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El claxon de cancerbero (Proyecto concluido)
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El infierno de las obsesiones suele convertirse pronto en amnesia galopante. Es decir: en cuanto una obsesión nos toma por el cuello, revertimos el efecto con la negación y el olvido sistemático. Igual que cuando se deja de fumar y, para calmar las ansias, la estrategia definitiva de control es agitar la mano con modos circenses cada vez que alguien enciende un cigarrillo, poner cara de huevo revuelto y esgrimir de inmediato las razones por las cuales fumar es no sólo dañino y mortal, sino bastante maleducado.

 

De eso trata este blog. De los silencios que ponemos como andamio de nuestras obsesiones. Del infierno disfrazado de comida familiar. De la literatura como ejercicio equivalente a la peda de buró. Mejor: de hacer literatura miniatura en una ciudad mutante; de cómo la vida en la ciudad megalómana es una obsesión, y un infierno, y una literatura en sí misma.

 

Cualquier parecido de este blog con la realidad, es, precisa y humildemente, mera ficción. Más precisamente, meras ficciones, de 666 caracteres cada una, siempre, sólo porque la numerología es una de las innegables obsesiones del autor, quien cree firmemente que el infierno, si es verdaderamente infierno, cabe en apenas unas pocas frases.

 

Viernes, 29 de julio de 2016

sci-fi
Escrito por Ruy Feben


Por extraño que parezca, el coronel Mond se retiró del ejército joven, a los 85 años. La causa no fue la gripe sáurica, ni la invasión alienígena. Tampoco fue el cansancio lo que le animó a jubilarse justo al terminar la Guerra de las Máquinas: los sucedáneos de placenta le funcionaron siempre a la perfección.   La decisión de retirarse 40 años antes de lo normal se debe a que el coronel optó por escribir novelas de ciencia ficción, oficio enteramente desconocido en el siglo XXII. Escribir sobre el futuro remoto, viajes improbables. Con sólo las primeras palabras de su panfl . . .


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Viernes, 29 de julio de 2016

policiaco
Escrito por Ruy Feben


Pluma en mano, intento encontrar las palabras del Personaje: luego de involucrarlo en el caso de una mujer a la cual busca un Asesino, lo he hecho conocer por accidente a un hombre llamado Freeman o Friedman que colecciona obsesivamente fotografías de edificios antiguos y muere tras recibir una carta de amenaza por el mismo Asesino, que se refugia en una vecindad abandonada del Centro, a la cual el Personaje va a buscarlo pero queda atorado en un derrumbe, del cual trata de escapar justo cuando se aparece el Asesino, quien le apunta al Personaje mientras éste, sorprendido, trata de gritarme las palabras que resuelven el caso, palabras que no logro encontrar. . . .


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Viernes, 29 de julio de 2016

Sutcliffe, el quinto
Escrito por Ruy Feben


Para John, George, Paul, Ringo... y Stu   Como un suspiro, Stu recuerda la noche con la banda cuando, luego de un concierto, tres encapuchados robaron sus instrumentos, tras una gresca que culminó con un severo golpe en su cabeza, y George, Paul y John (Pete, como siempre, no estaba) desconcertados en el piso. Fue un suspiro: ahora Stu estaba en Hamburgo, bebiendo cerveza con Astrid; pensaba dejarlo todo para dedicarse a su verdadera pasión: pintar.   - Podríamos ir a las galerías de Berlín, Stu… tendrías mucho éxito ahí.   - Quizá, Astrid. Quizá mi música tiene ese lenguaje. Quiz&aac . . .


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Viernes, 29 de julio de 2016

proceso fotográfico
Escrito por Ruy Feben


Lucrecia Aramburu posa junto a Iker Gómez del Campo, el fastuoso hijo de uno de los empresarios más ricos del país: sonríen impávidos, rodeados de meseros y botellas de champaña, ¡flash!, contentos porque su noviazgo de alcurnia quedará plasmado en la página de sociales de la edición del viernes del periódico más renombrado del país, que se distribuye en miles de kioscos, incluido el de la esquina de Adolfo Prieto y Coyoacán, en el cual Rodrigo Díaz compra el diario ese viernes para llevarlo a casa, donde apenas observa de reojo la página con la deslumbrante foto de Lucrecia e Iker, . . .


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Viernes, 29 de julio de 2016

¡Santa Muerte!
Escrito por Ruy Feben


En el periódico Metro del 13 de diciembre de 2002 se lee lo siguiente:   “La tarde de ayer, la esquina de Observatorio y Constituyentes fue estremecida por el súbito fallecimiento de Ricardo Cabañas. El hombre, de 55 años, murió luego de volar desde la parte trasera de un autobús de pasajeros hasta la parte delantera, donde se golpeó la nuca contra la palanca de velocidades, quedando tendido de inmediato. Pasajeros que viajaban con el finado declararon haber visto a Cabañas subir al transporte con dos bultos grandes, viajar de pie asido a un tubo del camión y persignarse al pasar frente a una iglesia, justo en e . . .


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