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Jueves, 04 de agosto de 2016

El último moderno
Escrito por Manuel de la Cera

 

 

La reciente muerte de William Turnbull, ocurrida el pasado 15 de noviembre, constituye una gran pérdida para el mundo del arte. La noticia pasó casi desapercibida en México; sólo algunos diarios la consignaron. Tal vez no busqué bien y, si así fue, espero me disculpen, pero no vi ninguna reseña o crítica que se ocupara del asunto en nuestro país. Para cerrar este año, esta vez desde este Anaquel, deseo hacer algunos breves apuntes sobre este artista escocés que nació en Dundee en 1922.

 

La carrera de Bill Turnbull se inició en el círculo de los dibujantes comerciales de algunas revistas populares en las que trabajó desde muy joven en su tierra natal. Dentro de ese medio, se percató que los horizontes del arte eran mucho más amplios de aquellos que le brindaba el estrecho entorno en el que se desenvolvía, así que decidió migrar rumbo a Londres para hacer estudios formales en una academia de arte.

 

El estallido de la Segunda Guerra Mundial lo llevó a formar parte de la Real Fuerza Aérea Británica. Esa experiencia de su incipiente juventud fue determinante en su vida, ya que le brindó la posibilidad de contemplar al paisaje desde grandes alturas, lo que se vería reflejado años más tarde en algunas de sus coloridas pinturas abstractas trabajadas al óleo, y también en algunos relieves hechos en bronce.

 

Cuando conoció la obra de los impresionistas franceses, sobre todo a Monet, supo que debía viajar rumbo a París. Una vez instalado en la que en aquellos años era la capital mundial del arte, Turnbull tuvo la suerte de contar con la amistad de Alberto Giacometti, figura que, junto a la de Brancusi, fueron claves en el desarrollo de su concepción estética. Impregnado por la influencia de todo el movimiento moderno, después de unos años de residir en Francia regresó a la Gran Bretaña, donde en 1950 realizó su primera exposición individual de esculturas, en las que era evidente la huella de Giacometti.

 

Turnbull fue evolucionando hasta alcanzar su propia e inconfundible voz. Ese proceso lo llevó a transitar por diversas formas de expresión, que incluyen el dibujo, la pintura y sobre todo la escultura, en la cual experimentó con éxito con diversos materiales y técnicas, con las que produjo una importante cantidad de obras muy valiosas. Además formó parte del célebre colectivo The Independent Group, al lado de Richard Hamilton y Eduardo Paolozzi.

 
Su estilo y lenguaje plástico fue variando en la medida en la que su brillante intuición lo hacía virar hacia nuevos derroteros expresivos, a veces caracterizados por una sobriedad muy concentrada, elocuente y simplificada, y otras en las que recurrió a formas y figuras más desenfadadas y orgánicas que, sin embargo, nunca se desprendieron de las premisas básicas que orientaron al movimiento moderno. En ese sentido, creo que es válido afirmar que William Turnbull quizá fue el último de los grandes artistas que emanaron del fulgurante aliento expresivo que representan las vanguardias artísticas del siglo XX.

 

Indudablemente, una de la etapas de su obra tiene un sesgo industrial, sobre todo en la que corresponde a su experimentación con materiales como el plástico o el acero esmaltado, lo que lo alejó durante un periodo de su anterior producción realizada sobre bronce y madera.

 

Son muchas las obras que podríamos recuperar aquí para evocar la memoria de este magnífico artista. Prefiero, sin embargo –y si me lo permiten– sugerirles que vean el documental que en el año 2011 realizó su hijo Alex Turnbull junto con Pete Stern. En él hay testimonios de relevantes artistas, como Peter Blake, Tess Jaray, Antony Gormley, Ian Davenport, Richard Hamilton y muchos más. Cabe destacar también las entrevistas en las que aparece el propio maestro Turnbull.

 

No podía ser más acertado el título del documental: Beyond Time. Al contemplar muchas de las piezas de William Turnbull advertimos que su potencia artística conduce al conjunto de su obra a frezar los límites que trascienden la barrera del tiempo.

 

A la par que les agradezco la atención que me dispensan al leerme, les deseo lo mejor para el próximo año, en el cual espero que nos volvamos a encontrar por aquí.

  

     
 
 


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