México, D.F., Lunes 6 de Septiembre de 2010, 01:4615 °C, Lluvia débil 
Recibir novedades
Buscador
BUSCAR:

 
Antropología e Historia
Compartir TwitThis
Los mercados, más que centros de abasto, guardan una síntesis de historia nacional


El mercado de Tlatelolco era el de mayor extensión en Tenochtitlan
Foto: Melitón Tapia/ INAH
Rodeados de olores, colores, sabores, significados y misticismo, los mercados actuales muestran el desarrollo de un pueblo, porque más que un simple espacio de compra y venta para el abastecimiento diario, son una síntesis de la cultura, la historia y las relaciones comerciales que mantienen las regiones desde la época prehispánica hasta hoy.

La etnohistoriadora Amalia Attolini, coordinadora, junto con la antropóloga Janet Long Towell, del libro Caminos y Mercados de México (coedición INAH-UNAM), explicó que estos espacios tienen sus orígenes en la época precolombina, cuando se realizaban trueques entre las diversas culturas mesoamericanas, desde las establecidas en el centro con las del golfo y del pacífico.

El intercambio más activo de toda Mesoamérica se daba en la Cuenca de México, favoreciendo el comercio y el crecimiento de la economía en la altiplanicie central, indicó la investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).

“En medio del lago de Texcoco se ubicaba Tenochtitlan —en su tiempo la ciudad más poblada de América y una de las de mayor densidad del mundo—, antigua urbe que estaba dividida en cuatro barrios principales, los cuales contaban con su propio mercado; actualmente sucede algo similar, porque existe uno de estos espacios comerciales en cada colonia”. Actualmente en la Ciudad de México hay poco más de 300 mercados públicos.

La investigadora, quien el 12 de agosto presentará en el Museo Nacional de Antropología dicho libro que reúne los estudios de 34 autores, detalló que además del gran mercado Tlatelolco en la antigua ciudad mexica se ubicaban otros de importancia como el Atzcualco en el noroeste, el de Teopan en el sureste, el de Cuepopan en el norte y el de Moyotla en el suroeste, éste último vinculado a los amanteca o trabajadores de la pluma.

“Estos mercados prehispánicos se abastecían de lo que generaban las comunidades alrededor del lago: leña, chile, tortillas, tamales, atole, sal, cal para nixtamal, cerámica, algodón, petates, pino para antorchas y tochomite o pelo de conejo para indumentaria”.

Además de los centros de abasto de víveres, abundó Amalia Attolini, había otros que estaban especializados en ciertos productos, como el de Azcapotzalco que estaba dedicado a la venta de esclavos; el de Cholollan que era exclusivamente para el comercio de joyas, piedras preciosas y plumas de aves; el de Tetzcoco enfocado a la ropa, jícaras y loza; y el de Acolman donde sólo se comerciaban perros para domesticar y comer.

La etnohistoriadora destacó que los mercados prehispánicos llegaron a ser tan grandes y tan diversos que al llegar Hernán Cortés a Tenochtitlan en 1519, se sorprendió y en sus crónicas describió: “Tiene esta ciudad muchas plazas, donde hay continuo mercado y trato de comprar y vender”.

Respecto al mercado de Tlatelolco, el más grande de la ciudad tenochca, Cortés dijo: “Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente sesenta mil ánimas comprando y vendiendo; donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan, así de mantenimientos como de vituallas, joyas de oro y de plata, de piedras, de huesos, de conchas, de caracoles y de plumas”, parafraseó la especialista del INAH, al revelar que, de acuerdo con las crónicas, en este centro de comercio se llegaban a reunir hasta 50 mil personas en un día.

Durante la Colonia los mercados prehispánicos tuvieron algunas transformaciones producto del mestizaje. Sin embargo, señaló Attolini, se mantuvo el expendio de mercancías tradicionales, a las que se adicionaron algunos productos provenientes de España como el trigo, el olivo, el ajo y el arroz y la caña de azúcar.

La etnohistoriadora abundó que fue en 1703 cuando se inauguró el Parían, el primer mercado construido con piedra, a diferencia de los anteriores hechos de tablas, “en éste los gremios de carpinteros, herreros, alfareros, zapateros, panaderos y pulqueros, entre otros, vendían sus productos y manufacturas. Además había vendedores ambulantes que pregonaban sus mercancías”.

En 1792 el segundo conde de Revillagigedo inauguró el mercado de El Volador, ubicado en el sitio que hoy ocupa la Suprema Corte de Justicia y que en poco tiempo se convirtió en el principal centro de abasto de la antigua ciudad de México, comentó Amalia Attolini.

La proliferación de los mercados se detuvo a causa de la guerra de Independencia y fue hasta 1850 cuando se inauguró un nuevo mercado, el de San Juan o Iturbide. Trece años después se edificó el mercado de La Merced, que pocos años más tarde fue remodelado, como parte de una política porfirista para la modernización de mercados.

Amalia Attolini refirió que durante la Revolución Mexicana, la expansión de los mercados quedó de nuevo detenida, porque al sumarse muchos productores y comerciantes a la lucha armada, se produjo la escasez de productos y de dinero.

Actualmente, en todo el país y principalmente en la Ciudad de México, existe gran cantidad de mercados que aún guardan características prehispánicas. “Todavía se conserva la especialización en ciertos productos, como el de la Candelaria, en dulces; el de San Juan, en carnes; o el de Xochimilco, en plantas”.

Otra de las tradiciones prehispánicas que aún sobreviven en los mercados es la colocación de un altar con una imagen religiosa, ya sea de una virgen o un santo. “Los mexicas acostumbraban tener sobre un momoztli (altar) un ídolo al que le ofrendaban parte de los alimentos que iban a vender”, indicó la especialista del INAH.

Finalmente, Amalia Attolini indicó que hoy en día, los mercados a diferencia de los supermercados, son espacios que más allá de la venta de productos guardan una serie de aspectos culturales.

“En los mercados te puedes dar cuenta casi de la totalidad de la cultura de esa región, estado o país. En los mercados está representado todo, es decir, los productos que cotidianamente utilizan para la comida, los cuales nos hablan de la producción agrícola o bien de los intercambios comerciales que existen en la región”.

Es ahí, en los mercados, donde se puede conocer realmente como es esa población, porque la verdadera esencia de los pueblos está en las calles y en los mercados, concluyó.
 
Autor/Redactor: INAH
Editor: Manuel Zavala y Alonso
<<
 





     
BLOGS Artes e Historia México

Entradas recientes
TODOS LOS BLOGS

Las transacciones seguras de este sitio se procesan bajo https://www.arts-history.mx, en donde empleamos un certificado thawte para realizar una transmisión privada y encriptada de su información.


Artes e Historia México es una publicación cultural independiente.
© Derechos Reservados 1996-2008, Manuel Zavala Alonso
AVISO LEGAL

DIRECTORIO

Si desea enviar información relacionada a los temas de esta publicación electrónica:
noticias@arts-history.mx