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Antropología e Historia de México

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Códices y vivencias

IV

Como saben los que se dedican al estudio del México antiguo, siempre se le ha dado la palabra al conquistador español, al vencedor europeo y no al indígena conquistado, vencido. Los hechos históricos, desde el "encuentro entre dos mundos" (1492) hasta la época colonial (1520-1810) de la Nueva España, ahora México, se han conocido, casi exclusivamente leyendo las crónicas, los escritos de los europeos, que en español y en caracteres latinos han relatado los eventos vividos por ellos y por los indígenas. Ellos han escrito la historia no sólo de su grupo, sino, sobre todo, de los autóctonos sojuzgados por ellos y esto, desde su particular punto de vista. Las voces de los indígenas no se han escuchado, aunque quedaron grabadas y plasmadas en los dibujos, en las pictografías de los manuscritos indígenas tradicionales. Y estos no se han leído, sino interpretado muy subjetivamente, como si fueran "imágenes", "ilustraciones" de la iconografía europea, separadas de las "letras". Una de las primeras bases para sostener el punto de vista de los conquistadores fue la de negar que los manuscritos tradicionales fueran escritos y sus dibujos, textos formados de elementos que trasmiten sonidos. Una de las mayores negaciones emitidas contra las grandes civilizaciones mesoamericanas fue la existencia de escritura. Pensando como en Europa, las "pinturas, imágenes", sin "letras", no podían ser textos que pudieran fijar las lenguas nativas. Y partiendo de allí con esta negación absoluta, se impidió que se realizaran la lectura y la comunicación de los relatos indígenas en el idioma original, transcritos en pictografías. 

Se empezó a decir desde el siglo XVI, que los mesoamericanos no tenían historia, porque no tenían escritura "para fijar hechos y cronología en sus propias lenguas". Se decidió que la única "versión real y verdadera de la historia" era aquella, en español, transcrita en caracteres latinos, pues estaba apoyada por la "única escritura". Los libros de "imágenes" quedaron considerados como "ilustraciones", representaciones únicamente, al mismo nivel que los dibujos europeos. Y así se justificaba también la interpretación libre y subjetiva de los investigadores. Como su soporte de base no era escritura, no se buscó descifrarlo. Y cada "curioso", cada investigador, no fue tomando de los códices sino aquellos que particularmente le interesaba, ignorando los demás elementos, de acuerdo con su preferencia personal, casi siempre temática y principalmente alrededor de la religión prehispánica. Sin embargo, en esos documentos pictóricos o pictográficos, lienzos, libros paneles que son los Códices, quedaron fijos los variados temas de las civilizaciones indígenas antiguas y lo que sobrevivió de ellas en la Colonia. En sus propias lenguas, gracias a un sistema ancestral del empleo total de la imagen, codificada con relación directa con esas mismas lenguas. Historia, economía, geografía, religión, etc. todas las ramas del saber de entonces se transcribieron en "textos-imágenes", que no se leyeron, sino que se interpretaron y, siguiendo parámetros europeos, se juzgaron como "ilustraciones" de un texto que no existía, porque no tenía letras. Entonces, los textos indígenas no podían ser sino orales y conservados únicamente por memorización. Por ello, los signos de los Códices se dijo eran "apoyo nemotécnico" exclusivamente.

 

 

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