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Jueves, 28 de julio de 2016

Cónclave
Escrito por Gonzalo Vélez

Mis personalidades múltiples y yo celebramos sesudo cónclave para determinar la naturaleza actual de este espacio que ahora visitas.
 
Menudo cónclave, ¡por Sócrates!
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Afortunadamente nos llevamos bien en lo general, aunque pocas veces en lo particular compartimos algo en común entre todos, más allá de lo obvio. Lo cual no quiere decir que esto sea siempre, ni que no existan, ¿cómo decirlo?, rencillas intrasubpersonales en uno, es decir en todos yo, o entre algunos al menos.
 
Me explico. Más bien no me explico.
 
La faceta científica o cientificoide arguyó que recientemente había confirmado la existencia de un hilo conductor común, mucho más que un leitmotiv, que nos unificaba a todas las personalidades y a mí en una sola (o sea yo), descubrimiento autopersonal equiparable a la demostración del Bosón de Higgs, afirmo, pero al interior de Gonzalo, lo que en pocas palabras significaba que aquello de las personalidades múltiples era, o es, una falacia, acaso sólo sucia argucia publicitaria de tendencias escandalosoides para llamar baratamente tu atención y que me sigas leyendo por encima de tantas otras cosas al alcance de tu mano.
 
Ñaca, ñaca. Una burda triquiñuela.
 
O sea que en pocas palabras significaba que las personalidades múltiples no existimos, sólo yo. Solo.
 
Por supuesto que de inmediato, como te imaginarás, yo y los demás yo nos le echamos encima.
 
La versión oficial que podrías consultar en el resolutivo señala la democrática medida democrática que tomé y tomamos de excluir de inmediato del cónclave al yo esquirol que nomás estaba metiendo cizaña con las pretensiones terrorísticas de hacerme desaparecer a todos.
 
La versión no oficial no te la contaré, ya que fue demasiado violenta, un tanto sangrienta y por demás lenta, cosas todas a las que nos oponemos a toda luz... y sin embargo hubo que hacer el trabajo sucio, mmm.
 
De cualquier modo en la democracia nunca hemos creído más que marginalmente, tangencialmente, relativamente. Y únicamente añadiré que yo y los demás participé en la poda.
 
(No te lo comento con orgullo, sobre todo porque sé que sabía lo que decía).
 
El caso es que el cónclave así comenzó:
 
Puro humo negro.
 
La faceta más enojada con la vida... Corrección: La faceta enojada con la vida, por ebullente acaparó la palabra primero y a todos nosotros los madrugó, o, como le fascinaba exclamar a Manuel Payno, nos “dio el albazo”.
 
(Para que no me no-entiendas tanto, antes debo describirte a esta energúmena personalidad energúmena como la más pura sublimación que he conseguido de mis naturalezas ariana y escorpiónica, en ese orden, excluyendo de la combinación todo el peso letárgico de la parte piscis de mi luna, que es el área que exaspera a mi energúmeno, y no nada más a él. En fin que si sabes de astrología me entenderás algo, y si no tampoco importa: es una de tantas supersticiones en las que algunos de uno quieren y a veces queremos creer).
 
Esta parte energética y anarca, digo, optó por llamarse a sí misma Sansón. Sus razones tendrá. Ya el cientificoide de yo había advertido de su naturaleza independentista. Es decir, la de Sansón.
 
Quizá debí haberle hecho caso.
 
Pero como no, Sansón propuso, o anunció, independizarse. “Es un viejo proyecto”, me recordó, como si yo no lo supiera. Lo bueno es que al final todos estuvimos de acuerdo (a cada quien lo suyo, finalmente).
 
Sería una separación seria, pacífica y altamente civilizada, mucho menos que un divorcio, una cosa tipo misión imposible como la alguna vez considerada imposible separación de la siamesa palabra Checoslovaquia ni con el más preciso lingüístico bisturí láser y mira nada más: hoy que hay el siglo veintiuno tenemos a Checia y tenemos a Eslovaquia.
 
Y así Sansón nos convenció en concreto:
 
“Voy a hacer un blog similar a este pero dirigido a gente enojada con el mundo y no sólo eso, sino pensando en aquella gente enojada con el mundo a la que su enojo le provoca problemas gástricos y biliares...”.
 
Por lo tanto el futuro virtual espacio llevará por nombre: Amigos del omeprazol.
 
¡Clap clap clap clap clap clap! [autoaplausos en mí mayor]
 
(Se ve que no hablo mucho recientemente más que conmigos, lo cual se advierte con claridad en que otra vez lindo el límite de palabras para no abrumarte, queride amigue literarie:)
 
“¡Caray carajo caro!”, musita la faceta artista plástica, que también quiere su blog.
 
“¡Caro como el tiempo!”, explicitó el traductor, con lentes de Karl Kraus.
 
Y yo: hecho un malabar.


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