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Viernes, 29 de julio de 2016

Imágenes en torno a una imagen de Posada (tercera parte)
Escrito por Helia Bonilla

III Las influencias

 

 

En Posada, como en otros ilustradores, encontramos parte de la historia del desarrollo de los estilos, los géneros y las técnicas de la ilustrac

ión gráfica del siglo XIX; hay además una rica crónica de la vida, las costumbres, las creencias, las ideologías y los hechos históricos de la época. Su obra de gran calidad artística y con un lenguaje propio, logró personalizar las influencias recibidas.

 

 

En lo que se refiere a éstas, se han empezado a explorar. A falta de la iconografía concreta que se encuentra tras la imagen que ahora quiero estudiar, y porque interesa señalar la multiplicidad del mundo visual que le nutrió, es útil citar la que está tras otras de sus obras. Thomas Gretton encuentra la influencia de El soldado herido de Gericault, del Fusilamiento de Maximiliano de Manet, del Laoconte helenístico[6] (quizá Posada pudo ver la excelente copia en yeso que se encuentra en la Academia de San Carlos). Renato González encuentra también en una caricatura de Posada la influencia de uno de los cartones de Rafael.[7] Goya es una de las influencias que se han señalado a menudo, y aunque parece ser real no se ha estudiado. Posada fue influido además por los caricaturistas de la época, tanto mexicanos como extranjeros y por el mencionado grabador popular Manuel Manilla.

 

Es claro como Posada absorbe todo tipo de imágenes, pertenezcan al llamado arte culto o al arte popular. En todo caso, él mismo ejemplifica lo complejo que en ocasiones resulta establecer las fronteras entre uno y otro.

 

No se sabe de qué manera Posada tuvo contacto con algunas de estas fuentes. Es sabido que algunas casas litográficas, que abastecían de imágenes las ediciones decimonónicas, contaban con un archivo de grabados y publicaciones nacionales y extranjeras. Los grabados de Goya, por ejemplo, circularon ampliamente y las obras de diversos pintores eran conocidas por copias en grabados. Además de que conocía las publicaciones contemporáneas, es posible que Posada tuviese también algún archivo, que asistiese a las exposiciones de la Academia, muy cercana a su taller, y al Museo Nacional de Arqueología, Etnografía e Historia (también cercano), en cuyo Salón de los monolitos se encontraba la Coatlicue, la cual Posada dibujó para una de las portadas de laBiblioteca del Niño Mexicano. Podría también haber conocido revistas y periódicos europeos ilustrados, como La Ilustración Europea y Americana, etc. Otra fuente confirmada de Posada son las fotografías y fotograbados.

 

Por lo que se refiere a la imagen que da pie a este trabajo, y que como señalé fue realizada por Posada para ilustrar una hoja volante en 1892, las influencias podrían ser varias, aunque quizá se deban más a una cuestión de género. Como sea, la representación de caballos en escorzo es común en la alta cultura occidental; por ejemplo, en la Batalla de San Romano de Uccello, la cual tiene un paralelismo curioso aunque quizá casual con la imagen de Posada, por los ritmos que se establecen en la parte superior de la imagen; Posada pudo también haber visto otras obras de Gericault. Además, en México se publicaron libros ilustrados con las campañas napoleónicas, por ejemplo La batalla de Aboukir de Gros. Se puede citar también La Historia de Napoleón por Ignacio Cumplido, en 1843, una de cuyas imágenes está tomada de un cuadro de Girodet.

 

Por otro lado, las escenas de batallas abundaron en la pintura y la gráfica mexicanas, y pudieron haberle servido de referencia. Muy interesante al respecto es una de las litografías que ilustró los Apuntes históricos de la carrera militar del señor General Porfirio Díaz. Presidente de la República Mexicana, obra publicada en 1889, tres años antes de que se publicara la imagen de Posada. Dicha litografía se titula San Lorenzo (10 de abril de 1867), y está firmada por R. Ruiz; en una escena ubicada en la parte centro-izquierda de esta estampa, el autor muestra a un jinete que recuerda varias imágenes posteriores de Posada, por ejemplo, la que se publicó en 1900 como portada en el cuadernillo número 62 de la Biblioteca del Niño Mexicano. La posición del mencionado jinete de la litografía de 1889 es idéntica a la del Hidalgo hecho por Posada, y aunque la postura del caballo del héroe patrio difiere con la del de la litografía de Ruiz, sí coincide con la del caballo de otro jinete que figura igualmente en esta última estampa, y que asoma por detrás del jinete citado en principio.

 

Por otra parte, la figura del caballo que se encuentra en el extremo derecho de la imagen de 1889 es casi igual a la del caballo que aparece a la derecha en la imagen de Posada publicada en La Gaceta Callejera, sobre la cual se centra este trabajo. La única diferencia, además del dibujo más expresivo en la imagen de Posada, es que en esta última, la pata derecha trasera del caballo tiene una inclinación que, aunque ligeramente diferente, le confiere mayor dinamismo. Se podrá argumentar que los caballos vistos por detrás serán siempre parecidos, y así es, sólo que en este caso Posada repite en su imagen cada detalle de la otra, incluso la extraña deformidad de las patas traseras. Es probable, sin embargo, que esto más que hablar de una influencia directa, nos esté hablando de la utilización de convenciones o actitudes codificadas en la gráfica de la época, las cuales al parecer abundaron (un estudio al respecto podría arrojar información interesante).

 

La manera en que están representados los uniformes de los personajes en ambas imágenes es similar porque se refieren a hechos cercanos espacial y temporalmente. Las actitudes son violentas, como lo serán en imágenes de batallas o represión: los sables aparecen levantados en ambas imágenes, como en muchas otras; hay quienes atacan, quienes huyen y quienes han caído.

 

En cuanto a la representación del pueblo mexicano, cabe señalar que fueron sobre todo el grabado y la litografía (de los románticos pintores viajeros, de los ilustradores y de los caricaturistas)  los que difundieron su imagen. Pero no es necesario ir tan lejos: Posada se nutría de la realidad circundante, y ahí encontraba sus modelos, que sintetizaba y utilizaba constantemente: el personaje vestido de manta, huaraches y sarape reaparece con algunas variantes, como representación del pueblo una y otra vez. Aunque utilizaba una representación codificada de un grupo social, no hacía una tipificación pintoresquista.

 

 


[6] Thomas Gretton, “Images of firing squads... Op. cit.

[7] Renato González. Op. cit. Pag. 337.

 



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