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Picasso y Rivera: conversaciones a través del tiempo, en el Museo del Palacio de Bellas Artes

 

2017-06-09

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Picasso y Rivera: conversaciones a través del tiempo, en el Museo del Palacio de Bellas Artes

Foto: Museo del Palacio de Bellas Artes

Más de 140 pizas de diversas partes del mundo se podrán apreciar en el Museo del Palacio de Bellas Artes para mostrar el diálogo académico, personal y artístico entre Pablo Picasso y Diego Rivera.

 

La exposición es producto del trabajo conjunto entre el Museo del Palacio de Bellas Artes y Los Angeles County Museum of Art, que desde finales de 2014 se unieron para presentar por primera vez una revisión de la trayectoria de estos grandes artistas.

 

El concepto curatorial de la muestra, a cargo de Juan Coronel Rivera, Diana Magaloni y Michel Govan, ofrece al público una serie de diálogos a través de importantes obras de ambos creadores y piezas antiguas, que revelan el acercamiento y entendimiento entre la modernidad y la antigüedad en la visión de Diego Rivera y Pablo Picasso.

 

La exposición está centrada en establecer un paralelismo creativo entre ambos artistas. A lo largo del recorrido, la exposición va mostrando ejemplos de escultura prehispánica y originales y copias de piezas clásicas grecorromanas que permiten al espectador establecer asociaciones y visualiza, en el caso de ambos artistas, la herencia del clasicismo y su particular y posterior interpretación, entre otros aspectos.

 

La exhibición se divide en cuatro secciones que permiten apreciar una concordancia entre Picasso y Rivera, presentando las diferentes etapas de cada uno, desde sus años como estudiantes en las academias, la etapa cubista y la vuelta al clasicismo.

 

El primer núcleo, titulado Las academias, muestra la formación artística de ambos creadores, basada en la estética del arte griego y romano. A través de una serie de dibujos, se pueden apreciar las diferencias de los contextos sociales que rodearon a Rivera y a Picasso, y su manera personal de transformar lo aprendido en la Academia. En esta etapa, Rivera se enfoca en un contexto rural en donde muestra la influencia de sus grandes maestros paisajistas, en la que predominan representaciones de paisajes con una fuerte presencia de luz, mientras que Picasso retrata escenas citadinas en las que deja de manifiesto su posición política anarquista, con la representación de individuos de las clases sociales desfavorecidas, definiéndolo como un pintor modernista.

 

En la sección Los años cubistas, el público encontrará una serie de obras que muestran los encuentros artísticos entre Picasso y Rivera, así como sus acuerdos y desacuerdos cuando ambos vivían en París como extranjeros no combatientes durante la Primera Guerra Mundial. En esos años, los artistas exploraron el cubismo, movimiento pictórico de vanguardia que cuestionó las formas de la representación naturalista establecida por la Academia y expandió las posibilidades creativas al proponer la representación simultánea de los objetos desde múltiples puntos de vista.

 

Este núcleo, sin embargo, no se centra en el desarrollo propiamente tal del cubismo, sino que en el diálogo artístico establecido entre Picasso y Rivera en el tiempo breve en que vivieron en París (1914-1915): la forma en que Rivera, quien llegó tardíamente al cubismo, estudió y transformó las ideas formales y teóricas de Picasso, mientras que éste, a su vez, expandió su propio entendimiento al conocer la original forma en la que Rivera ejercía su oficio. Paisaje zapatista, presente en la muestra, refleja el momento de culminación del cubismo en Rivera.

 

Los principios básicos del Cubismo, desarrollado entre 1910 y 1912 por Picasso y el artista francés Georges Braque, incluyeron la representación del tiempo y movimiento, y la fragmentación de formas tridimensionales en un plano pictórico bidimensional. Las técnicas incluían el papier collé (collage de papel), consistente en pegar papeles de periódico y de colores sobre lienzo; elementos táctiles como retazos de telas (en el Cubismo Sintético), y algunas veces el uso del trompe-l’oeil para crear la ilusión de objetos y texturas reales.

 

En América y Europa en contraste, se aborda el momento en que los artistas toman caminos distintos. Mientras Diego Rivera cimentó su carrera sobre su identidad mexicana, Pablo Picasso construyó la suya a partir de cambios de identidad y de nacionalidad de española a la francesa. Esta sección contiene dos subtemas, el primero titulado Diego Rivera, que expone el momento en que el creador guanajuatense regresó a México en 1921 y encontró un país en reconstrucción, con un sentido de urgencia acerca del futuro. Rivera es inmediatamente contratado por José Vasconcelos, entonces secretario de Educación Pública, para participar en un programa -que involucraba la pintura mural, entre otros aspectos- cuyo objetivo era unificar y dar sentido de identidad a la fragmentada nación mexicana después de la Revolución.

 

El segundo subtema, Pablo Picasso, muestra la etapa en la que el pintor español se acercó al clasicismo, no buscando las cualidades clásicas de simplicidad y tranquilidad que habían caracterizado sus pinturas a inicios de 1920, sino estudiando las posibilidades de una nueva narrativa visual basada en el mito, los sueños, las experiencias personales y su interpretación de las artes de la Grecia clásica. Ejemplos de este proceso: piezas de la serie Suite Vollard (1930-1937) y sus ilustraciones para Las metamorfosis de Ovidio (1931).

 

La Suite Vollard es una serie de cien grabados que Picasso creó de 1930 a 1937, a petición de Ambroise Vollard, su galerista. Se le considera uno de los trabajos más importantes de la historia del grabado moderno. Las imágenes muestran la reinterpretación que hace Picasso de la Antigüedad clásica a partir de las escenas que representa y del tipo de trazo que utiliza. En este mismo espacio se exhibe la creación maestra del grabado de Picasso, La Minotauromaquia, considerada por especialistas la obra precursora del Guernica.

 

De Picasso hay importantes obras gráficas, como Sueño y mentira de Franco II, que el artista realizó en enero de 1937 como propaganda contra el régimen de Franco. Fueron producidas como tarjetas postales y vendidas a beneficio del gobierno de la República Española. En una de las escenas de este grabado, el general fascista Francisco Franco es representado como una monstruosa figura devorando las entrañas de su propio caballo, a quien acaba de matar. Las últimas cuatro escenas fueron agregadas en junio. Seis semanas después, la ciudad vasca de Guernica fue bombardeada. Tres de las últimas cuatro escenas de este grabado se relacionan con sus estudios para el Guernica.

 

En el cuarto núcleo, La vuelta al clasicismo en Europa y América, se expone la etapa en la que Picasso y Rivera adoptaron una revalorización de la tradición clásica. En este periodo los artistas crearon obras con expresión idealizada y retrataron a la gente ordinaria de la sociedad moderna con la grandeza de las culturas antiguas, logrando difuminar las fronteras entre el pasado y el presente, entre la gran tradición y lo autóctono, cada quien desde su perspectiva.

 

Después de la Primera Guerra Mundial (1914–18), tanto Picasso como Rivera revalorizaron la tradición clásica, que fue además un tema de discusión entre los artistas europeos. Este impulso de regresar a los valores universales y a la estética tradicional se conoció en Francia como rappel à l’ordre (retorno al orden), movimiento que compartía una desconfianza a la novedad y una atracción hacia el pasado clásico.

 

En América Latina, sobre todo en México, las perspectivas nacionalistas de las décadas de 1920 y 1930 tomaron la forma del indigenismo. Las obras de Picasso y de Rivera de este periodo crearon una expresión idealizada que retrató a la gente ordinaria de la sociedad moderna con la grandeza de las culturas antiguas: de este modo se difuminan las fronteras entre el pasado y el presente, entre la gran tradición y lo autóctono, Picasso combina a la perfección formas arcaicas y de facciones clásicas en sus pinturas, mientras que Rivera sustituyó los valores clásicos basados en el canon estético grecorromano con la gran tradición escultórica de los mexicas e incorporando elementos de la cultura poular mexicana.

 

Entre las obras más importantes de la exposición se encuentran 16 grabados de la serie Suite Vollard,de Picasso, considerada la obra gráfica más importante del siglo XX, y Hombre del cigarrillo, de Rivera (Banco de México, Fiduciario en el fideicomiso relativo a los museos Diego Rivera y Frida Kahlo, Ciudad de México), obra que viaja desde Nueva York.

 

También por primera vez en México, se exhiben piezas como los cuadros cubistas Farola y guitarra (Gas-jet and Guitar), de Pablo Picasso (Narodni Gallery, Praga),  y Composición cubista (naturaleza muerta con una botella de anís y tintero), de Diego Rivera (Colección particular, cortesía Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso para el arte, Bruselas, Bélgica).

 

Picasso y Riera: Conversaciones a través del tiempo ofrece un amplio programa de actividades que incluye charlas, un ciclo de cine, talleres, un recorrido virtual, un concierto, la presentación  del catálogo y narraciones.

 

Mayor información en www.museopalaciodebellasartes.gob.mx, y en redes sociales: @mbellasartes en Twitter e Instagram y Museo del Palacio de Bellas Artes en Google Plus y Facebook. 

 

 

 

Autor/Redactor:Redacción Artes e Historia México
Editor: Manuel Zavala Alonso

Picasso y Rivera: Conversaciones a través del tiempo en el Museo del Palacio de Bellas Artes

 

 

 

 

 

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