Me di cuenta, tal vez muy tarde, de las cosas mas importantes que deje de atender. De las cosas realmente importantes que para ti eran casi todo. Alguna vez te dije: “prometo que nunca mas te dejaré dormir enojada conmigo”. Pero muchas veces fallé. Una noche platicamos de las heridas que me dejó caminar por donde anduve, de los amigos perfectos que dejaron de ser perfectos, de las bofetadas que no dejaron de doler hasta después de algunos años y de las patadas en la espalda que me hacen caminar renqueando todavÃa; entonces, tarde en la noche dejé de entender muchas de las cosas importantes, dejé de escucharte y tocamos una herida que tú no conocÃas. En esos dÃas mis heridas estaban por todas partes, y tú no tenÃas que conocerlas todas. Cuando tocas una herida vieja corres el riesgo darte cuenta de que no ha cerrado todavÃa.
La herida se abrió y yo traté de salir huyendo: te dije que no querÃa hablar y que no querÃa verte, pero esa herida la provocó alguien mas y no tú. Te fuiste a dormir enojada esa noche.
Al dÃa siguiente las cosas importantes reaparecieron, pero tú y yo ya no hablamos mas de eso, y poco después desapareciste tú. ¿Cuántas veces más te deje dormir enojada? He pensado mucho en la distancia que existe entre tú y yo, y creo que de algo ha servido que te alejes, creo que ahora duermes contenta todas las noches y que las cosas importantes están bien atendidas. Siempre quise ser algo importante en tu vida, siempre quise ser algo de eso a lo que siempre atiendes, y pienso que si no lo logré, ahora manteniendo la distancia puedo participar un poco.
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