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Viernes, 29 de julio de 2016

Imágenes en torno a una imagen de Posada[1] (primera parte)
Escrito por Helia Bonilla

I La mitificación

La imagen a tratar es una de las más ampliamente conocidas de la obra de José Guadalupe Posada (1852-1913), y se publicó en el número 2 deLa Gaceta Callejera, en mayo de 1892, en que se hablaba de la continuación de las manifestaciones anti-reeleccionistas. Junto con el resto de la obra, su interpretación ha respondido a los usos e intereses de diversas épocas. Mientrs Posada vivió, su trabajo tuvo fines concretos: la ilustración de publicaciones de diverso tipo. Independientemente del valor estético de sus imágenes, en vida Po

sada fue un ilustrador y no un artista (me refiero al estatus social); sus imágenes se confundieron entre la profusión gráfica del siglo XIX y principios del XX. Hasta donde sabemos, no tuvo mayor reconocimiento: murió alcohólico, solitario y pobre, como seguramente muchos otros, en una ciudad de México que abría sus puertas a la Revolución.

 

Una década después, gracias a los cambios de los intereses artísticos  en México y al interés en un arte popular y arraigado en lo mexicano, la recuperación de la obra de Posada fue posible. La generación de artistas postrevolucionarios lo resucita, pero con una dimensión distinta: Posada se ha convertido en un artista único y revolucionario, en paradigma de la nueva generación. Leopoldo Méndez lo representa al lado de Flores Magón, mientras mira y bosqueja la escena que inspiraría justamente la imagen que se analiza en este trabajo. El mito se inicia y su obra, a la vez que se difunde, sufre una reducción pasmosa. El rescate lo estereotipó en el artista que se burla de la muerte, en el hombre que se enfrenta heroicamente a un régimen opresor, elitista y soberbio, a través de los grabados que Antonio Vanegas Arroyo publicó en sus impresos populares; en el artista revolucionario defensor de un pueblo que sufre; en el Posada que, como Goya, retrata la miseria y la tragedia humanas. Y parte de ello alienta indudablemente en su obra, pero al acercarse a ésta y a los poquísimos datos fidedignos que se tienen acerca de su vida, el estereotipo se desdibuja y su imagen se enriquece y se hace compleja. Aparecen las contradicciones.


 

[1] Las fuentes utilizadas en este trabajo son la extensa bibliografía sobre José Guadalupe Posada, el grabado, la litorgrafía y la caricatura mexicanas. También los periódicos El Monitor Republicano, El Universal, El Hijo del Ahuizote, La Patria Ilustrada, El Tiempo, México Gráfico y El Diario del Hogar (todos del siglo pasado), que consulté en el Fondo de Rserva de la Hemeroteca Nacional. La colección de carteles y programas de mano del Archivo Histórico del Distrito Federal y finalmente, algunas hojas volantes de la colección de la familia Vanegas Arroyo.



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