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Antropología e Historia de México

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El movimiento muralista mexicano

Vasconcelos: inician los frutos


La Creación, 1922
Foto: Diego Rivera


El paso de la Revolución por el territorio mexicano dejó una estela de muerte y de dolor. Uno a uno habían caído los líderes del movimiento armado, hasta llegar a Venustiano Carranza, muerto en Tlaxcalaltongo, cuando se dirigía a Veracruz. Con su muerte llegó una paz relativa que permitió al menos, elegir a un nuevo presidente en forma legal. El cargo fue entregado a Álvaro Obregón en 1920, con la aprobación de la mayor parte del pueblo.

Uno de los más grandes aciertos de Obregón fue el de haber designado a José Vasconcelos como presidente de la Universidad de México y secretario de Educación.

Vasconcelos tenía muchos proyectos para el desarrollo de la educación y la cultura de México. Era un filósofo y político de ideales firmes, basados en la educación. Desde que tomó posesión de su cargo en la Secretaría de Educación se dedicó a impulsar la difusión del arte entre los sectores populares del país.

 


La vida de Bolívar, 1930
(proyecto de mural)
Foto: Fernando Leal


Entre otras acciones, se encargó de mejorar la situación de la Biblioteca Nacional, editó una serie de clásicos de la literatura universal, con un formato sencillo y que se vendieron a muy bajo costo, lo cual fue muy criticado pues le preguntaban en forma de burla que quién iba a comprar aquellos ejemplares.

La idea de Vasconcelos era hacer llegar la cultura a todos los rincones y también a través de ella, fortalecer el espíritu mexicano, abatido por la sangrienta lucha que acababa de vivir. Para él, la cultura debía despojarse del elitismo que la disfrazaba e influir en el desarrollo de México. Fue por ello que aquel sueño del muralismo cobró gran significado para él. 

En 1921, su primer año como ministro de Educación llamó a Fernando Leal, Diego Rivera y Roberto Montenegro, entre otros. "Si bien Vasconcelos no compartía muchas de las opiniones del sindicato de pintores acerca del arte colectivo, sí creía apasionadamente que a los mexicanos sólo podía ganárselos tocándoles la sensibilidad estética".

Con obras de Fernando Leal y Diego Rivera, el muralismo apareció por primera vez en la Escuela Nacional Preparatoria. Fernando Leal en su libro "El arte y los monstruos", nos cuenta cómo "Vasconcelos, en busca de gente nueva, me hizo ir a su despacho y me dijo: ´Quiero que usted también se encargue de decorar la Preparatoria. Pinte usted lo que guste y con los procedimientos que quiera lo dejo en entera libertad de criterio´."

 


Tata Jesucristo, 1926-27
Foto: Francisco Goitia

A pesar del fuerte impulso que dio al muralismo, Vasconcelos no se sumergió en la producción. Es decir, dejó que los artistas eligieran libremente el tema que querían tratar. Lo mismo sucedió con los estilos. En las paredes de los edificios públicos los pintores fueron conociéndose a sí mismos, delimitaron las características de su arte en la marcha, las características del nuevo arte mexicano.

Conscientes de su libertad, los pintores se dividieron en sus fines. Unos llenaron sus obras de un contenido ideológico socialista, otros se inclinaron por la historia y las tradiciones mexicanas. Entre éstos últimos se encuentran Roberto Montenegro, Carlos Mérida y Fernando Leal, cuya obra La fiesta del Señor de Chalma define un estilo conocido como "charrismo pictórico". Leal acusó a Rivera de haberse adueñado de todos los muros de los edificios públicos y de no dar espacio a otros pintores cuyo talento fue opacado y desperdiciado. 

Otro pintor de gran importancia fue Francisco Goitia, autor de Tata Jesucristo. Goitia es un caso particular: se alejó de la ciudad, de los muros de los edificios públicos y se fue a vivir a una población oaxaqueña, que se convirtió en su fuente de inspiración. Nunca se identificó con el mundo artístico de la capital, y permaneció en Oaxaca toda su vida.

 

 

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