México, D.F.   |   31 . 05 . 2016
Jueves, 12 Septiembre 2013 20:54

El extraño caso de Avelina La Furiosa Lesper

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EL EXTRAÑO CASO DE AVELINA LA FURIOSA LESPER: Una suerte de Carta Abierta desde São Paulo, pues no hallé en su blog o en su portal dónde poner mis comentarios.

 

Muy respetada Avelina Lesper,

 

No se equivoca usted al intuir los gravísimos problemas que afligen al arte que se produce hoy día en todo el mundo. La suya no es, por mucho, la única voz preocupada por esta situación (por sorprendente que le parezca, comparto la mayoría de sus preocupaciones).

 

Escribe usted con regularidad en un diario mexicano, tiene un blog, es decir, sus opiniones son leídas por un público cada vez mayor y este público, en su perplejidad ante el inexplicable —e inaceptable— hermetismo en el que ha caído el llamado 'arte contemporáneo' (y ante los altísimos precios que comanda), se siente representado por lo que dice usted.

 

Sólo lamento que las exprese de una manera más visceral que racional. Ya lleva varios años dándole los mismos hachazos a los mismos leños y astillando lo que podría enfocarse, para el bien del ambiente plástico de México, de manera menos negativa, más constructiva.

 

Felipe Taborda, un extraordinario diseñador gráfico brasileño, como usted muy preocupado por el distanciamiento que se está dando entre el gran público y artistas 'actuales', consiguió conciliar la confrontación que parece haber entre las "artes retinales" y las "artes conceptuales" con muchísimo éxito y sobre todo, sin necesidad de hablar mal de nadie. Desafió a 80 de los más destacados artistas brasileños (del tipo que usted tanto desdeña: Cildo Meireles, Tunga, Gerchman, etc.) a crear obras que "acompañaran" 80 pieza musicales del repertorio Música Popular Brasileira (MPB), y las presentó en los espacios de uno de los bancos más concurridos en Río de Janeiro bajo el título de “A Imagem do Som”. Junto a cada obra habían audífonos que le permitían al público ponderar la obra plástica que tenía enfrente mientras escuchaba una canción, de Chico Buarque, de Gilberto Gil, de Dorival Caymmi, de Gonzaga...

 

Las encuestas mostraron que prácticamente sin excepción, el público llegó a ‘entender’ la obra plástica, por muy alejada que estuviera de la pintura, la estampa o la escultura. No sólo eso, el público fue enfático en su agradecimiento por la forma novel de exponer estas obras, tanto así que Taborda fui invitado a repetir la experiencia nada menos que ¡cinco veces más! Todas diferentes.

 

Parte del problema, maestra, es que no parece usted comprender la naturaleza filosófica que entraña mucho de la producción creativa en el arte actual, en cuyo caso no se trata de la habilidad manual para manu-facturar obras, sino de las propuestas filosóficas que los artistas sintetizan en su producción y que por muchos motivos no se pueden abordar por medio de técnicas tradicionales como las que añoramos (yo de vez en cuando y usted todo el tiempo).

 

Sus iras son comprensibles, Avelina, pero tan exageradas que lindan con el ‘bullying’ que tanto critica usted. En sus ensayo usted pontifica, en lugar de ayudarle al público separar lo bueno de lo malo. Son violentísimos los ataques que con la mano en la cintura le asesta usted sin cesar a artistas como Teresa Margolles y otras estrellas del momento en sus artículos. Tiene suerte de que los aludidos, en su generosidad, no le hayan mandado citatorios por calumnia y difamación.

 

Lo deseable —y necesario— sería que se tomara usted tiempo para leer la cantidad de textos, ensayos, críticas y demás que ya vienen surgiendo como marejada en todo el mundo, alegando por un retorno al arte/arte, abogando por que los artistas restablezcan su milenario diálogo directo con el público. Con gusto le puedo recomendar varios. Le aseguro que ampliar sus lecturas para incluir el pensamiento del continente americano le podría ayudar a verbalizar sus inquietudes con la puntualidad que exige el caso, que es, concuerdo con usted, extremadamente problemático.

 

Pienso que le convendría a usted separar y reordenar con urgencia sus argumentos, para así clasificar sus agravios en un orden tal, que tanto el público como los mismos artistas colaboraran para devolverle el sentido a las artes, y con esto, sentido a la vida de los propios artistas, tan mal educados por el sistema, tan mal tratados por los intermediarios, tan ineficaces en su desconcierto... Sálgase por favor de su provincianismo ‘chilango’ y procure ser menos eurocéntrica (todas sus referencias son europeas o norteamericanas y la mayor parte de esos pensadores ni siquiera sabe que existe arte en el continente latinoamericano).

 

Tengo a la mano un muy conmovedor ensayo del pensador alemán Andreas Huyssen, intitulado “El arte mnemónico de Marcelo Brodsky", en el cual describe y explica no sólo su reacción sino las reacciones del público ante una exhibición "de esas" que le molestan. Fue presentada hace unos años en el Centro Cultural Recoleta, en Buenos Aires, y cito:

 

"... Una pequeña multitud —en su mayoría padres con sus hijos y grupos de adolescentes en un paseo de domingo— estaba reunida en torno a una obra titulada ‘Buena Memoria’, de un artista a quien yo no conocía. En el centro de la instalación se veía una foto enorme de una promoción de Primer Año del Colegio Nacional de Buenos Aires. Había sido tomada en 1967, mucho antes de la última dictadura. La foto mostraba múltiples marcas agregadas y anotaciones en distintos colores. Los rostros estaban tachados; los cuerpos, inscriptos, grabados. Las marcas y escrituras indicaban desapariciones, muerte y exilio. Los textos eran bastante lacónicos, reticentes, pero le añadían a los rostros adolescentes una dimensión fantasmal. Como si la foto fuera visitada por el espectro de un futuro aterrador, representable menos en imágenes que en palabras. Se trataba de una simple obra de testimonio fotográfico de lo que le había ocurrido a un curso de estudiantes en una escuela secundaria de Buenos Aires. Una obra eficaz para despertar preguntas de los jóvenes del público a sus padres, y explicaciones de los padres sobre el pasado reciente del país. Los asistentes estaban manifiestamente conmovidos y afectados por la primera exposición de Brodsky..."

 

Como fuera y sin un sólo lugar a dudas, la interrogantes que nos plantea usted de manera tan reiterada son dignas de ser tomado en cuenta. De hecho, son impostergables. Exigen una reacción de fondo, agarrar el toro por los cuernos. Bien encausadas, podrían incluso poner en jaque la función de ciertos curadores y funcionarios públicos en México. Sólo hay que recordar que “el que se enoja, pierde”. Sin arrogancia y sin insultos, podría usted prestarle un gran servicio no sólo a las artes producidas en la actualidad en México, sino allende nuestras fronteras.

 

Soy su atento lector

Felipe Ehrenberg

Visto 20660 veces Modificado por última vez en Jueves, 12 Septiembre 2013 21:34
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Semblanza del autor
  Felipe Ehrenberg

Nací el mismo año en que el Paricutín hizo erupción, hace más de 13 lustros, en un pueblito que se llamó San Pablo Tlacopac. En su momento, Vasco de Quiroga le solicitó a Carlos V permiso para fundar una comunidad “hospital” a un lado del mencionado pueblo, lo que le permitió a la comunidad judía asentarse muy cerca y así evitarse problemas con la Inquisición. Tlacopac ya desapareció, por lo que me mudé a São Paulo, Brasil. Entre mi nacimiento y mi mudanza me formé como neólogo. El año pasado, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México presentó una retrospectiva panorámica de mi faena, que se llamó Manchuria: visión periférica. Ahora divido mi vida en dos: AM y PM, antes de Manchuria y después de Manchuria.

 

Para mas detalles, ver: www.ehrenberg.art.br

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