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Jueves, 04 de agosto de 2016

Los e-books
Escrito por Manuel de la Cera

La experiencia de leer un extenso libro en una tableta iPad suscitó en mí algunas interrogantes. Se supone que en este tipo de artefactos se pueden almacenar un promedio de 3,000 libros aproximadamente. Es una cantidad enorme.

 

Impresiona que en artilugio tan diminuto y delgado pueda caber tal volumen de información diversa. Por el caudal de textos que guarda este aparato, creo que no me alcanzará lo que me resta de vida para terminarlos todos, en caso de que en efecto pudiese ocupar el máximo espacio de memoria de dicha máquina con únicamente libros.

  

¿Cuántos libros puede leer una persona en un año? Seguramente no hay un respuesta definida. La cifra depende de muchos factores, pero suponiendo que para mi caso particular el número fuese de 50 libros, entonces de seguro me faltarían muchos años para abarcar toda esa extensa librería digital.

 

Si alcanzo a vivir el mismo número de años que vivió mi padre –es decir casi ochenta–, entonces me restarían únicamente otros 30 de existencia. A un ritmo de lectura como el que he mencionado, llegaría a 1,500 libros más, que se sumarían a los que hasta ahora ya he leído. Es decir, lo que me falta por leer es ¡apenas la mitad o quizá menos de lo que le cabe a este tipo de tabletas! Si pretendiera cubrirlos todos debería aumentar de forma radical mi promedio anual de libros terminados. Me pregunto también, ¿tendrán estas tabletas 30 años de vida útil?

 

La verdad, aquí conviene recordar a Borges, quien explicaba que no importaba el número de libros que se hubieran leído en la vida, sino que lo verdaderamente valioso era haberlos leído bien. Calidad del hábito de leer por encima de la cantidad de lo leído, para decirlo con pocas palabras.

 

Debo aceptar que leer en un iPad tiene más ventajas que desventajas. Una de ellas –que es evidente por lo que hasta ahora he expresado– es el ahorro de espacio y papel. Hay otras que en otra ocasión mencionaré.

 

Negar la trascendencia de este invento digital sería tan absurdo como negarse a reconocer el valor de internet. Seguiré apreciando los libros en papel, pero de ahora en adelante creo que me será difícil no acceder a la lectura con más frecuencia a través de estos dispositivos cibernéticos.



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