Blogs Artes e Historia México

El claxon de cancerbero (Proyecto concluido)
compartir en facebook  compartir en twitter

 

El infierno de las obsesiones suele convertirse pronto en amnesia galopante. Es decir: en cuanto una obsesión nos toma por el cuello, revertimos el efecto con la negación y el olvido sistemático. Igual que cuando se deja de fumar y, para calmar las ansias, la estrategia definitiva de control es agitar la mano con modos circenses cada vez que alguien enciende un cigarrillo, poner cara de huevo revuelto y esgrimir de inmediato las razones por las cuales fumar es no sólo dañino y mortal, sino bastante maleducado.

 

De eso trata este blog. De los silencios que ponemos como andamio de nuestras obsesiones. Del infierno disfrazado de comida familiar. De la literatura como ejercicio equivalente a la peda de buró. Mejor: de hacer literatura miniatura en una ciudad mutante; de cómo la vida en la ciudad megalómana es una obsesión, y un infierno, y una literatura en sí misma.

 

Cualquier parecido de este blog con la realidad, es, precisa y humildemente, mera ficción. Más precisamente, meras ficciones, de 666 caracteres cada una, siempre, sólo porque la numerología es una de las innegables obsesiones del autor, quien cree firmemente que el infierno, si es verdaderamente infierno, cabe en apenas unas pocas frases.

 

Viernes, 29 de julio de 2016

romeo
Escrito por Ruy Feben


Un tocadiscos revoluciona lento en sentido contrario: se convulsiona, intenta palabras, tropieza. Lo demás es oscuro: nicho de velas rojas, pentagrama de piso, libros negros, pócimas: todo navega en silencio nocturno. El teléfono repica a las doce. Una y otra vez. De la contestadora emerge ella. En llanto. Le ruega desistir de conquistarla; se está volviendo loca: sueña con él muriendo en garras de cancerberos. Tres minutos de explicaciones. Termina: “deja ya la brujería, no te llevará a ningún lado”. Un beep entrecortado como respiración de moribundo. Él en el piso, inconsciente, con cientos de pastill . . .


Ver más


Viernes, 29 de julio de 2016

la tregua (profecía)
Escrito por Ruy Feben


A las 6 de la tarde el enjambre de gotas invade sin clemencia el valle de México. Una pequeña multitud huye hacia las resbalosas escaleras de metro Viveros, rústico refugio del nuevo siglo para sobrevivir la batalla que se libra desde que comenzó la memoria. El lago reclama su tierra desde el cielo: Tlaloc en avanzada sobre una horda en retirada. El embiste final: a punto de estar bajo techo, una niña resbala, cae de nuca contra el escalón de mármol.   Arriba, Tlaloc observa. Llama a sus generales para cantar victoria. Abajo, la niña se convulsiona frente a una multitud ensombrecida, que no se percata de que afuera la lluvia cede . . .


Ver más


Viernes, 29 de julio de 2016

el hilo
Escrito por Ruy Feben


El Almirante cayó preso del Imperio Indígena en la batalla del altiplano: se le daría muerte pasadas dos lunas. Ese día, el pueblo se reúne en el templo; el condenado espera al pie del patíbulo. El Sumo Sacerdote le susurra al oído:   - Estarás al pie de un risco muy hondo; a tu derecha estará el Paraíso, el Reino del Sol, donde siempre amanece; a la zurda los infiernos inundados de ocaso eterno. Cruzarás sobre un hilo, ancho como libélula. Cargarás en la diestra tus virtudes; en la izquierda, tus pecados. El peso de cada mano decidirá tu suerte.   La cabeza del Almirante cae . . .


Ver más


Viernes, 29 de julio de 2016

la otra Atlántida
Escrito por Ruy Feben


- Para llegar a la Ciudad Escondida hay señales confusas, flechas que van y vuelven sin llegar ni salir de ningún lado. Los hombres que se acercan, montados en naves que rugen como fauces de mil bestias, se confían del destino. No saben que al final del camino no hay noticia ni ubicación de la ciudad que anhelan. Las veredas no existen. Sólo enormes túneles con habitantes cuya lengua no existe, cuyas artes sagradas desconoce el resto de la humanidad.   - Me apena saber que agotaste tus esfuerzos buscando la mítica Atlántida – contestó Kublai el Grande.   - Disculpe, Gran Kahn – respondió Marco Pol . . .


Ver más


Viernes, 29 de julio de 2016

alzheimer
Escrito por Ruy Feben


Luego de 50 años trabajando de sol a sol, era lógico que cuando mi abuela se jubilara perdería la razón. Antes de tres meses la pobre Tere ya no tenía memoria. Nos desconoció a todos, hasta a su cuerpo, ahora llagado y de esfínteres rebeldes.   Lo que sigue es lógico: la abuela en estado vegetal, a cuidados intermitentes de sus hijas. El departamento de Eugenia se volvió gris, en la espera lenta de una muerte en silencio.   Hasta que un día el vecino de arriba salió con demasiada prisa y dejó abierto el grifo. El techo no soportó el peso del agua y se desplomó sobre la anciana, que . . .


Ver más


 

 

 

Redes sociales