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Viernes, 29 de julio de 2016

Imágenes en torno a una imagen de Posada (cuarta parte)
Escrito por Helia Bonilla

IV El contexto histórico  

 

 

La imagen de Po

sada que me interesa apareció en La Gaceta Callejera, hoja volante que Vanegas Arroyo publicaba de manera irregular,  según lo requirieran los sucesos. En este caso se hace referencia a hechos violentos, derivados de dos manifestaciones que hicieron respectivamente quienes se oponían y quienes defendían la cuarta reelección consecutiva de Porfirio Díaz. Estos hechos causaron sensación y atrajeron el interés de la prensa, gobiernista (reeleccionista) e independiente (antireeleccionista), que emitieron por supuesto, versiones encontradas.

 

 

 

 

El domingo 15 de mayo de 1892 los antireeleccionistas llevaron a cabo su manifestación, que partió de San Fernando hacia el zócalo, pasando a una cuadra del taller de José Guadalupe Posada, y volviendo algunas horas más tarde por Plateros y Juárez, hacia San Fernando.  Este día el único disturbio fue el provocado por algunos entusiastas que dañaron la puerta de una de las torres de Catedral, en el intento de tocar las campanas y por lo cual fueron detenidos y enviados a la cárcel de Belén.

 

 

Al día siguiente, en respuesta, los reeleccionistas realizaron una manifestación que fue hostigada por los antireeleccionistas, quienes reprocharon con gritos su servilismo y les lanzaron mendrugos y pambazos. El ánimo se fue encendiendo y la policía y la gendarmería montada intervinieron, dando caballazos, cintarazos, sablazos, machetazos y garrotazos a los grupos de antirreeleccionistas que se disolvían y se volvían a formar por diversos puntos de lo que ahora es el centro de la ciudad. Uno de estos ataques ocurrió frente a Palacio Nacional, y es posible que Posada lo hubiera visto, pues su taller estaba muy cerca, en la calle de Santa Inés, y su casa en la calle de Jesús María; además, el día anterior, justo en Santa Inés, se habían reunido los antirreleccionistas para tratar el asunto de la excarcelación de sus compañeros. Las protestas y enfrentamientos enardecieron a la gente del pueblo, que terminó amotinándose y al grito de ¡Muera la reelección!  apedreó faroles, algunos vagones del tren de Tacubaya y aparadores de negocios. En las calles de Santa Ana y Tezontlale, por ejemplo, se dio una terrible contienda que empezó a pedradas contra la gendarmería montada y contra un regimiento de caballería que habían llegado a dispersar el tumulto causado por la “plebe”, y que terminó con un hombre muerto y varios heridos. Por diversas partes de la ciudad ocurrieron otros tumultos de este tipo, aunque al caer la noche la situación volvió a una tensa calma. Un día después hubo aún algunos motines más, pero esporádicos.

 

 

Desde un principio, la prensa ilustrada expresó opiniones polarizadas respecto a estos sucesos. Es interesante tener en cuenta sus imágenes porque, por contraste, podremos ahondar en la manera en que Posada representó los mismos hechos. Es probable que él haya realizado ilustraciones sobre estos sucesos para otras publicaciones, pero no me fue posible localizarlas. Hubiera sido interesante ver cómo Posada trabajó un mismo hecho en distintos periódicos.

 

 

La publicación que atacó más radicalmente a los antireeleccionistas fue México Gráfico, editada por el destacado ilustrador José María Villasana. Con un sentido del humor más acentuado en los textos que en las imágenes,México Gráfico se burló de su falta de consistencia política y les llamó antifarolistas y pambaceros (por haber lanzado pambazos a la policía), utilizó la palabra antireeleccionar como sinónimo de robar, se burló del pueblo ignorante que “sólo aprovechó la situación para dar rienda a sus instintos” y satirizó los discursos de los antireeleccionistas. A diferencia del texto, las imágenes no culpan a los estudiantes de los robos, aunque también los ridiculizan y los muestran como niños que no saben lo que quieren y no pronuncian correctamente las palabras, o son manipulados por la prensa de oposición; el suyo fue un alboroto infantil de ideas librescas y pambazos. Sin embargo, se hace hincapié en las consecuencias violentas de la manifestación antireeleccionista, pero en las imágenes los que cometen los robos y apedrean los faroles, son hombres del pueblo. No hay comentario alguno, ni visual ni verbal, a la intervención violenta de la caballería montada.

 

 

 

Las imágenes de La Patria Ilustrada, donde había colaborado Posada hacía uno o dos años, muestran de manera opuesta la manifestaciones antireeleccionista y reeleccionista; también criticaron y satirizaron a los estudiantes como si se tratara de niños desobedientes, o bien como individuos despistados que distorsionaban la realidad. A diferencia de la revista anterior, el texto no acusó a los estudiantes de los robos cometidos, aunque sí de permitir que se les asociara la “plebe” ignorante; se burló también de su formación, “incompleta como para pretender expresar sus opiniones”. La Patria Ilustrada se refirió a la violencia con más humor, incluso en tono ligero al decir que se había apambaceado a la autoridad.

 

 

El Hijo del Ahuizote, periódico francamente antiporfirista en el cual Posada, al contrario de lo que se ha dicho, no colaboró (o por le menos no se ha probado), describió la manifestación antireeleccionista en tono emotivo y exaltadamente patriótico. Visualmente, representó también a los estudiantes como niños  -aunque aquí la juventud es signo de valentía, no de candidez manipulada- junto a un león que también exaltadamente simbolizaba al pueblo que estaba despertando, o junto a los obreros, poniendo ambos un cascabel al gatonecesarismo (refiriéndose a la idea de los reeleccionistas de que Díaz era un hombre necesario). Burlándose, señaló que a los antireeleccionistas les habían lanzado flores y a los reeleccionistas pambazos. El Hijo del Ahuizote hizo énfasis en la violencia ejercida contra los manifestantes. De hecho, las suyas fueron las únicas imágenes que encontré, además de la de Posada, en las que se muestra la violencia de la autoridad; si se trataba de castigar, entonces los estudiantes sí eran grandes. La opinión de dos de sus imágenes es interesante y muy explícita: los motines populares les fueron achacados a los estudiantes y hubo un abuso de fuerza por parte de la autoridad; el abuso llegó al asesinato del pueblo patriota. El Hijo del Ahuizote  en su texto, también reprobó los desmanes populares, aunque culpó de ellos a la provocación de los reeleccionistas. Sin embargo, otra de las imágenes de este periódico de oposición utilizó un suceso lamentable, la muerte de un hombre que ocurrió durante uno de aquellos motines, para revestirlo de un carácter de lucha patriótica que en realidad no tenía.

 

 

 

 

 

Estas fueron, si no todas, algunas de las imágenes que circularon junto con las de Posada, y que comentaron los hechos referidos más arriba.



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