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Viernes, 29 de julio de 2016

Oaxaca, arte en una ciudad... (Tercera parte: El mito del renacimiento, ¿el mito de la creatividad?)
Escrito por Paula Mues Orts

A veces la suerte no asoma, se juntan el hambre con las ganas de comer, o todo sucede al mismo tiempo, y se produce un desenlace inesperado. Algo así pasó con una de las clases de licenciatura en Historia del arte y que por una u otra cosa, el semestre que me tocaba tomarla fue prácticamente inexistente. A la vista de hoy me parece una pequeña desgracia no haber cursado Arte del renacimiento, pues el periodo artístico es fundamental para entender siglos y siglos de producción plástica, así como de toda la que la continuó, negó, revivió, volvió a negar, rescató y un sinfín de etcéteras. El hueco de esa omisión ha sido difícil de tapar, pero mis esfuerzos de leer, escuchar, observar, volver a leer e intuir, van teniendo frutos, aunque sean asistemáticos (le agradezco el rasgo una vez más a mis escuelas activas).

 

Desde mis intereses actuales he podido estudiar algunos aspectos del renacimiento, enfocados más bien a otras áreas o para comprender otras épocas.[1] Me he concentrado en los tratados artísticos, fundamentales para la teoría pictórica de los periodos posteriores, que son mi verdadero objeto de estudio, así como a últimas fechas me he enamorado de los retratos de Bronzino y las pinturas de Antonello da Messina.

 

     

Agnolo Bonzino, Retrato de Francisco I de Medici, 1551, Galeria Uffizi.

Antonello da Messina. Virgen de la anunciación, 1476, Museo Nacional de Palermo.

Tomadas de http://www.wga.hu/index1.html

 

En el marco de mi curso oaxaqueño, los estudiantes y yo reflexionamos algunas cuestiones del renacimiento, por lo que tuve la oportunidad de repasar su complejísimo panorama artístico, llevar más lejos algunas de mis percepciones sobre él, y modificar otras. La impresión más importante que reafirmé y que quiero compartir aquí, es la idea de que el renacimiento italiano dedicó grandes esfuerzos a crear un mito sobre sí mismo, que aún hoy, siglos después, nos es fácil creer, tomar como natural en las artes.

 

El renacimiento creó un mito sobre sí mismo. Espero que ningún especialista en el periodo miente a mi sacrosanta al leer esta idea, así que me apuro a explicar en qué sentido la digo. El mito es la narración de un suceso extraordinario, protagonizado por dioses o héroes, y que tiene, además, la función de sintetizar alguna experiencia de gran significación. En lo general, el hombre del renacimiento se caracterizó de manera similar, casi heroicamente, sintetizador, y pretendiendo que sus valores fueran significativos a todos, y por lo tanto los que estudian el periodo se ven compelidos a repetir o aceptar un sentimiento de suceso excepcional, de creatividad desbordante, o de experiencia casi universal del entendimiento humano.[2]

 

El renacimiento es uno de los pocos periodos, estilos y/o movimientos, que se definió respecto a los otros, que se diferenció de ellos, lo que ya es bastante extraño e importante. Se vio a sí mismo como un renacer (¿de una muerte?, ¿de un período oscuro?) Por ello, Bocaccio (1313-1375), hablando del pintor Giotto (1267-1337), pudo decir:

 

“El genio de Giotto, era de tal excelencia que no hubo nada [producido] por la naturaleza, madre y creadora de todas las cosas, en el curso de la perpetua revolución de los cielos, que él no representara por medio de estilo, pluma o pincel de forma tan veraz que el resultado no fuera de mayor fidelidad que el logrado por la propia naturaleza. De ahí que el sistema humano de la vista haya sido, a menudo, engañado por sus obras, tomando como real lo que estaba sólo pintado […] él devolvió la luz a este arte [pintura] que durante muchos siglos había estado sepultado bajo los errores de quienes pintaban para agradar a los ojos de los ignorantes más que para satisfacer a la inteligencia de los expertos…”

 

Por su parte el tratadista Cennino Cennini sentenció “Giotto tradujo el oficio de pintor del griego al latín, y así lo modernizó”.[3] Para Cennini lo “griego” eran los íconos, mientras que lo “latino”, el nuevo lenguaje pictórico, que merecía toda la gloria.

 

Para estos autores Giotto, como otros artífices, había acercado la pintura a la naturaleza, una naturaleza idealizada y mejor que la existente, que tendía a la belleza de la simetría o proporción, a la expresividad por medio del estudio del cuerpo humano, de sus pasiones y sus afectos. Claro que hoy podríamos pensar que era exagerado proponer que Giotto engañara a los espectadores de sus obras haciéndoles creer que estaban ante la verdad o realidad, pero no es difícil entender porqué el interés en sus pinturas, plenas de vitalidad, animación, variedad y belleza.

 

Giotto di Bondone. Noli me tangere, del ciclo de escenas de la vida de Cristo, 1304-06, fresco, Cappella Scrovegni (Capilla de la Arena), Padua. Tomado de www.wga.hu/index1.html

  

El renacimiento, además, formó una teoría artística sin precedentes. Muchos artistas se dedicaron a escribir sus ideas, a explicarlas, a justificar su actividad, a ubicarla como producto del intelecto, la razón y el conocimiento. Recuérdese que durante la edad media se consideró que las artes liberales, practicadas por hombres libres y dignos, eran todas intelectuales e inmateriales (gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía, y música), y que las que hoy llamamos artes eran mecánicas, es decir, producidas por la repetición, la técnica, y su materialidad. Así fue como los “artistas” buscaron crear dispositivos visuales, constructivos y narrativos, que fueran claramente hijos del intelecto y de las artes liberales, que precisaran conocimientos mentales, conceptuales o matemáticos.

 

La distinción, como bien lo recordó uno de los estudiantes en Oaxaca, era más o menos la misma que la que hoy separa el arte de la artesanía: en uno se piensa, se crea, e inventa, mientras que en otro se reproduce, se repite, se aprende memorizando. Es como el diseño “contemporáneo” que se hace usando textiles “tradicionales”, de los que hablábamos en otra entrada, hace unas pantallas. El arte vale por la idea, la artesanía por la técnica de ejecución o la materia. La premisa de que el pensar vale más que el hacer, cuyo origen está en el renacimiento aunque entonces se planteara de forma un poco distinta, tuvo su origen en la búsqueda de los artífices por alcanzar el estatus de las artes liberales o mentales.

 

Aunque los giottos y albertis no podrían haberlo imaginado, hasta el arte conceptual hunde sus raíces en la separación entre la idea y la técnica, y, por lo tanto, en la revaloración de la teoría sobre la práctica. Entre los siglos XIV, XV y XVI el arte del renacimiento se planteó como una superación de lo convencional, para comenzar, poco a poco, a poner énfasis en lo extraordinario, en el artista y en el discurso. Parte del mito del renacimiento sería, a partir de estas ideas, que el artífice era tan importante como su obra, por lo que podía cultivarse la personalidad, relacionar la práctica con un modo de proceder, con un comportamiento, con un interés totalmente individual y personal, con un gusto propio. Hoy el cultivo de la personalidad de los artistas es parte fundamental de sus creaciones.

 

     

Andy Warhol. Archie. Y Andy Warhol y su perro Archie. (Imágenes tomadas de:www.dreamdogsart.typepad.com/)

 

Fue por el culto a la personalidad que un artista como Andy Warhol, con toda su complejidad, pudo ser tan potente en la escena cultural: el paquete incluía no sólo las imágenes o los objetos que creó, sino que la entrega se completaba con el mismo artista, que aparecía vestido de manera particular, peinado de forma particular, que hablaba y discurría de forma particular, que ofrecía fiestas, llevaba a sus perros, etc. Algo similar podría decirse de Picasso (que por cierto también tenía un perro salchicha), o de tantos otros que en sí mismos son parte de su propuesta artística.

 

Otro de los intereses primordiales del renacimiento, privilegiado por su cercanía con las matemáticas y la ciencia óptica, fue la perspectiva. En términos básicos la perspectiva simplemente es un método gráfico o geométrico de representación a través del cual se obtiene la impresión de profundidad sobre una superficie. Sin embargo, estudios de Brunelleschi (1377-1446), Alberti (1404-1472), Masaccio (1401-1428) y otros artistas, definieron esa representación como la proyección de los objetos en el espacio por medio de líneas convergentes en puntos imaginarios llamados puntos de fuga, procedimiento que se le llamó perspectiva lineal, o en el caso de Alberti, "Construzione Legítima", designación que de paso desacreditaba otras formas de representación espacial.

 

Rafael. Desposorios de la Virgen, 1504, Pinacoteca de Brera, Milán. Tomada dehttp://www.wga.hu/index1.html

 

Cuando en la clase pregunté “¿Qué es la perspectiva lineal?”, uno de los estudiantes se apresuró a decir que es la forma de ver del ser humano, que tiende a unir en el horizonte líneas paralelas, es decir, a unirlas en un punto de fuga, viendo disminuidos los volúmenes según su lejanía. Si bien es cierto que la perspectiva es un fenómeno óptico que tiene un principio de realidad, la perspectiva lineal en la pintura y los relieves, presupone condiciones para que “funcione” el engaño: que veamos como si lo hiciéramos a través de una ventana, y que el autor parta de la mirada de un sólo ojo, debido a que al ver con dos, cobra sentido el espacio de la tercera dimensión. Incluso los artífices renacentistas como Leonardo inventaron aparatos para ver la superficie a pintar a través de una mirilla, poniendo un vidrio entre el objeto a representar y el ojo. En el vidrio dibujaba las líneas y luego las pasaba a una cuadrícula para así copiar su diseño sin “voltear” la imagen.

 

Tomada de Javier Navarro de Zuvillaga. Mirando a través, Barcelona: Ediciones del Serbal, 2000, p. 10.

 

El hecho de que podamos creer fácilmente que el ojo ve naturalmente como Piero della Francesca (1416-1492) lo hizo cuando pintó esa ciudad ideal, perfecta, que nos da la sensación de calma y tranquilidad porque es regular, ordenada, y simétrica, es un tanto perturbador. Es cierto, la fotografía también capta imágenes que parecen tener puntos de fuga perfectos, porque el lente, es un ojo único. Pero la disminución de tamaños, el manejo de la luz y los matices de colores, la centralidad del punto de fuga para lograr un orden contundente, son todas herramientas conscientes del pintor para crear, con artificio, la sensación de espacio profundo. En efecto, la perspectiva lineal da la sensación de verdad utilizando principios de excepción de esa verdad: un punto de vista, para un espacio determinado detrás de un marco.

 

Piero della Francesca. Ciudad ideal. Tomada de http://www.bestpriceart.com/vault/wgart_-art-p-piero-francesc-idealcit.jpg

 

Pero el renacimiento, o el mito que se formó a partir de su teorización que legitimaba estos procedimientos matemáticos, presuponía que el espectador se dejaría engañar por sus artificios. Fue así como se acostumbró tanto al espacio limitado, racional y racionalmente estructurado, que hoy lo percibimos como algo natural, dado, establecido.

 

Algo similar pasó con la creatividad. El renacimiento propuso, con el humanismo de los intelectuales, que el hombre había despertado. Parte de su renacer era su capacidad de innovar. Surgieron los genios, hombres extraordinarios que tenían capacidades casi divinas, que veían más allá. En particular los florentinos y romanos se sintieron privilegiados, y hablaron de la predisposición de sus hombres para alcanzar logros enormes, artes excepcionales. Los arquitectos, pintores y escultores podían ahora comparar su creatividad a la de Dios, pues eran capaces de transformar la materia para crear una realidad particular, la de sus obras. Sintieron que habían alcanzado la perfección, que tenían las capacidades, la inteligencia, el espacio adecuado y la idea de la verdadera de belleza.

 

Cuando se da, en ciertas épocas y lugares, una realidad compleja que conjunta posibilidades, creatividades, patronos de las artes, suficiencias materiales, espacios para la teoría, el estudio, y la reflexión artística, como en Florencia o Roma del alto renacimiento, por supuesto se da una abundancia de obras, de propuestas plásticas, de difusión de esas propuestas, y de autoreferencias que continúan y perpetúan el mito.

 

Cuando en clase hablamos de esto y del porque Giorgio Vasari se concentraba en los artistas, y los estudiosos posteriores en las estructuras sociales y los sistemas de patrocinios artísticos y legitimación de las obras, otros alumnos recordaron el caso de su ciudad, Oaxaca. Una ciudad llena de arte, artesanías, artistas, museos, galerías. Una ciudad, en la que los grandes creadores de los siglos XX y XXI se han vuelto prototipos artísticos al punto que los “artistas callejeros” venden pinturas que recuerdan, aunque vagamente, a Rufino Tamayo, Rodolfo Morales, y Francisco Toledo.[4] Hasta cierto punto existe un mito artístico en Oaxaca, que, por medio de sus instituciones, creadores y proyectos, alimenta e inspira a otros proyectos, artistas, museos. Por ello se escucha mucho que existe la “creatividad oaxaqueña”, la “artisticidad oaxaqueña”, y la “magia oaxaqueña”.

 

Como en el caso del renacimiento, creo que existe una enorme base para que se genere en Oaxaca, un clima adecuado para el florecimiento de las artes, la experimentación, la difusión, la conservación del patrimonio, la teorización, las propuestas académicas. Pero por supuesto hay que recordar que el mito también puede tener un componente de ficción, que si se presenta como verdadero, es más difícil de superar.

 

Sólo una reflexión final ¿por qué si todo era tan perfecto como suena la historia, se acabó el renacimiento? Pues porque las realidades cambiaron, las circunstancias sociales también, así como los intereses políticos, económicos y religiosos. Además ¿qué podía pintar un artista después de que Vasari había considerado la obra de Miguel Ángel como la culminación de la perfección? Al principio algunos lo copiaron. Otros comenzaron a cuestionar la vigencia del modelo. Al pasar el tiempo otros más representaron lo opuesto, es decir, la no perfección. Entre otros factores, fue así como surgió el periodo barroco, a veces tan devoto al arte renacentista y otras tan crítico hacia él.

 

El mito del renacimiento en muchos sentidos sigue vivo. Comprender que los creadores lograron generar una idea que fue extendiéndose sobre su trabajo, permite comprender mejor el fenómeno, así como valorar las obras con parámetros más razonados. La idea de que en otras épocas, lugares y momentos pueden generarse otros mitos similares en tanto que reproducen ciertas bases, características, explicaciones y modelos de explicación, y las alimentan en todos los sentidos, podría ayudar a comprender cómo y porqué se repiten tendencias, ideas y características en las artes plásticas de un momento y lugar determinado, y por tanto también la mejor manera de plantear acciones y alternativas. La propuesta sería analizar con cuidado cuáles son los mecanismos de perpetuación de una serie de valores y ponderar su vigencia, así como sus bondades y posibles limitantes.

 

Mientras tanto el renacimiento seguirá alimentando su mito de haber sido uno de los periodos más ricos en la historia del arte, por lo que todas las tías de las estudiantes de mi carrera, nos seguirán preguntando si vamos a ir a estudiar a Italia, para aprender del renacimiento.

 

 _________________________

[1] Por suerte he podido compartir mis inquietudes y dudas con expertos en el periodo, como mi amiga Elda Pasquel, que siempre me ayuda a superar errores y dudas.

[2] En absoluto quiero negar la posibilidad de que el renacimiento haya sido un periodo extraordinario, sino más bien quiero destacar que como los mismos hombres de entonces lo plantearon así, es difícil sustraerse de valorarlo como tal.

[3] Citado en Moshe Barasch. Teorías del arte, Madrid: Alianza, p. 96.

[4] El combo incluye color, formas libres, animales-humanos y antiacademicismo (¿Anticlasicismo por ignorancia o voluntad?)



Lo último en Perspectivas atmosféricas. No es la regla, es el matiz (Proyecto concluido)

 

Preguntas perspectivas
De perspectivas a preceptivas
Oaxaca, arte en una ciudad artística (Primera parte: Entre tu arte…)
Oaxaca, arte en una ciudad artística (Segunda parte: El artificio del arte y la simulación…)
Paréntesis entre mi aislamiento académico: Radiohead, o la soledad en multitud

 

 

 

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