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Antropología e Historia de México

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Banderas de México

Presentación

El elemento de cohesión que se extiende dentro de una cultura determinada y que le distingue de otras, ha sido muy importante dentro de las sociedades desde tiempos inmemorables. En México, debido al enorme mosaico étnico, cultural, social y geopolítico de nuestro país, la integración de los miembros alrededor de la idea de patria, resulta aglutinante y asegura la permanencia de valores, la concurrencia de propósitos y la unidad de acciones y decisiones políticas como manifestación soberana.

Nuestros símbolos patrios fincan y promueven la identidad de nuestro pueblo. Frente a la heterogeneidad, la bandera, el escudo y el himno nacionales son expresiones de nuestra unidad y de nuestra conciencia como mexicanos poseedores de cualidades concurrentes.

Es legítimo hacer homenaje a los símbolos patrios que testimonian la originalidad de un pueblo de coincidencias fundamentales. De entre todos los símbolos nacionales, el lábaro patrio ha sido compañero infalible de gestas heroicas y actos cívicos que construyeron el país que ahora somos.

La bandera se encuentra estrechamente relacionada a la idea de patria: una unidad psicológica que nos vincula a todos con un origen, destino y lugar común. Cuando un pueblo se reconoce como una porción diferenciada de toda la humanidad con una historia, geografía, lenguaje e historia propias, podemos decir que nos encontramos frente a una patria. Sin embargo, no basta con poseer simplemente los elementos necesarios para experimentar el sentimiento patriótico. Es imperante amar y defenderlo como parte de una herencia ancestral que será entregada a nuestros descendientes: en eso se basa el patriotismo.

La idea de patria es el cofre racional de un sentimiento de pertenencia a lo que es común y de independencia de lo que es propio. Hoy por hoy, en México, la libertad se vincula con la democracia, con la idea del poder y los derechos ciudadanos; los principios de justicia y la estructura y organización del Estado de Derecho.

La bandera nacional nos recuerda el origen de la nación, las gestas que la crearon y repararon su desarrollo. Sin embargo, patria y nación tienen presente y proyección hacia el futuro; constituyen un binomio sin cuya presencia no se podría asegurar la soberanía, justicia, libertad y democracia.

La bandera nacional es ahora el lábaro de la república, la democracia, la soberanía y la justicia, valores supremos por los que lucha cotidianamente el pueblo mexicano; documenta los elementos inmateriales del Estado. Se encuentra situada por encima de las ideologías y no distingue sexos, razas, credos ni clases.

Como punto de partida de una misión histórica remonta su origen a los inicios de las luchas libertarias del siglo XIX. Su creación original se enlaza al Siervo de la Nación, José María Morelos y Pavón y contemporánea de los Sentimientos de la Nación a los cuales ennoblece y representa.

El 3 de julio de 1815, el Supremo Congreso Mexicano decretó la creación de tres banderas a fin de expresar al mundo la existencia independiente de la República y la voluntad de mantenerla: la bandera de guerra, la bandera parlamentaria y la bandera de comercio.

Entre 1812 y 1817 apareció por primera vez la enseña tricolor en manos del ejército insurgente comandado por Guadalupe Victoria o Nicolás Bravo, en territorio de lo que hoy conocemos como en estado de Veracruz. La bandera de la Siera, nombre con que los indígenas de Zongolica la bautizaron, inicia el espectro tricolor de nuestro lábaro patrio, vuelto trigarante o de Las Tres Garantías a partir del 24 de febrero de 1821. Desde noviembre de ese año, la bandera nacional aparece acompañada por el águila y el nopal, elementos simbólicos de la tradición indígena. Originaria de Iguala, la primera enseña patria institucionalizada está indisolublemente unida al nombre glorioso de Vicente Guerrero.

Desde 1815 hasta nuestros días, se han sucedido disposiciones legislativas y reglamentarias sobre la bandera, el escudo e himno nacionales. La última de éstas, en vigor desde el 24 de febrero de 1984: 

“La Bandera Nacional consiste en un rectángulo dividido en franjas verticales de medidas idénticas, con los colores en el siguiente orden a partir del asta: verde blanco y rojo. En la franja blanca y al centro tiene el Escudo Nacional, con un diámetro de tres cuartas partes del ancho de dicha franja. La proporción entre anchura y longitud de la bandera es de cuatro a siete. Podrá llevar un lazo o corbata, de los mismos colores, al pie de la moharra.”

Un modelo de la Bandera Nacional, autentificado por los tres poderes de la Unión, permanecerá depositado en el Archivo General de la Nación y otro en el Museo Nacional de Historia.

“Los símbolos no son piezas de museo ni expedientes de archivo; son piezas vivas que han caminado sin envejecer a lado de todas las generaciones." Con las expresiones encendidas de Andrés Henestrosa, podemos afirmar: “En el escudo cabe la historia entera de México; está en la bandera; la contiene el himno. Ninguno de esto tres sagrados símbolos nació de la noche a la mañana. Fueron todos, han sido y lo serán siempre el resultado de nuestro paso por el mundo, de la cotidiana lucha por realizarnos en la medida de nuestros ideales de patria libre, soberana, independiente. Nuestra historia, los símbolos nacionales, son estaciones, son hitos de un largo peregrinar: cada etapa se liga con lo que sucede y en cada una está viva, permanente, vigente nuestra apetencia de redención colectiva. Un solo hilo ensarta las lágrimas, las gotas de sudor y sangre que hemos derramado por encontrarnos, por dar alcance a la patria que queremos ser: solar de dicha, bienestar, en goce pleno de nuestros derechos”.

 

 

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