el premio por el libro del año en Alemania. 

Su prosa, según leo (no su prosa sino referencias), ha sido emparentada con cierto realismo mágico. En cuanto a su poesía, es rigurosa en la métrica y potente de expresión, sensorial pero al mismo tiempo con una extrema conciencia del lenguaje: tanto de su uso como de sus significados y sus alcances, algo palpable en los continuos juegos de palabras, que denotan tanto un caudal de conocimientos, como una notable sensibilidad para percibir al individuo y su relación con su entorno. 

En fin. Vayamos de la mano hacia la oscuridad de los sentidos de las palabras. Alumbrando nuestro camino con esta linternita. 

¿De qué habla el poema?: ¿De flores? ¿De feminismo? ¿De una intoxicación de atropina y el consiguiente viaje alucinado? ¿De colaboracionismo? ¿De flatulencias? ¿De un escape? Bueno, un poco de todo esto creo que hay en el texto. Sin embargo, tras sesudas cavilaciones (¡jajajá!), he llegado a la conclusión de que este poema habla simplemente de Berlín. 

Es un retrato. (¿Es un retrato?) De un Berlín vivido, y poco agradable por donde se le vea. 

Lo que en el texto puede parecer inconexo, en algunos puntos al grado de la gratuidad, es todo lo contrario: cada palabra, cada construcción del poema está ahí por una razón poderosa, aunque sea difícil o imposible acceder a ésta. Cada elemento significa. Y refiere cosas tremendas. Incluso, el estar como encriptado alude subterráneamente a épocas en las que uno no podía decir lo que le diera la gana, y para comunicar ciertas cosas había que darle vuelta a los sentidos [cfr. La vida de los otros, la película de Florian Henckel]. 

Por otra parte me parece ver vínculos de este poema con cierta poesía hermética tipo celaniana; la verdad es que no lo sé: son asuntos todos dignos de superespecialistas, que no somos, por lo menos yo no. 

Más conveniente resulta mencionar datos de Berlín que nos pueden servir de llaves para empezar a abrir tanto candado léxico. Por ejemplo que es una ciudad surcada de canales, y la ciudad europea (no sé si mundial) ¡con más puentes! (según me confió allá un enterado amigo en cuya sapiencia confío). 

Uno de los principales es el puente de Oberbaum, sobre el cual cruza ahora el metro regularmente de uno al otro lado del río Spree; sin embargo, después de la guerra, y con el Muro, fue paso al sector soviético de Berlín (de hecho, la East Side Gallery, donde están los restos de Muro que se conservan, empieza virtualmente ahí). 

Los sectores mencionados en el poema son ésos, los de la ciudad dividida por los Aliados. “Quien domine una ruta del metro” (si tomamos en cuenta que hasta la caída del Muro los trayectos del metro estaban bloqueados entre Este y Oeste, pero seguían existiendo), o la mujer que logra pasar por debajo del agua, creo que son alusiones a la noción de fugarse de Berlín Oriental; la “pifia” podría referirse a esto. ¿O acaso es la pifia el colaboracionismo? 

El Spree, si le preguntas, únicamente te responderá la versión oficial. 

Ámbar gris no es ninguna joya de color raro, sino cierta sustancia pestilente que se extrae de los intestinos de los cachalotes y se usa en perfumería; en español se llama así: ámbar-gris; no cabe otra traducción. 

Utilizo conscientemente el nahuatlismo achichincle (que por ello quizás podría considerarse un mexicanismo), porque creo que tiene una similitud puntual conhandlanger en el sentido de “ayudante sin ninguna preparación” como ninguna otra palabra en nuestra lengua. 

Sobre los juegos de palabras, paronomasias y demás: ¡el terror de los traductores! 

Por ejemplo: “kreuzorträtsel”, que normalmente seríakreutzworträtsel o sea crucigrama, sin la “w” se vuelve algo así como “enigma del crucero [vial]”, de ahí mi ensayo con “crucerograma”. 

Una linda es cuando la personaje en el puente de Oberbaum, a pie, “wechselt Zeiten” [=tiempos], y no “Seiten” [=lados], o sea que en vez de pasar al otro lado pasa entre épocas distintas; mi intento fue “cambio de eras”, con un vago eco de aceras

Donde huele a cachalote es donde hay que confrontar a las autoridades, aguantar la respiración y tragarse las palabras. Quiero creer que el sombrero con baratijas aluda a la gente que tenía parientes del otro lado y que entraba con productos no permitidos entre la ropa para obsequiar allá a sus familiares. 

Lo más enigmático, en fin, son las flores del título, que se plantean como un signo abierto, o bien completamente hermético. Con la particularidad de que belladonnen no remite como en español a mujeres hermosas, sino que al dividir la palabra la autora formabellen, que significa ladrar, y donnen, el plural de donna, término despectivo para las empleadas domésticas. 

Lo de los “ladridos de las sirvientas” viene, pues, de esto. 

 




Kathrin Schmidt (Gotha, 1958) 


Go-in de las belladonas 


en la esclusa alta en berlín un vago ruido: de hoja ancha, 

malhecha, la lengüeta golpea una rueda. quien hoy domine una ruta del metro, 

mañana reirá con gusto. quien hoy reciba más votos que un banco, mañana 

no estará desnudo. la voz del filtro sisea de los edificios: 

déjate, oh, succionar por completo ante el pasaje hacia la pifia, 

hacia el estatus de achichincle. Belladonas al pianoforte

en la filarmonía, belladonas en el pub y en el consumismo, belladonas 

en las cajitas de limosnas de los trenes, belladonas en las sábanas. si alguna no ladra, 

se le toma de inmediato por el perro que a pesar de todo calla 

y es alimentado por compasión. Ella así jamás será realmente parte 

del ladrido que caracteriza a las servidoras. La caída desde el teclado 

parece un decreto interior, un ligero estrabismo del género. 

sobrevive un animal, exclama la primavera en indiscutible lenguaje. 

de las primaveras tiene la mujer una o dos, según su piel 

y vellosidad. ponte atropina en el párpado y podrás tener la experiencia 

de tu maravilla azul-verdosa: el consuelo de la ciudad, del crucerograma vial 

imposible de resolver. todavía los sectores 

intentan entre sí el acto masculino. 

en el barandal del puente de oberbaum hay pegada, cuando cambio de eras a pie, 

una mosca muy reseca – por desgracia ignoro cómo deben verse 

los insectos vueltos momia, sólo lo pienso y la raspo a que caiga 

en la mugre, que por lo menos yace en el piso con honestidad: pobre vieja 

y piel que se exfolia y renueva, como si fuese de anfibio, 

aunque no indiferente en su tornasolado berrinche. 

desde sus ojos las belladonas balacean el río 

que nunca tuvo la disposición de llamarse el spree, como a ti 

te informa verosímil si le preguntas. es mejor que al hacerlo te quites 

el sombrero repleto de baratijas y te guardes directo en la garganta 

el trago que da información. amarilis no orlan 

la vereda a las viviendas desde donde ondean canciones 

de batista de amas de casa. hombres cual cachalotes expelen ámbar gris 

de sus intestinos al aire sellado. pronto me veo atendiendo 

a un curso de respiración, en vez de alivio me debe florecer: el espasmo de esfínter. 

en la mirada recortada porta la rana hoy terribles deseos. 

los alcaloides se volvieron femeninos este siglo 

y nos dan cacería a lo largo del sueño que lleva a la belleza. 

belladonas al pianoforte en las clases medias, belladonas 

en fonda y supermercado, belladonas con estatus de achichincle. la pifia 

de ámbar gris rellena, de donde aún el último deseo masculino sale de su horno. 

cachalote en el fangal spree, barco de batalla en el efluvio de intestinos 

del pueblo de la ciudad: eso sale cuando ladridos y servidoras desde arriba 

pretenden simplemente declamar berlín como un poema. con pasos contenidos 

una mujer redonda cual moneda en friedrichshagen logra pasar por debajo del agua. 

eso es incluso más de lo que jesús de nazaret en aquel entonces 

probó por encima, pienso. y hago 

la inclinación a las inclinaciones, la flexión a las genuflexiones. y sonrío. 

y me dejo venir desde todas mis troneras.



(Versión del alemán de Gonzalo Vélez




Go-in der Belladonnen 


im oberwasser berlins ein rumoren: breitblättrig, 

außer fasson, schlägt die zunge ein rad. wer heut eine ubahn beherrscht, 

hat morgen gut lachen. wer heut eine bank überstimmt, ist morgen 

nicht nackt. die stimme des filters säuselt aus den gebäuden: 

o lass dich durchsaugen vor dem gang in den fettnapf,

den handlangerstatus. Belladonnen am hammerklavier 

in der philharmonie, belladonnen im pub und im kaufrausch, belladonnen 

in den bettelschächten der züge, belladonnen im laken. wenn eine nicht bellt, 

wird sie gleich für den hund gehalten, der immerfort schweigt, 

und mitleids gefüttert. so wird sie dann wirklich nie zu den 

bellen, den donnen gehören. der sturz aus der klaviatur

scheint ein ratschluss von innen, ein silberblick des geschlechts. 

überdauert ein tier, heißt das frühling in unbestrittener sprache. 

die frau hat der frühlinge ein oder zwei, je nach haut 

und behaarung. gib atropin in die lidfalte, und du wirst dein grünblaues 

wunder erleben dürfen: den zuspruch der stadt, des kreuzorträtsels, 

das sich nicht lösen lässt. noch die sektoren 

versuchen den männlichen akt miteinander. 

am oberbaumbrückengeländer klebt, wenn ich zeiten wechsle zu fuß, 

eine trockene fliege – ich weiß leider nicht, wie insekten 

als mumien aussehen müssen, ich denk es mir nur und kratze sie ab 

in den dreck, der wenigstens ehrlich am boden liegt: arme alte 

und haut, die sich schuppt und erneuert, als wärs der amphibie 

darunter nun doch nicht egal in ihrem wechselhellen getue. 

aus ihren augen beschießen die belladonnen den fluss, 

der die spree sich zu nennen niemals bereit war, wie er dir 

glaubwürdig mitteilt, wenn du ihn fragst. am besten lüpfst du dazu 

den breitbekrempelten hut und schöpfst dir den schluck, 

der auskunft gibt, direkt in den hals. nicht amaryllen 
säumen den weg in die wohnungen, aus denen batisten gesänge 

von hausfrauen herwehn. männer wie pottwale stoßen amber 

aus ihrem gedärm in die versiegelte luft. belege ich bald

einen atemkurs, soll mir statt besserung blühen: der schließmuskelkrampf. 

im aufgeschnittenen blick trägt die fröschin heut grausame wünsche. 

die alkaloide sind weiblich geworden in diesem jahrhundert 

und jagen uns durch den schlaf in die schönheit. 

belladonnen am hammerklavier in den mittleren schichten, belladonnen 

in kneipe und supermarkt, belladonnen mit handlangerstatus. der fettnapf 

mit amber gefüllt, aus dass noch die letzte männliche lust ihren ofen verlässt. 

Pottwal im schlickwasser spree, schlachtschiff im darmdunst 

des stadtvolkes: das kommt heraus, wenn bellen und donnen von oben herab 

berlin einfach aufsagen wollen als ein gedicht. verhaltenen schritts 

geht ein münzrundes weib in friedrichshagen unter dem wasser hindurch. 

das ist immer noch mehr, als jesus von nazareth dunnemals 

oben probierte, denk ich. und mache 

den knick in den knicks, die beuge ins beugen. und lächle. 

und lasse mich kommen aus all meinen schießscharten



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