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Blog literario desde París
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Eduardo García Aguilar nació en Manizales (América Latina) el 7 de septiembre de 1953. Realizó estudios en la Universidad de Vincennes (París VIII) hasta 1979 y luego vivió en México. Actualmente reside en París. Entre otros libros, ha publicado en México las novelas Tierra de leones (1986), Bulevar de los héroes(1987), El viaje triunfal (1993) y Tequila Coxis (2003), así como Urbes luminosas(relatos, 1991), Llanto de la espada (poemas, 1992), Animal sin tiempo (poemas, 2006), Celebraciones y otros fantasmas: Una biografía intelectual de Álvaro Mutis (1993), Delirio de San Cristóbal. Manifiesto para una generación desencantada (1998) y Voltaire, el festín de la inteligencia (Bogotá, Colombia, 2005). Libros suyos han sido traducidos al inglés, francés y bengalí. Su poemario Llanto de la espada fue vertido al francés por el poeta Stéphane Chaumet.

 

Jueves, 04 de agosto de 2016

Música con Vaca Sacra en Bastilla
Escrito por Eduardo García Aguilar


Desde adentro del bar de Tony, sale la música flamenca experimental del grupo Vaca Sacra. Como siempre Bastilla arde todas las noches. Acuden ahí desde hace un siglo estudiantes y jóvenes fiesteros que se dan cita frente al monumento coronado por un ángel alado. En la amplia plaza donde circulan sin cesar los vehículos se encontraba hace más de 200 años la prisión de la Bastilla y estuvieron ahí recluidos todos los presos ilustres, como el Marqués de Sade e incluso Voltaire.     La toma de la cárcel fue el acontecimiento histórico, la chispa que desencadenó la revolución que tumb&oa . . .


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Jueves, 04 de agosto de 2016

El retorno de Casanova
Escrito por Eduardo García Aguilar

El retorno de Casanova

Recorrió toda Europa a lo largo del siglo XVIII cometiendo las más variadas picardías, seduciendo, estafando, engañando, jugando a las cartas, inventando loterías, disfrazándose de diplomático, creando fábricas de textiles o vasijas de vidrio.   Todo lo vio en su natal Venecia, de donde se escapó de la cárcel y aun más en Roma, Madrid, Constantinopla, París, Londres, Dresde, San Petersburgo, Varsovia y Praga y en las poblaciones y castillos intermedios. Era hijo de una actriz de bajo rango que deambulaba entre arlequines y bufones y con sus ojos abiertos el díscolo niño observó l . . .


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Jueves, 04 de agosto de 2016

Elogio de la Librería Madero
Escrito por Eduardo García Aguilar


En una época en que una tras otra desaparecen de las capitales del mundo las buenas librerías de viejo para ser reemplazadas por comercios de ropa o comida rápida, la Librería Madero sigue ahí llevando la antorcha de ser emblema mundial de la bibliofilia desde hace 60 años en la capital mexicana. ly: Verdana; ">En un centro milenario cargado de historia, saber y sangre, donde todavía se escuchan los ecos imaginarios de viejas batallas y los pasos de sabios clérigos o sanguinarios guerreros, la Librería Madero fue fundada por el refugiado español Tomás Espresate en 1951 y luego retomada por Ana María Cama, . . .


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Jueves, 04 de agosto de 2016

Fernando Vallejo, el ultimo nadaísta
Escrito por Eduardo García Aguilar

Fernando Vallejo, el ultimo nadaísta

    Cuando vi por primera vez a Fernando Vallejo, éste era un señor cegatón y muy feo que acababa de terminar la biografía de Porfirio Barba Jacob, cuyo centenario de nacimiento se celebraba en 1983. El cónsul de Colombia en México nos invitó a su casa de Coyoacán para hablar de los respectivos proyectos, siendo el mío en ese entonces la minuciosa recopilación de la obra periodística del poeta, publicada finalmente en el Fondo de Cultura Económica con el título de Escritos mexicanos.   Vallejo vivía como siempre en la calle Amsterdam con su enorme perra Bruja, un piano, . . .


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Jueves, 04 de agosto de 2016

Daniel Sada: la vida para pulir un verso
Escrito por Eduardo García Aguilar

Daniel Sada: la vida para pulir un verso

El mexicano Daniel Sada (1953-2011) vivió por y para literatura contra la corriente, haciendo un esfuerzo descomunal para que la historia contada y la forma llegaran a plasmarse en un todo ambicioso. Lo conocí cuando teníamos 27 años y publicábamos los primeros libros en la Ciudad de México, en ese tiempo feliz para la literatura, cuando no había sido devorada por el comercio y estaban aún vivos Octavio Paz, Juan Rulfo, Salvador Elizondo, Augusto Monterroso, Francisco Cervantes y toda un a pléyade de autores mexicanos inmersos en el crepúsculo de un humanismo preciosita donde se “sacrificaba un mundo para pulir un . . .


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