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Antropología e Historia de México

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Códices y vivencias

II

Por otra parte, es verdad que es posible dedicarse totalmente a investigar individualmente inclusive sólo un aspecto reducido contenido en ciertos documentos pictóricos, sin tener necesidad de contar más que con ellos. También se supone, por desgracia erróneamente, que todas las escrituras de todas las épocas y latitudes idiomas, etnias y civilizaciones, están completamente descifradas. No hay más que asistir a los grandes Congresos Internacionales y escuchar a los más importantes especialistas, para darse cuenta de que todavía queda mucho por hacer; inclusive en los sistemas de escritura más famosos o de mayor prestigio. Es posible que para ciertos corpus "cerrados" de civilizaciones "menores", no existan ya más problemas, aparte de los que pueda resolver aisladamente el especialista, frente a su biblioteca y actualmente para los más jóvenes y modernos, frente a su mínimo maxi-aparato de computación.

Otra actitud de aislamiento podría ser también la de alguien que escoge estudiar ciertos aspectos de la civilización preferida, sin que le interesen los demás y mucho menos el país y la región con las personas vivas, los individuos, los seres humanos que hablan todavía la lengua fijada en las inscripciones o documentos. Para esos investigadores sería como estudiar matemáticas o cierto tipo de anotaciones de esa ciencia exacta, sin querer interesarse, ni ocuparse en lo más mínimo de los inventores de los signos numéricos o cifras; sin preocuparse por ejemplo, de los números arábigos y la civilización árabe. Para el estudio de las escrituras, cualesquiera que fuesen, esto me parece muy difícil o casi imposible; aunque, ni el sistema de escritura ni el idioma se utilicen más en los países de origen, como entre los etruscos y los egipcios. Con mayor razón en Mesoamérica, en donde los actuales descendientes de los que forjaron grandes, antiguas y refinadas civilizaciones (desaparecidas como tales) siguen viviendo inclusive en los mismos lugares que habitaron sus antepasados y aunque no sepan escribir pictóricamente, ni leer los documentos indígenas tradicionales que "pintaron-escribiendo" sus padres y abuelos; en gran número siguen conservando las lenguas ancestrales, que hablan y anotan ahora en letras latinas. Los descendientes, muy numerosos, de aquellos constructores y creadores ocupan las tierras de sus antepasados, cuyos sitios y parajes no han perdido completamente sus antiguos nombres, que se conservan ahora correctos o deformados. Además, en Mesoamérica, sobre todo los descendientes de los aztecas, de su civilización y que todavía hablan la lengua nahuatl, siguieron fabricando sus documentos con el mismo sistema tradicional indígena hasta el siglo XVIII. 

México es tal vez el único país en el mundo civilizado en el que las leyes nacionales reconocieron la validez de los manuscritos indígenas antiguos relacionados con la propiedad colectiva de la tierra y fueron estos los documentos legales en las diferentes épocas de nuestra historia. Los códices de Mesoamérica sirvieron también para fundamentar los documentos legales modernos, que han protegido y asegurado teóricamente los derechos a la propiedad de la tierra, herencia tradicional colectiva de los pueblos indígenas. Porque los manuscritos pictóricos tradicionales mexicanos de nuestros antepasados indígenas no son únicamente historia; aunque hablen de épocas pasadas y se hayan establecido, en su mayoría, entre los siglos XVI y XVIII, son también nuestro presente y gran parte de nuestro futuro. Su contenido se proyecta en la vida real hasta la época actual y repercute en la propia base económica de nuestra existencia contemporánea. No creo que existan otros países en donde los representantes tradicionales y oficiales de los pueblos indígenas se presenten en 1991 ante las instituciones oficiales que conservan la historia nacional y regional, archivos como el AGN (Archivo General de la Nación de México), para pedir como un derecho reconocido, la copia legalizada de sus documentos históricos (además en un sistema de escritura derivado de las tradiciones de las civilizaciones vencidas) para dar fe y servir ante los juzgados actuales, como parte básica del reconocimiento oficial de la validez ancestral y actual de sus derechos a la propiedad colectiva de la tierra, de su barrio, pueblo o región. No es siquiera necesario que estos documentos se encuentren en el país o en las instituciones oficiales mexicanas. Aunque los azares del destino los hayan conducido fuera de México y se hayan transformado en joyas de colecciones privadas o de fondos importantes de algunas instituciones en México o en el extranjero, los códices de tierras siguen conservando su fundamento y valor legal ante los tribunales de hoy. Este hecho, como decíamos antes, es tal vez único y su realización es muy posible que sólo suceda en México. Por esto, estudiar manuscritos indígenas tradicionales mesoamericanos fría y aisladamente, sin hacer ningún esfuerzo por conocer el país y los descendientes vivos y actuales de los pueblos que establecieron los documentos pictóricos, me parece imposible, al menos p

 

 

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