Me gusta mucho lo que hago, lo disfruto, me apasiona, no me veo a mí mismo sin escribir, sin ser un periodista cultural, sin ser un periodista político que también lo soy
Humberto Musacchio
Si me pidieran describir a Humberto Musacchio con una palabra, diría brillante, si me pidieran una cualidad, diría inteligente, y si tuviera que hablar sobre lo que hace, sólo diría una palabra: pasión. Y es que con más de 30 años dedicado al periodismo cultural y a la investigación, este sonorense, economista de profesión pero periodista por pasión, ha trabajado arduamente por sentar las bases del periodismo cultural en México.
La larga trayectoria de este periodista inició en 1969, después del movimiento estudiantil de 1968, cuando alojado en la casa del periodista Manuel Blanco junto a Jesús Luis Benitez, el Búnker, comenzó a escribir reseñas sobre los libros que leía para publicarlas.
De esta forma conoció a Manuel Rejano, director del suplemento de El Nacional quien le publicó la primera reseña sobre el libro de René Avilés Favila, Hacia el fin del mundo. Este fue el trampolín que impulsó a Mussachio al periodismo ya que poco tiempo después se hizo cargo de la sección cultural de El Universal, y después de la página juvenil del mismo periódico.
A partir de entonces el trabajo de Musacchio ha abarcado las distintas facetas del periodismo desde darle vida a un texto, ofrecer una reseña, escribir un artículo o columna, o inmiscuirse en los engranes que impulsan la creación de un diario convirtiéndose en una gran conocedor de la tipografía y la calidad y el tipo de papel sobre el que se imprime. Y es que en este sentido su capacidad de análisis siempre ha estado vinculada con la forma en la que ha experimentado el periodismo desde sus inicios, desde la trinchera hasta la fundación de La Jornada. Un episodio de su vida el cual, según el propio escritor, fue de los más difíciles de su vida. ¿Ese periódico se hizo de milagro, yo dormía a ratos ahí. El día que salió el periódico yo era una piltrafa, estaba muerto de cansancio pero lo hicimos; trabajando con las uñas, pidiéndoles a los compañeros un esfuerzo más, ¡pobrecitos!. Cuando salió el periódico, yo lloré, esa madrugada lloré, porque no creía que lo hubiéramos sacado, era tanta la adversidad. Yo estaba encargado de la parte de producción, de mesa de redacción hasta talleres, sacamos sólo 11 números ceros. No teníamos dinero, teníamos que salir a como diera lugar y en los números ceros, Vicente Rojo sobre la marcha, hacía correcciones al diseño, así lo fuimos haciendo¿.
Sus colaboraciones para diferentes medios entre los que se encuentra el antiguo diario Unomasuno, dirigido por Becerra Acosta de donde según cuenta el propio Musacchio ¿fue el lugar donde mayor aprendizaje recibió al trabajar con Manuel Arvizu, que como jefe de redacción aportaba el sentido práctico y el sentido periodístico y lo que es desechable. Ahí también estaba Carlos Narváez que es el más extraordinario corrector de estilo que yo haya visto, el hombre que veía lo que no veían los demás, cuando llegaba una nota a sus manos, ya había pasado por varios de nosotros y le descubría redundancias, errores de ortografía, de redacción, era maravilloso¿.
Los libros le abren a uno el mundo
La vida de Musacchio no ha sido sencilla, su niñez no lo fue. Sin embargo, en la edad adulta ha encontrado en las letras y en el periodismo el medio para permitirse fluir y derrochar su talento. Musacchio recuerda que en su casa no había libros, ¿no había tiempo para eso¿, en su casa había periódicos y este acercamiento a los diarios obedeció al gusto de su cuñado, con quien vivía, por leer los diarios deportivos.
No obstante, su acercamiento a los libros se dio casi a la edad de los 16 años con la obra Escucha Yanqui de Wright Mills. A partir de entonces comenzó a leer todo lo que llegaba a sus manos, destinando casi todo lo que ganaba como mensajero, office boy o mozo, a comprar libros. ¿A veces a la gente les sorprendía que yo leyera libros, si era yo el mozo. Fui mozo del pabellón de contagiosos del Hospital Infantil y recuerdo a una jefa de enfermeras que se me quedaba viendo como diciendo, ¿bueno, este mozo cómo es que lee libros¿, no le cabía en la cabeza¿.
Yo estoy como en un observatorio en el que veo las debilidades y la grandeza de mucha gente que se mueve en el medio cultural
¿El periodismo cultural me da a mi la oportunidad de seguirle la huella de lo que se hace en el medio intelectual, a valorar a la gente que trabaja, conocerlo de cerca en muchos casos, en otras de lejos para conocerlo, también se conoce de lejos, no necesito ser amigo de muchos creadores para conocer su obra. También sé de varios que se disfrazan con plumas de pavoreal, que no les queda¿.
¿Escribir es una necesidad?Absolutamente
La trayectoria de Musacchio como analista, investigador del periodismo cultural y como observador muy cercano a la vida cultural, ha publicado diversos libros encaminados a mostrar un panorama histórico del periodismo en México como La historia general del periodismo en México, el Diccionario enciclopédico de México, que fue una serie de fichas sobre la historia del periodismo en México, y después publicó la Historia gráfica del periodismo en México, ¿una edición que no llegó a las librerías, la adquirió la presidencia de la República para sus regalos de fin de año, lamentablemente no se consigue, quiero ver si alguien me lo publica¿.
Foto: JudithRodríguez
En este camino, su trabajo compilando la obra de personajes como Alfonso Reyes ha rendido frutos ya que la edición de Alfonso Reyes y el periodismo, la compilación preparada por Musacchio, se suma a la colección Periodismo Cultural, editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
¿Tengo muchos años de leer a Alfonso Reyes, desde principios de los 70. De Alfonso Reyes me fascina su periodismo en general, no el de la poesía que ha sido criticado fuerte por los expertos y el helenista tampoco me entusiasma, lo he leído pero no me entusiasma como me entusiasma el pequeño texto de uno de los autores que a él le gustaron y nos transmite ese gusto, yo adoro a ese Alfonso Reyes¿.
i>Alfonso Reyes y el periodismo, consta de tres apartados; en el primero se aborda el origen y desarrollo de la prensa mexicana y revisa la aportación de algunos de sus exponentes. El segundo compila textos acerca del periodismo de otros lugares, sobre todo de Europa, y el tercero, apreciaciones de orden general y al final, apreciaciones generales de Reyes sobre el oficio periodístico.
El volumen incluye un marco histórico sobre la vida periodística de Alfonso Reyes, que comenzó en octubre de 1914 en Madrid y se prolongó hasta su muerte. Este repaso sucinto a la carrera del regio en numerosos diarios y revistas de España, Francia, Cuba, Estados Unidos, Argentina y Brasil, incluye acotaciones sobre la inteligencia y capacidad analítica que caracterizaron al ensayista durante toda su vida.
Entre los textos que integran el volumen, destaca la presencia de estudios históricos concisos y bien documentados. Es el caso de Letras de la Nueva España, donde Reyes se remonta al periodismo inglés del siglo XVII, para explicar la posterior aparición y evolución de los diarios norteamericanos El texto incluye capítulos complementarios sobre los inicios del periodismo español y argentino.
Otro ensayo importante lleva por nombre Napoleón I, Orador y periodista. En este texto Reyes diserta sobre la retórica napoleónica, capaz de callar con su elocuencia cualquier ejercicio de palabrería inútil. Adicionalmente, relata los logros de Bonaparte en el terreno del periodismo, rara vez consignados en los libros de historia, como la fundación de periódicos en Italia, Francia y Egipto, además de sus colaboraciones como articulista en su periódico Moniteur.
Este volumen no es un trabajo improvisado por parte de Musacchio, quien explicó que ¿un día hubo ocasión que Miguel Ángel Pineda, que era director de Comunicación Social de Conaculta, me dijo: ¿Por qué no me das un libro para la colección Periodismo Cultural¿. Yo le dije, oye pues se me antoja hacer una antología de textos Alfonso Reyes sobre periodismo, ya lo tenía leído, localizado, entonces no me costó trabajo hacerlo.
De esta forma y con más de 30 años dedicado a practicar y analizar el periodismo cultural en México, Musacchio ha compilado en un libro El periodismo cultural en México que reconstruye la trayectoria y sus fenómenos de producción artística, todo este marco teórico encapsulado en el tiempo desde el primer volante publicado por la primera imprenta en México.
En la presentación del mismo se advierte una sentencia absoluta: ¿La expresión ¿periodismo cultural¿ es redundante, pues todo periodismo se halla en el campo de la cultura si ésta se ha de entender como el conjunto de conocimientos, hábitos y tradiciones, expresiones creativas y recreativas de juicios y prejuicios de una colectividad.¿
Foto: JudithRodríguez
Dentro del periodismo cultural hace hincapié en el cómo poco a poco, la poesía ganaba lugar en la sociedad, cómo aparecen los talentos de la época como José Joaquín Fernández de Lizardi y su libro el Periquillo Sarmiento.
Este libro, representa y dedica una visión del árbol genealógico y las raíces de todo aquel interesado en las bellas artes que decida dedicarse a la difusión y valoración de las mismas en cualquier medio de comunicación.
Con el talento incesante de analizar investigar y escribir, Humberto Musacchio continúa con los planes de compilar la historia de la prensa cultural en México viéndola también como un reflejo claro del paso del tiempo en la historia mexicana. Por ello trabaja actualmente en un libro de historias negras del periodismo, ¿de esos episodios de los que nadie quiere acordarse.¿
Por otro lado, trabaja a la par en una edición crítica del periodismo mexicano. ¿Un libro condensando la historia pero que diga todo lo importante que ha habido en la historia de la prensa mexicana (...), no hay textos sobre la historia del periodismo en México. Sobre historia ni sobre muchas cosas más¿
Recordando que la historia se escribe, Musacchio se empeña en traerla al presente, atraparla, jugar con ella y mostrarla de manera clara concisa y sencilla. Sin olvidar el oficio puntual del escritor y el destacable talento y pasión que acuña en cada uno de sus textos.
¿Hay que escribir tan claramente como si el lector fuera un imbécil pero con tanta corrección como exige siempre alguien que es siempre más inteligente que nosotros, que es ese mismo lector, es el ABC¿