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Viernes, 29 de julio de 2016

Imágenes en torno a una imagen de Posada (quinta parte)
Escrito por Helia Bonilla

V Un antecedente y la imagen

 

 

Es interesante señalar que el artista, como la mayor parte de los periódicos que revisé, también hizo una distinción entre la conducta de los estudiantes durante la manifestación y l 1px; ">ade la gente durante los motines populares del día siguiente. Posada había realizado otra imagen para ilustrar los mismos sucesos en el número anterior de La Gaceta Callejera, que carece de fecha, pero que debió publicarse uno o dos días después de la manifestación antireeleccionista.

 

 

Gaceta callejera, núm. 1.

 

Tres son los temas descritos en el texto de esta hoja de Vanegas Arroyo, que aunque afirma ser imparcial, finalmente condena a los estudiantes: la manifestación antireeleccionista, en la que se improvisaron discursos sobre carruajes; la manifestación reeleccionista, con su música y su carro alegórico; y finalmente, los destrozos, robos y escándalos que habrían sido cometidos por los estudiantes, quienes apedrearon a la gendarmería montada. De las tres posibilidades Posada elige representar justamente la manifestación antireeleccionista, lo que es claro por el personaje que está arriba del carruaje. Además, la representa con un entusiasmo que el texto no comparte pero que sí es descrito ampliamente en la prensa de oposición: las banderas y estandartes que ondean, el hombre que se quita el sombrero al escuchar el himno nacional interpretado por una banda que acompañaba a la manifestación, el público de diversas clases que vitoreaba la causa. Hay, por tanto, divergencia entre texto e imagen, pues ésta, a diferencia de aquel, no condena a los estudiantes.

 

 

El siguiente número, el segundo de La Gaceta Callejera, que es el que me ha interesado de manera central, tampoco está fechado, pero debió aparecer un día después que el anterior. Predomina en su texto el tono sensacionalista: se describen de nuevo, de manera desordenada, aunque más extensamente, tumultos, desórdenes y escándalos; se habla de muertos y heridos, de persecuciones y aprehensiones, de caballazos y cintarazos propinados por los soldados, de nuevos rumores, del temor de la gente y de las calles desoladas. De manera implícita y explícita, se enjuicia condenatoriamente a los antireeleccionistas y se afirma que no hay nada de malo en que quieran continuar en la lucha, sosteniendo sus opiniones, “siempre que lo hagan procurando evitar desórdenes y escándalos que sobre atraer perjuicios considerables á la gente pacífica y á los comerciantes, hará caer una causa que tan malos resultados da sólo al iniciarse” (sic).

 

 

Gaceta callejera, núm. 2.

 

En lo que se refiere a la imagen, Posada toma nuevamente la iniciativa y muestra algo que, aunque no se menciona en ningún momento en esta nueva hoja, sí se mencionaba en el texto de la anterior: que la gente apedreó a los gendarmes. Pero pareciera que para Posada no fueron los estudiantes, sino únicamente el pueblo, el que se vio envuelto en los motines, y resulta claro si se compara con la imagen anterior, en donde los manifestantes tenían diversa procedencia social y era el entusiasmo y la alegría lo que se expresaba. En esta imagen sólo aparecen al fondo y de manera insinuada, tres siluetas con sombreros de los que utilizaba la clase media o alta.

 

Aunque, por el tono exaltado de la imagen de la primera hoja, pareciera que Posada simpatizó con los antireeleccionistas, no se puede sino especular. Antonio Rodríguez pensaba que esta segunda imagen sostenía una opinión contraria al texto que ilustraba, y que en ella Posada denunciaba una represión injusta por parte de la autoridad, porque dejaba ver la desigualdad de fuerzas.[8] Renato González, por el contrario, duda de que esto sea así y de que Posada haya simpatizado con los motines populares, condenados por El Monitor Republicano, periódico de oposición.[9] Esta interpretación me parece más adecuada; hemos visto que incluso el radicalísimo Hijo del Ahuizotereprobó dichos motines. Pareciera por tanto que José Guadalupe no se refiere aquí a los antireeleccionistas en sí, sino a los escándalos populares.

 

Es cierto que en este enfrentamiento las fuerzas son desiguales, pero, aunque la superioridad de los gendarmes que montan a caballo y van armados con rifles y sables es reforzada por su mayor dimensión y su ubicación central en la composición, no por ello se debe deducir que Posada sentiría simpatía por la violencia del pueblo, que en este caso es multitudinario.

 

Resulta simplista pensar que Posada sólo lo enalteció, pues abundan las imágenes en que lo critica duramente. Podría pensarse que el hecho de que represente una mujer subrayaría también la injusticia cometida. Sin embargo, no son pocas las imágenes en que satiriza a mujeres del pueblo (recuérdese la imagen en que dos de ellas se jalan de los cabellos). Por otra parte, esta no es una mujer tímida, que huya o que llore, no es sorprendida por el tumulto, sino que se lanza enardecida hacia él. Su grito, al parecer, es de furia, como el del hombre que está a su lado, y no de miedo, como el de algunos de los personajes que se encuentran del lado derecho. Ya antes Goya había dicho que las mujeres también Son fieras.Y si Posada critica en ocasiones al pueblo, en otras enaltece a los militares.

 

En la imagen citada pareciera haber cierto equilibrio en la crítica, porque en realidad la violencia no es unilateral. La actitud de los personajes de la izquierda no es menos agresiva que la de los soldados, aunque su furia sea quizá la del que está acorralado. La transgresión y la represión son puestas ante nuestros ojos, sin ser enaltecidas o criticadas, como sí ocurre en el caso de las imágenes de México Gráfico, de La Patria Ilustrada y de El Hijo del Ahuizote, en las que la opinión es totalmente transparente y unívoca: se está a favor de unos y en contra de otros. La imagen de Posada, por el contrario, es polivalente, y en este sentido Posada es mucho más que un mero ilustrador.

 

Lo literal se traslada a la composición: la lucha y la violencia se expresan en la tensión y el dinamismo de las líneas compositivas, que se multiplican al infinito; la vista nunca reposa porque dichas líneas la arrastran de un punto a otro. El movimiento prevalece y es logrado mediante los ritmos, que son marcados por la alternancia de las masas negras y blancas, por la ubicación y dimensión variada de los objetos, por la similitud en las formas y por los juegos de las innumerables curvas, diagonales y verticales.

 

Posada elige el punto álgido, cargado de energía , en el que el golpe está a punto de asestarse, en el que el grito irrumpe. El drama y la violencia son enfatizados por el hombre que yace en el suelo, por el que huye y por el que ya ha escapado aterrorizado, dejando abandonado su sombrero; por los gestos contundentes de los rostros. Aunque éstos apenas están bosquejados con unos cuantos trazos, no necesariamente descriptivos, el artista consigue reflejar en ellos la ira, el miedo, la tensión, la peculiaridad racial indígena.

 

Los sentimientos son sólo visibles en la gente del pueblo, y en este sentido la violencia sin gesto de la autoridad es impersonal, no tiene rostro, carece de emotividad alguna. ¿Qué es más terrible: la visceralidad desbordada o la violencia cuyo rostro se esconde?

 

 


[8] Rodríguez, Antonio. Posada: “el artista que retrató una época”. México, Editorial Domés, 1977. Pág. 32.

[9] Renato González. Op. cit. Pag. 322.



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