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Jueves, 04 de agosto de 2016

Milton Glaser: diseño, arte y ética
Escrito por Manuel de la Cera

Milton Glaser: diseño, arte y ética

Manuel de la Cera

 

 

A sus 86 años de edad, Milton Glaser sigue instilando energía creativa con su trabajo.

Situado en el pináculo de su carrera, la trayectoria de este artífice es hoy por hoy un referente obligado al que es menester colocar en un primer plano cuando se aborda el tema del diseño gráfico norteamericano y también del diseño mundial.

El amplio espectro de actividades y disciplinas que el talento de este maestro ha desplegado a lo largo de tantas décadas de denodada labor, no puede constreñirse a una sola arista de análisis, por lo cual para tratar de aquilatar el valor que sus diversos proyectos han tenido a lo largo del tiempo, no podemos limitarnos a un único baremo interpretativo o a una sola vía de investigación.

Esa es una de las razones por las cuales me pareció pertinente incorporar a esta figura del diseño gráfico internacional en el contexto de la temática que se desarrollará durante este foro-debate.

Desde luego, esta elección ha sido discrecional, ya que se puede argumentar que existen otros muy buenos diseñadores que también cumplen con estas características. Mencionaré a un par de ellos que ahora me vienen a la mente: Vicente Rojo y Alberto Corazón.

Sin embargo he decidido decantar mi ponencia en esta ocasión hacia el diseñador norteamericano.

Espero que esta opción resulte de interés para los fines que persigue este encuentro académico.

Es evidente que la amplia y variada producción del maestro Glaser entrecruza una serie de distintas disciplinas, las cuales guardan una cierta afinidad , - ya sea técnica o conceptual - , en las que él ha encontrado el medio idóneo para que su vocación artística y comunicativa fluya con solvencia .

A las virtudes señaladas con antelación, podemos agregar un peculiar poder que Milton Glaser detenta con admirable vitalidad y vigor. Es un hombre que no ha perdido la capacidad de asombro, el gozo por la vida, la pasión por el trabajo y el amor por su ciudad de origen que es Nueva York.

Un reflejo de ese encanto por su ciudad se percibe en una declaración que Milton Glaser hizo durante una entrevista que el diario madrileño “El País” le realizó hace poco tiempo cuando afirmó lo siguiente :

“Si quieres mantener tu sistema nervioso trabajando, este es el sitio. En París siempre vas a saber que estás en París. Por el contrario, en Nueva York, nada más doblar una esquina, te topas con un país nuevo. ”  (1)

Desde el punto de vista gráfico, ese cariñoso arraigo por su ciudad ha quedado patente en el que es quizá el diseño más conocido y explotado de este estupendo autor.

Me refiero por supuesto al famoso “I love N. Y”, en el cual la palabra love (amor) fue sustituida por un pictograma en intenso color rojo que fue trazado de la forma en que universalmente se suele simbolizar a un corazón.

Retomaré otro fragmento de la entrevista antes citada:

¿Dónde radica la fórmula para que haya tenido tanto éxito? pregunta el reporteo Camilo Sánchez al señor Glaser y este responde así:

“Creo que se trata de un truco muy fácil y a la vez engañoso. Con el I represento el yo. El corazón es el símbolo de una emoción. Y NY son las iniciales de un sitio. Entonces, tenemos lenguaje y símbolo haciendo tres cosas diferentes a la vez. El espectador debe desenredar el rompecabezas que configuran una letra, un símbolo y unas iniciales. Eso es lo que fija en la mente de la gente. Es fácil de descifrar y resulta familiar. “(2)

Esta simple y memorable combinación de elementos, que por cierto se le ocurrió al señor Glaser mientras viajaba en un taxi y platicaba con quien lo iba manejando, ha resultado una de las soluciones semióticas más explotadas, imitadas y parafraseadas de la historia.

Su origen se remonta a la época en que las autoridades de Nueva York a mediados de los años setenta del siglo pasado, concretamente en 1977 , decidieron impulsar una frase que ya existía en el habla cotidiana de los neoyorquinos , pero además se buscaba que ese mensaje tuviera mayor difusión y una visibilidad bien enfocada hacia el turismo .

Para ello le encargaron a Milton Glaser crear un logotipo con la intención de promover una campaña que indujera entre los habitantes de Nueva York nutrir una mayor identificación y empatía con su urbe.

El diseño resultó un éxito rotundo gracias a la visión de este gran diseñador.

Lo curioso es que por este trabajo cobró solo dos mil dólares y en cambio “ el Estado ha recaudado desde entonces cientos de miles por la utilización del logo “ ( 3 ) , tal como lo puntualizan en el aludido reportaje .

Una variación de ese logo vería la luz tras los trágicos acontecimientos ocurridos en Nueva York el 11 de septiembre del 2001 . “ I love NY more than ever ” . Con este nuevo logo, en el que el corazón aparece con una ligera marca chamuscada en su parte inferior , el señor Glaser protestó de manera simbólica en contra de esos atentados terroristas que todos recordamos y se solidarizó así con su agredida y ultrajada metrópoli .

Aunque no es el propósito de este texto desarrollar una amplia y pormenorizada semblanza del personaje que estamos tratando, sino revisar su manera de concebir al diseño , la ilustración y el arte , creo que conviene hacer una breve inmersión en algunos datos de su vida que desde mi punto de vista son importantes de destacar dentro de su biografía .

Algunos datos biográficos.

Milton Glaser nació en 1929 en el seno de una familia judía de origen húngaro afincada en el Bronx de Nueva York.

Desde muy niño, el pequeño Milton mostró una habilidad extraordinaria para el dibujo. Esa destreza le granjeó muchas simpatías que supo aprovechar muy bien ya que lo mismo en su barrio como en su colegio recibía encargos de sus amigos y de otras personas para hacerles dibujos y retratos.

De esa etapa de su infancia, él recuerda con especial cariño al jardín botánico y al zoológico del Bronx pues fueron lugares donde pasó momentos estupendos.

Un pasaje culminante de su juventud se presentó cuando uno de los profesores de la preparatoria en la que estudiaba Milton Glaser intentó vincular el talento del muchacho hacia las ciencias, ya que en su opinión al chico se le veía potencial también en ese campo.

Sin embargo, el joven Glaser tenía ya claramente definido el camino que iba a seguir, y esa ruta lo conducía en ese instante hacia las artes plásticas, así que la conversión hacia las ciencias duras que su mentor anhelaba para él, no se cristalizó.

Ese maestro lejos de decepcionarse o de buscar convencerlo para que cambiara su criterio, tuvo un gesto amable y generoso con su joven alumno. Le regaló un estuche de lápices de colores y le dijo “haz lo mejor que puedas con ellos”.

Milton Glaser ha relatado en algunas entrevistas esta anécdota y ha mencionado que ese diálogo y ese simbólico obsequio fueron una suerte de punto de inflexión que resultó decisivo para su vida. Esa breve charla funcionó como motivación para reafirmar su vocación, y de esa cortesía otorgada por su profesor se sigue sintiendo muy agradecido.

Al incorporarse a sus estudios profesionales realizados entre 1948 y 1951 en la Escuela Cooper Union de Nueva York, Glaser se benefició de contar ahí con una enseñanza privilegiada para el desarrollo del diseño y las artes.

En ese lugar conoció a otro célebre diseñador gráfico Seymour Chwast con quien más adelante se asociaría para formar el revolucionario Push – Pin Studio, pero antes gracias al apoyo de una beca Fulbrigth viajó a Italia, concretamente a Bolonia, donde vivió un año.

Fructífera fue para él la estancia en Europa, ya que además de que entró en contacto con el arte de los grandes y nuevos maestros de ese continente, acudió a estudiar grabado al taller del célebre pintor Giorgio Morandi en la Academia de Bellas Artes de Bolonia.

Quizá uno de los artistas que más marcaron la mirada de Milton Glaser durante ese año fueron las imágenes de Pierro della Francesca.

Sobré él ha dicho que las formas, la composición, la estructura de sus cuadros y el sentido del clasicismo en su trabajo reflejan una inteligencia sublime.

Della Francesca, - de acuerdo al señor Glaser - , dota a sus obras de una precisión tal que un “sentido de inevitabilidad” emerge al contemplarlas.

Esa “inevitabilidad” deriva de la conformación con los que el maestro renacentista articuló mediante un meticuloso y riguroso orden geométrico a los elementos que aparecen en sus cuadros.

Este periodo formativo y la experiencia de haber vivido en Italia confirieron a Milton Glaser un utillaje teórico, práctico y conceptual, que adosado a su conocimiento previo obtenido en Cooper Union, sería fundamental en su concepción del arte y el diseño.

Galvanizado por todo ese bagaje cultural que le surtió Europa, regresó a su país para ponerlo en práctica a partir de 1952.

En la medida en que con sus ilustraciones y demás propuestas iba reinsertándose en los círculos del diseño y de la vida cultural de su ciudad, su presencia fue cada vez más notable, en especial por su participación en la confección del Push Pin Alamanak.

Sirva la breve semblanza que aparece en el libro “Diseño de protesta ” coordinado por Milton Glaser y Mirco Ilic para conocer algunos otros datos relevantes .

Para muchos, Milton Glaser es la personificación del diseño gráfico americano.

Fue cofundador de los revolucionarios Pushpin Studios , fundó la revista New York junto con Clay Felker, creó Milton Glaser , Inc. y la firma de diseño editorial WBGM en colaboración con Walter Bernard.También diseñó la célebre campaña I love NY.

Glaser ha expuesto su obra por todo el mundo; ha realizado exposiciones individuales en el Centre Georges Pompidou de París y en el Museum of Modern Art de Nueva York. Su trabajo se exhibe en varios museos.

Actualmente vive en Nueva York. (4)

Habría que agregar que en el año 2004 recibió el premio conocido como el “Lifetime Achievement Award” de la Smithsonian Cooper-Hewitt, del National Design Museum.

La interdisciplina en el trabajo de Milton Glaser

Si bien podemos estar de acuerdo con la afirmación de que “Para muchos, Milton Glaser es la personificación del diseño gráfico americano”, es necesario reconocer que esa personificación se construyó sobre la base de un trabajo heterodoxo en el que se mezclaron las aportaciones de distintas disciplinas que confluyeron en una concepción metodológica que tomó distancia de la forma convencional de entender las labores que en ese entonces -a mediados de los años cincuenta del siglo pasado-, debía cumplir un diseñador gráfico.

Al introducir sus conocimientos de dibujo y también el de las técnicas de las artes plásticas, en especial de la pintura y el grabado en su práctica como diseñador, sus mensajes se revistieron con un sentido de libertad expresiva que para muchos resultaba un audaz y refrescante acicate que animaba a los grupos contraculturales de aquel entonces.

De esa manera abrió las puertas hacia un horizonte en el que la creatividad en el diseño se podía expandir brillantemente hacia formas de representación dotadas de una significativa perspicacia formal que enriqueció a su entorno, las cuales no pocas veces rozaban las fronteras de lo puramente artístico.

Conviene aclarar que Milton Glaser ha narrado que en algún momento de su vida su vocación pudo haberse inclinado hacia otras profesiones. En concreto pudo haberse ido hacia la arquitectura o hacia la pintura.

Sin embargo , siempre hubo en él un instinto que lo compelía a buscar que su trabajo trascendiera en el ámbito cotidiano mediante objetos prácticos que no pretendían alcanzar el nivel de lo sublime que es el que acostumbran perseguir la mayoría de los pintores.

Él no concebía su vida encerrado en un solitario taller haciendo obras cuyo destino sería colgar en las paredes de alguna galería, en algún museo o en las residencias de algunos ricos coleccionistas de arte. Tampoco se veía a sí mismo tan solo como un simple ilustrador.

Por el contario, lo que más le atraía era poder servir a la gente común y corriente, integrando su visión estética junto con la de otros colegas, con el fin de diseñar productos más modestos pero no por ello menos valiosos en términos de su eficacia comunicativa.

Es por eso que el entorno ideal para llevar a cabo esa aspiración se lo brindó el diseño gráfico sobre todo aquel que se desarrollaba dentro del Push Pin Studio, que él fundó en 1954 junto con Reynold Ruffins, Seymour Chwast y Edward Sorel.

Milton Glaser ha dicho que le atraía la idea de dibujar, diseñar, elaborar objetos tridimensionales y hacer cualquier otra cosa que favoreciera a sus proyectos.

Desde esa perspectiva el Push Pin Studio le ofrecía la opción de ser un espacio interdisciplinario en el cual confluían una variedad de profesionistas para cubrir los encargos del despacho.

“At Pushpin we viewed ourselves to some degree as generalists, not especialists”, afirmó en una entrevista (5).

Es decir, ellos procuraban deslindarse de la especialización extrema para posicionarse en un marco que abracara un espectro más amplio y general de actividades.

Ese concepto emanado de la tradición occidental, en la que artistas como Giotto, Miguel Ángel o Leonardo fueron personalidades que cultivaron múltiples facetas , inspiró a los miembros del Push Pin Studio y desde luego también a Milton Glaser .

Él deseaba hacer distintas cosas que iban desde el diseño de interiores, el trazo de caligrafías y letras, el manejo tipográfico, las ilustraciones, el dibujo y su intersección con el diseño, el manejo del color, las texturas y muchas otras más como la relación del color con la luz y el espacio.

Las diversas categorías que emanaban de estas actividades en opinión de Milton Glaser, lejos de estar desvinculadas, están interconectadas ya que se apoyan entre sí y se retroalimentan para conseguir metas comunes.

Al hacer uso de ellas, el señor Glaser ha comentado que él no ve diferencia alguna entre dibujar y diseñar, pero acepta que en numerosas ocasiones no se le ha sabido ubicar ya que algunos lo han catalogado más como un ilustrador que como un diseñador y viceversa.

Inclusive ha tenido que lidiar con la confusión que algunos de sus trabajos han propiciado, al ser contemplados como obras artísticas.

No obstante, su concepción sobre el diseño es muy clara y él la ha sintetizado en tres definiciones que acostumbra transmitir a sus estudiantes.

La primera enuncia que el diseño es la intervención en un flujo de acontecimientos para producir un efecto deseado.

Otra más afirma que el diseño es la introducción de una intencionalidad en los problemas del género humano.

Una tercera definición, de cierta manera más elegante, señala que el diseño transforma las cosas de una situación determinada hacia un estadio preferible a su anterior condición.

En última instancia todo aquello que tenga un propósito útil puede ser llamado un “acto de diseño”. (6)

Milton Glaser ha escrito en la introducción de su libro “Art is Work” que si bien una de las definiciones concernientes al arte es que este sirve a su público reflejando y explicando su mundo en un momento histórico particular, es difícil creer que el diseño no funciona de una manera similar.

Son muchas las disyuntivas que el denominado “arte ampliado” ha suscitado para el análisis y la categorización de las obras que en décadas recientes han rebasado los soportes clásicos del arte académico. Al haberse diluido las fronteras tradicionales de lo que se consideraba estético en aras de perseguir una expresividad y una experimentación conceptual que en ocasiones tienen que ver más con la búsqueda de notoriedad y dinero, ya sea mediante la provocación o el escándalo, se ha ocasionando una enorme perplejidad entre mucha gente que no acaba de entender ese arte emergente, cuyas extrañas prácticas muchos desprecian como meras ocurrencias o bisoñas payasadas.

En cambio, el diseño que él practica, ha incrementado su compromiso ético con el medio ambiente y sus efectos en el mundo.

Para zanjar las dificultades en el manejo de los términos entre arte y diseño Milton Glaser ha sugerido eliminar la palabra “arte” sustituyéndola por la palabra “trabajo” para desarrollar con ella las siguientes descripciones,

1) El trabajo que va más allá de su intención práctica y nos conmueve de manera profunda y misteriosa puede ser denominado gran trabajo.

2) El trabajo que es concebido y confeccionado con elegancia y rigor se nombrará buen trabajo.

3) El trabajo que cumple con sus necesidades con honestidad y sin pretensiones lo llamamos simplemente trabajo.

4) Todo lo demás; es decir, las tristes, lamentables y mediocres cosas con las cuales nos topamos a diario, pueden englobarse bajo el término de mal trabajo. (7)

Este sencillo cambio de términos, en opinión del señor Glaser , podría eliminar o mitigar la ansiedad de miles de personas que están preocupadas por saber si lo que hacen es arte o no.

Dados los sofisticados estándares curatoriales y la hermética crítica que prevalece entre las elites del esnobismo internacional, mucha gente se siente desmarcada de la atmósfera del arte contemporáneo en la que no logran respirar con facilidad.

Para revertir esta circunstancia, Milton Glaser afirma que la principal consecuencia de concebir al arte como “trabajo” , es que puede restaurar el papel central que el propio arte puede jugar como una actividad útil para la vida diaria, algo que muchos han esperado vislumbrar durante un largo periodo de tiempo.

Es natural y comprensible que un diseñador con un criterio abierto y flexible como lo ha sido siempre este ilustre neoyorquino haya vertebrado esta formulación para describir su trabajo.

En ella está implícita una reivindicación de la tradición del arte de occidente y también del de otras culturas.

Pero además mediante ella, se deja abierta la escotilla para que otras disciplinas abonen para el enriquecimiento y la mejoría del trabajo del diseñador.

Bajo la perspectiva sugerida por este hombre en la introducción del libro ya mencionado caben muchas opciones.

¿Por qué no habríamos de recurrir a la ciencia o la ingeniería si mediante ellas podemos hacer un mejor diseño o trabajo?

Igualmente ¿por qué habríamos de descartar el manejo de las ancestrales técnicas manufacturadas solo porque hoy existen las computadoras?

¿Por qué no inspirar nuestro quehacer en la literatura, la poesía o la música?

¿Por qué no inspirarnos en la gastronomía o en las artesanías?

La gama de posibilidades es tan amplia que podríamos seguir formulando muchas otras preguntas.

Lo importante, desde mi punto de vista, es tener claros los objetivos de los distintos proyectos para así poder elegir las alternativas más viables para el desarrollo de nuestro trabajo.

Milton Glaser ha demostrado elocuentemente a lo largo de su vida profesional que el arte y el diseño no están reñidos, si no que más bien forman una simbiosis afortunada cuando se les sabe sacar partido al intersectarlos.

La mejor forma de constatarlo es apreciando los trabajos de este diseñador.

Por fortuna se han editado varios libros que recopilan algunos de sus mejores diseños.

A través de las páginas de esas ediciones, podemos adentrarnos en su pensamiento ya que aparte de estar ilustradas con una colorida profusión de imágenes, en ellas encontramos textos introductorios y entrevistas que se le han hecho a Milton Glaser en diferentes épocas de su dilatada carrera en las que esboza los principales conceptos y las observaciones que han guiado su práctica profesional.

De igual forma, existe una página electrónica de su despacho y en internet es factible apreciar los numerosos diseños que ha hecho durante tantos años.

Dentro de su bibliografía hay dos libros que deseo destacar en este momento.

Uno se llama “Drawing is Thinking” y el otro se titula “Milton Glaser:

Diseñador/Ciudadano”.

La importancia del dibujo en la carrera de Milton Glaser

Todos los que tuvimos la fortuna de ir a la escuela sabemos que el dibujo es formativo.

Desde los primeros años de nuestra educación escolarizada dibujar se convierte en una actividad esencial para nuestro desarrollo intelectual.

Por alguna razón que desconozco, en etapas más avanzadas del ciclo escolar, al dibujo se le relega a un plano secundario dentro de los planes de estudio. Tal vez porque se desea privilegiar a otras materias como la aritmética. No lo sé. El caso es que dibujar deja de tener la misma relevancia y se le arrincona como una actividad complementaria al resto de las materias, si no es que de plano se elimina del programa escolar.

Milton Glaser ha dicho en la entrevista que aparece en su libro “Drawing is thinking” que con base en la lectura del espléndido libro de Frank R. Wilson “The Hand” (How Its Use Shapes the Brain, Language, and Human Culture) en el que se analiza la relación entre la mano y el cerebro, se puede afirmar que interrumpir la actividades vinculadas con el dibujo, es decir frenando al dibujo en esos decisivos años formativos, el cerebro no se desarrolla de igual manera.

El dibujo ha sido primordial en la vida de Milton Glaser.

Ya antes mencioné que él tuvo aptitudes muy destacadas como dibujante desde muy temprana edad.

Es una suerte que en su caso, esa destreza no se haya interrumpido y por el contario se haya perfeccionado hasta el grado de convertirse en uno de los componentes más importantes a través de los cuales él ha estructurado su comprensión del mundo.

El título de su libro es muy claro. Para Milton Glaser “dibujar es una forma de pensar”.

El dibujo es la herramienta mediante la cual podemos adentrarnos en comarcas perceptivas sumamente estimulantes, pero a las que se llega siempre y cuando se practique con perseverancia, emoción y disciplina.

Así lo ha hecho a lo largo de su vida Milton Glaser con resultados formidables.

El libro de marras es quizá una de sus publicaciones más íntimas ya que en ella recopiló una selección personal de los dibujos que a él más le gustan de su propia producción y que no necesariamente realizó por encargo o para algún trabajo comercial.

A su juicio, dibujar puede ser considerado como una variable de la meditación debido a que al realizar esta actividad es necesario manejar un elevado nivel de concentración en lo que uno está mirando para luego trazarlo en alguna superficie bidimensional. Esto en su opinión implica mirar al entorno sin prejuicios procurando que lo que se configura a través del dibujo sea comprensible para los demás.

El arte, ha dicho Milton Glaser, puede ser la mejor vía que tenemos para experimentar la verdad o lo real.

Si aceptamos que el objetivo del arte y la meditación es producir un mayor grado de atención y al mismo tiempo darle tranquilidad a la mente para que pueda diluir los prejuicios que nos impiden ver con nitidez la realidad, podemos admitir que todo género artístico comparte este propósito y en ese sentido nos ayuda a sobrellevar mejor la vida al impulsar la asertividad. De hecho, él cree que las manifestaciones artísticas han sido uno de los mecanismos que han permitido la sobrevivencia de la especie.

En la selección mostrada en ese libro hay una enorme variedad de temas plasmados con diversas técnicas como la acuarela, las tintas, el crayón, el carboncillo, las barras conté, los lápices y muchas más. Se nota en ellos también la influencia de grandes maestros como Matisse, Picasso, Monet o el ya citado Pierro della Francesca.

El dominio que tiene Milton Glaser en el tratamiento de cada una de esas técnicas de representación es notable y la expresividad alcanzada es digna de ser admirada como arte, pese a lo cual, él reconoce que su intención no fue esa y de hecho ha comentado que no está seguro de que sus dibujos pueden ser considerados como piezas artísticas.

Sea como fuere y apegándonos al principio que este autor ha esbozado en su libro “Art is Work” diremos que sus dibujos son trabajos de una exquisita y precisa manufactura que merecen toda nuestra consideración como una sólida contribución para el enriquecimiento de la historia de las artes visuales.

Pasemos ahora a revisar el segundo libro que me interesa comentar antes de cerrar esta ponencia.

Diseñador/Ciudadano

El compromiso social y ético de Milton Glaser está fuera de toda duda.

Las causas libertarias y los temas de mayor interés para la sociedad han sido motivo de su trabajo y reflexión a lo largo de muchos años.

Tanto es así que ha promovido la edición de libros como el conocido “ Diseño de Protesta ” que coordinó junto con el diseñador croata Mirco Ilic en el cual se presentan un conjunto de carteles de denuncia social y política realizados por diseñadores de varias partes del planeta.

De aparición reciente el libro “Milton Glaser, Diseñador/Ciudadano, Cuatro lecciones breves (más o menos sobre diseño)” reúne un número igual de valiosas conferencias pronunciadas ante estudiantes de diseño de su país.

Vale citar algunas de las palabras que David Rhodes escribió en la breve introducción que hizo para este libro:

“La lectura del presente volumen debería hacer manifiestos la honradez y el sentido de justicia que caracterizan el trabajo del señor Glaser, cualidades distintivas que parecen haberse fortalecido más, si cabe, con el paso de los años. El reto de cualquier diseñador (y en realidad de todo profesional) consiste en saber mantener una actitud ética íntegra frente a las seducciones del mercado. El trabajo del señor Glaser, sus Archivos y este libro constituyen su respuesta a ese desafío.” (8)

Aunque no sorprende encontrar en esas charlas la serena voz de un hombre que ha acumulado una enorme sapiencia, es admirable constatar la forma en que logra transmitirla a su audiencia para persuadirla en el buen sentido del término.

Permítanme rescatar algunos pasajes de esas conferencias.

En la primera de ellas titulada “Desde entonces” se aboca a rememorar la ocasión en que habló en el primer congreso de la AIGA, y menciona al final de su participación del congreso celebrado en Boston en el año 2005 lo siguiente:

“Mientras redactaba esta ponencia también he cambiado de opinión sobre mi autodesignación: diseñador/ciudadano me parece una descripción más satisfactoria. Nunca existió mejor momento para asumir esa función. Todos estamos en riesgo, pero, como Victor Frankl, podemos elegir cómo reaccionar ante nuestras circunstancias. Podemos rechazar la pasividad y el narcisismo que conducen a la desesperación y optar por participar en la vida de nuestro tiempo. Han transcurrido 20 años desde el primer congreso del AIGA. Las cosas han cambiado y hay mucho trabajo por hacer” (9)

No debemos olvidar que los atentados terroristas que sacudieron a su país y en especial a su ciudad estaban todavía muy frescos y habían conmovido profundamente a la mayoría del mundo.

El dislocamiento histórico que representan esos terribles hechos criminales fueron el detonante que motivó a Milton Glaser a adoptar esa denominación para describirse a sí mismo. Con ella, manifiesta de forma explícita su compromiso ciudadano y reafirma su toma de conciencia a favor de la libertad y la paz mundiales.

No recuerdo a ningún otro diseñador de su estatura que haya hecho una declaración semejante.

Su postura lejos de ser una mera pose emanada de la corrección política es una sincera y genuina actitud que brotó de sus entrañas, de su pasión por la ciudad de Nueva York y de sus más firmes convicciones morales. A mi juicio, ese compromiso ético lo enaltece.

No obstante la comprensible indignación derivada de esa tragedia, el señor Glaser ha sido muy crítico con el gobierno de su país ya que ha protestado en contra de las políticas invasivas dirigidas en contra de Iraq que fueron impulsadas por George Bush en la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Revisemos ahora algunas de las preguntas que este diseñador incluyó en la segunda conferencia de este libro intitulada “Ambigüedad y verdad”.

En esa charla, después de ponderar el valor que tiene el arte del pasado y lo mucho que podemos aprender de él, lanza una serie de preguntas que buscan provocar dilemas para inducir algunas reflexiones éticas en su audiencia.

Mediante la aplicación de un examen que realiza a sus alumnos, Glaser los confronta con algunos desafíos que ponen a prueba sus valores.

Veamos algunos ejemplos de esos retos hechos sobre la base de la siguiente interrogación: ¿Estarías dispuesto a lo siguiente?

a) Diseñar un envase para que parezca más grande en el anaquel

b) Diseñar una portada de un libro que personalmente encuentras repelente

c) Diseñar una línea de camisetas para un fabricante que emplea mano de obra infantil

d) Diseñar un anuncio para un producto cuyo uso continuado puede causar la muerte del comprador (10)

He elegido solo cuatro de los once desafíos que componen este formulario conocido como “El Camino al Infierno” solo para dar una idea del talante de dicho cuestionario. Sugiero consultar los restantes en el referido libro.

Lo que me interesa destacar aquí es que consciente de los espejismos y trampas que el mercado propicia a través de la publicidad engañosa que reiteradamente se transmite a través de los medios masivos de comunicación, la alternativa que debemos preservar y fomentar es la de los valores éticos.

Milton Glaser pone en cause la disyuntiva de elegir entre integrarnos dócilmente al influjo mercantilista extremo que suele distorsionar la realidad de las presuntas ventajas de algunos productos, engañando así al público, o preferir una actitud ética que fomente prácticas de comercio leal con todo lo que ellas comportan, es decir, estableciendo un tipo de relación más honesta con los clientes.

En otras palabras nos da a escoger entre usar la verdad o recurrir a la mentira cuando diseñamos y comunicamos.

En las dos últimas conferencias que fueron publicadas en el libro que hemos comentado, Milton Glaser nos plantea un decálogo de las “cosas que ha aprendido” que se resumen en estos puntos:

1) Trabaja solo con personas que te gusten

2) Si tienes opción de elegir, no trabajes nunca

3) Algunas personas son venenosas: evítalas

4) La profesionalidad no es suficiente (o lo bueno es enemigo de lo mejor)

5) Menos no siempre es más

6) No confíes en el estilo

7) Tu estilo de vida condiciona tu cerebro

8) La duda es mejor que la certeza

9) Sobre hacerse mayor

10) Di la verdad (11)

Para conocer el sentido que tienen estos conceptos sugiero nuevamente acudir a la lectura del libro que he venido comentado, ya que por cuestiones de espacio me es imposible extenderme sobre ellos.

En la última conferencia “Sombras y luces” el maestro Glaser hace una brillante disquisición sobre las causas que han propiciado el declive de la ilustración en los tiempos actuales y pondera una vez más el valor del arte.

Es oportuno citar algunas de sus palabras de esa plática:

“El arte es la forma más benigna y esencial de crear comunidad que nuestra especie haya descubierto. Mozart y Matisse, hijos de Eros, nos hacen más humanos y más generosos los unos con los otros” (12)

No es usual que en el medio del diseño gráfico surjan figuras que podemos catalogar como “humanistas de nuestro tiempo” si se me permite el uso de esa expresión.

Milton Glaser en virtud de sus méritos, de su manera de ser y por su concepción de la vida, es uno de esos contados personajes que circundan esa franja del humanismo que tanta falta nos hace ampliar en esta atribulada y en ocasiones frívola época permeada por los individualismos exacerbados en la que nos ha tocado vivir.

Referencias bibliográficas.-

1) Entrevista a Milton Glaser realizada por el periodista Camilo Sánchez en el diario “El País”, aparece en la Sección de Cultura de la edición electrónica del 4 de agosto del 2015.

http://cultura.elpais.com/cultura/2...

2) Idem

3) Idem

4) Diseño de protesta / Milton Glaser / Mirko Ilic , Editorial GG 2006 , Barcelona

5) Milton Glaser / Art is Work / Graphic Design, Interiors, Objects and Illustrations

The Overlook Press, Woodstock and New York año 2000

6) Idem

7) Idem

8) Milton Glaser, Diseñador / Ciudadano, Cuatro lecciones breves (más o menos sobre diseño) Editorial GG Barcelona, 2014

9) Idem

10) Idem

11) Idem

12) Idem

Otras fuentes de consulta:

Milton Glaser / Drawing is Thinking (Introduction by Judith Thurman)

Overlook Press, Woodstock and New York

2008

Milton Glaser / Graphic Design

Overlook Press, Woodstock and New York

Third Printing

1983

The Push Pin Graphic

A quarter century of innovative design and illustration

Seymor Chwast

Edited by Steven Heller and Martin Venezky

Inrtoduction by Milton Glaser

Chronicle Books, San Francisco

2004

 



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