Fortaleza, 1981
Bronce
120 x 55 x 90 cm.
Col. del artista Foto: Javier Hinojosa
“Estos exuberantes Escenarios Mentales poblados de color y formas, actúan de inmediato en el observador de una manera extraña (atracción/ rechazo), como si de pronto en estos sorprendentes ambientes cerrados reconociésemos formas arquetípicas de materia mutante que se transforman en la proximidad de unas con otras, sólidos de gran densidad que armonizan entre las inusitadas patinas u óxidos metálicos que las cubren. Algunos de estos escenarios estáticos sugieren cielos liberadores, otros, acciones amenazantes contenidas en moldeadas llamas, nubarrones, luces o explosiones destructivas. Hay que recordar que la formación de Tamaríz en el campo escultórico es muy amplia, de tal manera que en su pintura destacan elementos con acentos volumétricos de efecto tridimensional que se antojan como proyectos de conjuntos escultóricos. La obra como un instante poético se encuentra cargada de opuestos: sentimientos, fantasías, deseos y esperanzas, convergen en justo equilibrio con: la racionalidad, armonía y objetividad de su estilo de impecable oficio, potenciando nuestra percepción y las múltiples interrogantes sobre la existencia del hombre y la creación...” (Guillermo Sepúlveda, Escenarios mentales, 2007)
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Originario de la ciudad de México, Eduardo Tamariz estudió en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, del INBA, además de llevar a cabo una estancia de investigación en la Reserva del Dibujo del Museo de Louvre y la Reserva de la Estampa de la Biblioteca Nacional de París, y de la cercanía cotidiana que tuvo desde pequeño con la obra escultórica de su padre.
Durante varias décadas de carrera, Tamariz ha presentado exposiciones individuales en México, Estados Unidos y Finlandia, además de haber participado en más de 100 muestras colectivas en América, Europa y Asia. Ha sido merecedor de diferentes premios y reconocimientos. Entre ellos: la beca de Creador artístico del Fonca; la beca de estudios en Europa, otorgada por el Grupo Alfa; el Tercer Premio de Pintura en el Concurso Nacional de Pintura El Acero, convocado por el XI Congreso Latinoamericano de Siderurgia; el Premio de Pintura del Concurso Nacional INJUVE; el Segundo Premio de Escultura y la Mención Honorífica de Pintura en el Segundo Concurso de La Esmeralda.
Eduardo Tamariz ha explorado tanto la escultura como la pintura, de ahí que ambos lenguajes lleguen a fundirse y que la materia pictórica de sus obras muestre una especial minuciosidad en la volumetría y la textura y juegue con las posibilidades de la tridimensionalidad.
No es extraño que sus cuadros sean interiores desiertos, exentos de figuras humanas y poblados de objetos sólidos y maleables a la vez. Al estar descontextualizados de su uso cotidiano, su presencia en el lienzo puede resultar inquietante para el espectador. Sin embargo, sus cualidades plásticas suelen tener un enorme peso compositivo dentro de una poética del espacio. En palabras de Sylvia Navarrete, “sus imágenes pueden evocar un universo fabril cuya acción quedó suspendida en el tiempo”, además de sugerir ocasionalmente obras de Fernand Léger o Giorgio de Chirico.
En la escultura, en cambio, Tamariz juega con la ejecución de formas orgánicas en materiales duros, con la suavidad y la rigidez. Su obra escultórica –en especial la de formato monumental realizada en el interior de la República desde los años 60– se caracteriza, principalmente, por una fascinación por la arquitectura y por la exploración de la materialidad plástica dentro del espacio. Sus mismos títulos sugieren elementos arquitectónicos, tal como sucede en Fortaleza. Como ha observado Santiago Espinoza de los Monteros, su planteamiento plástico –relacionado con el postfuncionalismo y el postmodernismo– consiste en la readaptación de lo visto en el pasado, en la reinvención de la memoria.
En suma, la obra de Eduardo Tamariz oscila entre la figuración y la abstracción. Más que tener una intención narrativa, busca construir espacios y crear atmósferas. En ella, los objetos en desuso y animados se prestan a la lectura de una multiplicidad de símbolos. A manera de alquimista, ordena el caos proveniente de la imaginación y la memoria visual de un artista despreocupado por la moda y que mantiene una postura crítica ante el neoconceptualismo y los experimentos post-artísticos que niegan a la pintura como medio.
Más información: www.arteactualmexicano.com
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